‘A dos metros bajo tierra’: Temporada 1

La primera temporada de ‘A dos metros bajo tierra’ se filmó íntegra antes de que el público pudiera ver un solo episodio. Era tal la confianza de la HBO en el proyecto, que hasta se montó una gran fiesta de presentación en Hollywood, y todos, actores, guionistas, responsables, productores, tenían la (lógica) sensación de que había hecho algo muy importante en televisión. De tal forma, esta serie ya nació con un halo de prestigio y de mítica sólo comparable a otras como ‘Los Soprano’. Sus trece episodios iniciales se emitieron durante el verano de 2001 en EEUU (a España llegaron bastante más tarde) y la crítica enseguida se rindió a la evidencia: la serie era excelente, original y emocionante. La HBO confirmaba su audacia y su valentía a la hora de producir títulos que diesen un empujón estético a la televisión, y Alan Ball veía cómo su idea sobre una familia de funerarios y su estilo a la hora de narrar y de criticar la cultura y la sociedad estadounidense conseguía un aprecio por parte del público.

A grandes rasgos, el viaje principal de esta primera temporada es doble: el de Nate regresando al hogar y haciéndose cargo del negocio familiar, mientras se enamora de Brenda; y el de David afrontando su propia homosexualidad que tanta culpa le hace sentir y aceptándose a sí mismo, mientras pierde a Keith y luego se esfuerza en recuperarle. También el viaje de Ruth, que pierde a su marido en los primeros compases de la serie y que no se decidirá entre dos amantes. Mientras, Claire, es de momento una adolescente que pasará por varios ciclos depresivos y luminosos que no terminarán de satisfacerla.

La temporada inicial se caracteriza, en lo tonal, por una mezcla admirable entre el humor negro, y el drama íntimo más lacerante. Dirán muchos que es algo que caracteriza a todas las temporadas, y no creo que sea cierto. Sucesivamente, el humor negro irá desapareciendo, y de drama pasaremos a verdadera tragedia. De momento, para ir abriendo boca, para ir abriendo también puertas que se irán cerrando (o no, quizá abriendo otras puertas) en el futuro, Ball se preocupa de dibujar a la perfección a sus personajes y de proponer un viaje que se extendería por varias temporadas (en un principio firmaron tres con la cadena). Estableció un tono visual, ya comentado, y se esforzó una calidad que no desmereciera la serie estrella de la HBO, la proverbial ‘Los Soprano’. Llama también la atención la preponderancia de Alan Caso como operador, después de unos primeros episodios en los que tenemos a otros profesionales al mando de esa disciplina.

En la lista de episodios he marcado con un asterisco los que luego comentaré separadamente, analizándolos con mayor profundidad. Es sintomático que dos de ellos estén dirigidos por el mismo realizador, el célebre Rodrigo García, que luego sería el creador de la cuarta obra maestra de HBO, la a menudo poco comentada ‘En terapia’. Del resto de episodios ofrezco un resumen somero y un comentario a continuación:

Episodio 1: ‘Piloto’ (‘Pilot’) *

Escrito y dirigido por Alan Ball/Fotografía de Bruce Dallas Johnson

Este primer episodio narra la difícil Nochebuena de la familia Fisher, cuando a los primeros minutos el padre, Nathaniel, sufre un accidente mortal mientras conduce, por un despiste, al encenderse un cigarrillo. Nate Jr. vuelve a casa para celebrar las fiestas, y en el avión conoce a Brenda Chenowith, que no dudará en ofrecerse para un polvo en pleno aeropuerto. Los miembros de la familia se irán enterando de la pérdida terrible que han sufrido, y cada uno tendrá una experiencia más extrema que el anterior. David será el más comedido pero, de alguna manera, el que más sufre por dentro. El funeral será dramático, con Nate despreciando todo lo que significa el negocio funerario y con David luchando por hacerle comprender que todo eso tiene una razón de ser. En el final, Nate saldrá a correr después de prometer a su madre que se quedará unos días (serán cinco años…), y se despedirá de su padre a su manera.

Magistral episodio desde el principio hasta el final. Cuenta Ball que el guión que entregó a la cadena no les pareció lo suficientemente raro y extremo, y tuvo que hacerlo todavía más raro y extremo. Lo cierto es que tanto guión como puesta en escena, así como dirección de actores, resultan insuperables. Su técnica no se parece absolutamente en nada a un producto televisivo ni siquiera de mediados de los noventa, aún los más prestigiosos. Es cine, tal cual. Y, como piloto, ofrece algunas particularidades que no comparte con ningún otro episodio, como esos interludios tan irónicos sobre productos para conseguir que los muertos parezcan más vivos. También que es el único episodio de todos en el que no incluyen el célebre cartel con el obituario del fallecido. Pero más allá de rasgos superficiales, ‘Piloto’ es sensacional por la convicción y brillantez con las que está filmada, por la cercanía y universalidad de todos sus personajes, por el ingenio superlativo de prácticamente todas sus secuencias y todas sus soluciones visuales. Es virtualmente imposible ver el primer episodio y no quedarse con ganas de más. Sus numerosas cargas de profundidad, ideas con doble o triple sentido, su cinismo salvaje, no son incompatibles con el profundo estremecimiento de sus últimas imágenes (la despedida en el autobús, el anuncio que han elegido para decorar ese mismo autobús…) ni con la sensación de que va a merecer la pena seguir la serie.

Episodio 2: ‘El testamento’ (‘The Will’)

Dirigido por Miguel Arteta/Escrito por Christian Williams/Fotografía de Bruce Dallas Johnson

En este episodio, Nate se entera por la lectura de la herencia de que es receptor de la mitad del negocio junto con su hermano (mientras que Claire “sólo” recibe un fideicomiso que garantiza sus estudios y, por supuesto, le parece fatal), mientras que Ruth decide seguir adelante con su vida y procura una relación más estable con Hiram, su peluquero, precisamente el amante que mantuvo en secreto tanto tiempo mientras Nathaniel aún vivía. Comienza aquí el conflicto que representa la visión opuesta del negocio funerario entre David y Nate.

Después de un episodio tan brillante como el primero, lo único que se puede añadir al segundo es continuar un poco con las premisas que ya estaban establecidas, y este episodio las sigue con solidez. Al mismo tiempo, abunda en descripciones visuales de los sentimientos internos de los personajes, y en flash-backs. También hay algunas importantes revelaciones, como el extraño tatuaje de Brenda, y aunque la muerte de un estafador que vivía con un lujo que no podía permitirse, y que deja viuda a una mujer que no podía imaginarse nada, todavía no está plenamente integrada en el drama principal (como sí lo estarán futuras muertes), el emocionante final, con David y Nate montando, en compañía de Brenda, en el bus que mató a su padre, es un magnífico cierre al episodio.

Episodio 3: ‘El pie’ (‘The Foot’)

Dirigido por John Patterson/Escrito por Bruce Eric Kaplan/Fotografía de Bruce Dallas Johnson

Tal como adelanta el título, en este episodio la “misteriosa” desaparición de un pie va a ser el eje central de una trama delirante y bastante negra. Con Nate deseando vender el negocio (también con la dura competencia de la multinacional funeraria que quiere arruinarles) y aún planteándose volver a Seattle (hasta le pregunta a Brenda si le acompañaría) y con Claire cometiendo una grandísima estupidez que podría haber terminado con el negocio. Todo termina con un nuevo misterio: el incendio que reduce a cenizas la casa de enfrente a los Fisher, que precisamente había comprado Khroener para hundir a los Fisher.

Al contrario que en el anterior capítulo, en este la muerte de un hombre despedazado en una máquina de hacer pan, si bien no está tampoco integrada con la trama de una forma emocional, al menos sí lo está con la trama y permite todo el disparatado follón del robo de un pedazo de ese cuerpo, un pie, por parte de Claire, que quiere vengarse de una indiscreción de Gabriel Dimas. Por supuesto todo esto es la excusa para una buena dosis de humor negro que culmina con la imagen del perro encontrando el pie en un descampado, algo con tantas resonancias a David Lynch.

Episodio 4: ‘Familia’

Dirigido por Lisa Cholodenko/Escrito por Laurence Andries/Fotografía de Frederick Iannone

Titulado también Familia en el original, pues la muerte del episodio le acontece a un latino de las bandas de Los Angeles, este episodio contiene la primera de las que serán muchas cenas surrealistas en el hogar de los Fisher. En este caso, porque Ruth pilla a Nate y a Brenda en una situación bastante comprometida, lo que de alguna forma marcará para siempre la relación entre la madre y la pareja de Nate. Y en general se sigue con el tono de humor negro y con buenas dosis de autoflagelación por parte de David, que escucha al pandillero muerto recriminándole no ser tan valiente o tan macho como él.

Este es un buen episodio que de alguna forma inventa las “cenas Fisher”, de las que hay como una docena, y todas ellas antológicas, pues las situaciones son de lo más tensas, divertidas e impredecibles. También se esfuerzan bastante, los creadores, en ir integrando más y más la situación anímica de los protagonistas con el reflejo que ven de sí mismos en las personas muertas que han de embalsamar y preparar para el velatorio, y hasta funerarios reales empezaron a alabar la serie por ser capaz de contar la vida diaria en un trabajo tan absorbente e intenso como este.

Episodio 5: ‘El libro abierto’ (‘An Open Book’)

Dirigido por Kathy Bates/Escrito por Alan Ball/Fotografía de Alan Caso

La muerte de una antigua estrella del porno es el comienzo de un episodio en el que las relaciones David-Keith, Ruth-Claire y Nate-Brenda, van a marcar bastante la trama. Se cuenta el vínculo profundo de David con la iglesia y su intención de ser diácono, Ruth obliga a Claire a visitar a una amiga que mantiene una aparentemente feliz, aunque bastante enfermiza finalmente, relación con su hija, y Nate averigua que los padres de Brenda son unos monstruos bastante siniestros y deprimentes.

Es el primer episodio dirigido por Kathy Bates, que en el futuro tendría en la serie un papel bastante importante,  y que en labores de dirección sigue muy bien las pautas establecidas por Alan Ball. Se continúa con un humor negro feroz, sobre todo en la delirante secuencia en la que Ruth y Claire van a pasar la noche con una amiga de Ruth y su hija y acaban huyendo al amanecer y sin despedirse.

Episodio 6: ‘La habitación’ (‘The Room’) *

Dirigido por Rodrigo García/Escrito por Christian Taylor/Fotografía de Alan Caso

Por una de esas casualidades que se dan en la vida, Nate descubre que su padre había preparado funerales a cambio de algunos favores y no de dinero, para alguna gente que no disponía de lo suficiente para poder costeárselos, como bolsas periódicas de marihuana o una habitación para un uso personal en la que Nate pasará una tarde bastante existencialista. La muerte de una anciana propicia que su pelmazo marido moleste bastante a los Fisher, pero también hace reflexionar un poco sobre lo difícil que es amar a alguien durante cincuenta años.

Maravilloso episodio, sin duda el más brillante desde el piloto y una joya de guión que posee numerosos detalles de puro ingenio, y algunos diálogos extraordinarios y emocionantes. Todo lo relativo a la habitación secreta del padre muerto es una excusa para que Nate reflexione sobre quién era realmente su padre, lo que le hace reflexionar sobre quién es realmente él mismo. Impagable cuando ambos charlan juntos en la imaginación de él y termina preguntándole sobre el sentido de la vida. Analizaremos este episodio en profundidad.

Episodio 7: ‘Hermandad’ (‘Brotherhood’)

Dirigido por Jim McBride/Escrito por Christian Williams/Fotografía de Alan Caso

La muerte de un chaval por el Síndrome de la Guerra del Golfo y una crisis aguda de Billy, marcan un episodio que, en comparación con el anterior, es hasta trivial, pero en ningún modo desdeñable. Se continúa dramáticamente con las vías abiertas, como la relación bastante difícil entre Nate y Brenda, la incapacidad de David para conjugar su vida religiosa y su vida personal y la incapacidad de Ruth para decidirse entre Hiram o Nikolai.

Episodio 8: ‘La encrucijada’ (‘Crossroads’)

Dirigido por Allen Coulter/Escrito por Laurence Andries/Fotografía de Alan Caso

La absurda muerte de una señora de mediana edad en una fiesta con sus amigas permite a Rico demostrar sus habilidades, aunque fuera de la casa de los Fisher, pues Khroener le contrata de forma externa para tentarle de trabajar exclusivamente con ellos. Los Fisher, por su parte, sufren una sequía de clientes y lo suplen alquilando la sala de velatorios para bailes de salón de ancianos, lo que permite a David conocer a un nuevo amante bastante más joven que él. Nate, que está estudiando para director de funeraria, conoce a uno de los salvajes amigos de Brenda y comienza con sus paranoias de celos infantiles. Claire, por su parte, vive una aventura bastante gris en las montañas.

Muy intenso episodio, con Nate drogándose hasta perder el sentido de la realidad y la creación de una atmósfera muy enrarecida para una secuencia magnífica, y con una perfecta mezcla entre las historias de los diversos protagonistas, todos ellas separadas espacial y temáticamente. Los guionistas dando un verdadero recital de cómo construir situaciones paralelas, y con todas encontrando su espacio.

Episodio 9: ‘La vida es demasiado corta’ (‘Life’s Too Short’)

Dirigido por Jeremy Podeswa/Escrito por Christian Taylor/Fotografía de Alan Caso

La trágica muerte del hermano pequeño de Gabriel Dimas, la pareja actual de Claire, marca el tono del episodio, pero también la creciente actividad nocturna de David y la decisión de Brenda de acompañar a Nate a visitar funerarias para observar en qué condiciones trabajan. La decisión de David de guardar pastillas de éxtasis en el bote de las aspirinas provoca una delirante secuencia de Ruth en el bosque.

Magnífico episodio, mucho más estimulante y mucho más negro que los anteriores. Impagable ver a Brenda simular que está terminal para ir a preguntar por los servicios de otras funerarias, así como la onírica y surrealista secuencia de Ruth con el oso en el bosque, sin saber que ha tomado éxtasis. Pero la terrible, desoladora muerte del hermano de Gabriel Dimas es una buena ración de dolor y triste realidad para el episodio, así como establece la tendencia de Claire de liarse con muchachos con graves problemas vitales y emocionales.

Episodio 10: ‘La nueva’ (‘The New Person’)

Dirigido por Kathy Bates/Escrito por Bruce Eric Kaplan/Fotografía de Alan Caso

Una de las muertes más salvajes y divertidas de la historia de la serie abre este episodio, la de un hombre que muere por un golpe de sartén de su mujer, que está cansada de escuchar sus estupideces día tras día. Rico deja eventualmente la empresa y se ven obligados a contratar a otra profesional de reconstrucción de cadáveres, que resulta bastante estrafalaria. Una exposición de fotos de Billy es la primera incursión de la serie en el pijo mundo del pseudoarte californiano y ya muestra bastante de la locura y el dolor del hermano de Brenda.

Episodio de transición, sin duda, que abre vías futuras, como la necesidad de internar a Billy, lo que incurrirá en una creciente autodestrucción por parte de Brenda. Pero, en general, un episodio muy comedido y bastante tranquilo, en clara oposición al anterior, tan vibrante y doloroso.

Episodio 11: ‘El viaje’ (‘The Trip’)

Dirigido por Michael Engler/Escrito por Rick Cleveland/Fotografía de Alan Caso

El funeral es en esta ocasión el de un recién nacido que fallece por muerte súbita, lo que afectará mucho a Rico, que acaba de ser padre de un nuevo niño. Pero es un episodio bastante diferente porque David, Nate y Brenda se van a Las Vegas (acechados secretamente por un Billy cada vez más psicótico), para asistir a una conferencia sobre funerarias. La decisión de David de tener sexo en plena calle con un atractivo chapero le traerá graves consecuencias varios años más tarde (como ya veremos).

En la línea de esta primera temporada, mucho humor negro (como en la visión de Ruth, que ya sospecha con fundamento que su hijo David es gay, que se imagina a David siendo azotado en un ambiente de puro sadomasoquismo) y bastante dolor, sobre todo en lo referente a Billy, cuya enfermedad es un verdadero problema para la relación de Nate y Brenda. Un episodio inquietante y divertido a un tiempo.

Episodio 12: ‘Vida privada’ (‘A Private Life’) *

Dirigido por Rodrigo García/Escrito por Kate Robin/Fotografía de Alan Caso

La muerte a palos de un chaval homosexual por una panda de fundamentalistas religiosos marca este episodio y el último de la temporada, sobre todo en lo referente a la crisis vital de David, quien por fin se va a enfrentar a su entorno familiar y laboral desde su condición gay. Brenda decide cortar toda relación con Billy y Keith observa a David con otros ojos.

Excelente episodio, que consigue fundir como nunca antes en la serie una muerte inicial, y la preparación de ese funeral, con la vida privada de los protagonistas, en este caso un David interpretado magistralmente por Michael C. Hall. También son estremecedoras las dos secuencias de Brenda con Billy, primero echándole de su vida y luego aterrorizada por él, en un ataque psicótico que casi les cuesta la vida a ambos. De alguna forma, la serie va cerrando temporada de un modo convencional, con algunas puertas que se van cerrando y otras que se van a abrir para la siguiente temporada. Sencillamente impresionante y conmovedor.

Episodio 13: ‘¿Quién llama?’ (‘Knock, Knock’)

Escrito y dirigido por Alan Ball/Fotografía de Alan Caso

Cierre de la primera temporada, con un funeral caótico por culpa de la sobrina de la fallecida, la insoportable Tracy, y un accidente de Brenda y Nate con el coche que revela que este último padece una rara condición vascular en el cerebro que puede terminar con su vida en cualquier momento. Despedida temporal con un episodio que es un compendio de todos los temas, líneas narrativas, dramas personales, establecidos durante los doce capítulos previos.

Al igual que el piloto, está escrito y dirigido por Alan Ball, el creador de la serie, y se trata de un capítulo que mantiene la elevada calidad media de esta primera temporada y que, al saberse ya que por lo menos habría dos temporadas más, prepara muy bien el terreno para lo que va a venir.

La primera temporada de ‘A dos metros bajo tierra’ es sin lugar a dudas de notable alto. Pienso que la serie ganaría mucho en concisión, en equilibrio, con la siguiente temporada, y se haría mucho más audaz en la tercera. Hasta aquí sorprendió por la originalidad de una propuesta a priori tan poco comercial, y por la sinceridad de su punto de vista y su narrativa, así como la perfección técnica de actores y puesta en escena. Pero Ball y su equipo aún tendrían que superarse.

This entry was published on 13 noviembre, 2011 at 12:04. It’s filed under Ensayos, Televisión and tagged . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.