Vampiros Emocionales: Guía de Supervivencia

“Los vampiros existen”

-Abraham Van Helsing (Anthony Hopkins en ‘Bram Stoker’s Dracula’, de Francis Ford Coppola, 1992)

Pues sí, tal como afirmara el borrachuzo y genial Van Helsing de Hopkins, los vampiros existen. Son poderosos y, lo que es más importante, muy peligrosos. Pero, y esto resulta algo consolador, son bastante diferentes de los vampiros habituales de novelas y películas, pues no se trata de vampiros que se alimenten de sangre y sean destruidos por la luz del sol (aunque, en verdad, se alimentan de la energía de sus presas y pueden ser anulados por la luz, pero del conocimiento y el amor a uno mismo), y por suerte (gracias a los dioses) no son inmortales. Hasta que los vampiros que gobiernan el mundo y hacen del ser humano un cordero salgan del armario, tendremos que conformarnos con otro más mundano: el Vampiro Emocional.

Los Vampiros Emocionales son un fenómeno cuya existencia no es ni mucho menos reciente (aunque es imposible saberlo con certeza, probablemente su existencia se remonta a los inicios del ser humano como animal social), pero sí que es una figura que se está estudiando más y más cada día y que a mí me interesa muchísimo, por lo que me he decidido a elaborar un manualito de supervivencia al estilo de ese imprescindible ‘Zombi – Guía de Supervivencia’ escrito por Mark Brooks, y que para algunos, y me incluyo en el grupo, es un libro de cabecera. Este es bastante más modesto, dentro de lo que cabe, pero espero que igualmente útil que aquel, o puede que más. Porque el combate diario con una horda de zombis no es algo que nos suceda a cada uno de nosotros en nuestro día a día, al menos de momento, pero el enfrentamiento directo con Vampiros Emocionales (en adelante, VE, para abreviar) sí que muchos lo sufrimos día sí y día también, lo queramos o no, y por mucho que tratemos de evitarlo. Muchos ni siquiera saben que conocen a VE, o que conviven con ellos en sus casas, y ya va siendo hora de que despierten y se enfrenten a la pavorosa verdad. Su amigo, su ser querido, o simplemente su compañero de trabajo, es un VE, y resulta imperativo que se haga a la idea de este hecho y que haga algo al respecto…si es que aún puede.

Rasgos del VE

Muchos de los que estén leyendo esto estarán pensando, probablemente, algo parecido a lo siguiente: “a Massanet, que ya estaba piradillo, se le ha ido definitivamente la olla”. Y no les culpo ni me parece mal. Pero, tristemente, estoy hablando completamente en serio, porque yo lo he sufrido, bastantes veces en mi vida, y estoy dispuesto a intentar, a ayudar en la medida de mis posibilidades, para que los que lean esto, que no me cabe duda que va a ser bastante leído, lo tomen todo lo en serio que puedan y se den cuenta de que quizá puedan estar siendo víctimas de un VE poderoso que les tenga amargada la existencia, sin darse nunca cuenta (porque ahí está el truco de estos individuos/as) de ello. Esto va muy en serio, y no me voy a cansar de repetirlo.

El vampirismo, en un sentido global, es algo inherente a la sociedad y a la naturaleza humana, y no es necesariamente malo. Es decir, lo hacemos todos, y lo hacemos todos los días. Existe en la amistad, en la que un amigo espera del otro una presencia constante, en el trabajo, en el que el jefe de turno te exige mucho más (en tiempo y en esfuerzo) de lo que luego te alcanza tu nómina, en la relación paterno-filial (en la que la madre o el padre espera que el hijo esté bien…para no preocuparse o sufrir ellos), en las relaciones amorosas (en las que, estoy convencido de ello, no existen víctimas ni verdugos, sino que ambos son víctimas y verdugos al mismo tiempo, y ambos llevan a cabo un vampirismo consentido). Quiero decir con esto que todos somos un poco vampiros. Y seguramente lo somos porque la vida es muy jodida, porque nos sentimos solos y frágiles, y porque reside una sensualidad innegable en un cierto vampirismo cotidiano. Si fuéramos personas más maduras, libres y de mente más grande, probablemente cualquier tipo de vampirismo, aún el menos nocivo, quedaría erradicado del mundo, pero no creo que eso vaya a suceder en un corto periodo de tiempo (si es que llega a ocurrir), y no es el vampirismo al que me refiero. Lo de los VE es esto elevado a un comportamiento enfermizo que, para colmo, parece de lo más normal.

¿Nunca se ha sentido el lector, cuando está en presencia de ciertas personas, como que está disminuido, en peligro, pero no puede alejarse de esas personas? ¿Nunca ha experimentado la desazón de sospechar que, cuanto más conceda y consienta a esa persona, aparentemente dulce y hasta entrañable, más va a tomar el control de su vida y menos capacidad de reacción y fuerza de voluntad va a disponer en cuanto a sus caprichos? Seguro que sí. Probablemente esté en presencia de un VE (también llamados Vampiros Energéticos, expresión a la que también le cuadra la abreviatura VE…) y ni siquiera lo sabe. Y aunque lo sepa…da igual. Vamos a dejar por escrito algunos rasgos esenciales de estas personitas que son VE:

1. No son enfermos mentales

Aunque es muy probable que muchos de ellos padezcan de alguna enfermedad mental, esto no les define. La enfermedad no es sinónimo de maldad, como tanta gente parece dispuesta a creer aún en pleno siglo XXI, ni tan siquiera de peligro. El rasgo fundamental de un VE no es su mente, que muchas veces es tremendamente afilada, sino sus emociones, increíblemente distorsionadas y fundamentalistas. Un VE es un individuo tremendamente quebradizo en su interior y tremendamente dañino paa el exterior, aunque muchas veces parezca justo lo contrario.

2. Son unos acomplejados irredentos

Este es su principal problema: un enorme complejo de personalidad, de inferioridad manifiesta. Al igual que los vampiros de las novelas son tremendamente poderosos, pero sufren de importantes desventajas (la luz del sol, la necesidad de sangre), los VE tienen su propio “Talón de Aquiles”, y es su sentimiento patológico de extrema necesidad hacia el exterior, hacia los otros, pues son incapaces de estar bien consigo mismos. No se sienten bien solos, y necesitan de la energía de los demás, un flujo constante sin el que se sienten muertos y vacíos. Esta necesidad monstruosa de afecto y de energía les lleva a cometer actos increíblemente destructivos, siempre justificados por sus propios sentimientos, que anulan los de todos los demás. De hecho, si se le pregunta a un VE (y los VE no suelen saber, casi nunca, que son VE) ellos son los más sensibles, y los que están a su alrededor, mayormente, o no sienten tanto como ellos o carecen completamente de sentimientos.

3. No sienten culpa, sino placer

Cuando un VE ataca, cuando destroza todo lo que hay alrededor, tal como acabo de decir a causa de su aparente sufrimiento interior, no sienten la menor culpa. Es más, en sus venganzas, sus ataques o sus actos destructivos sienten un placer malsano. Esto es muy importante para distinguir a un VE. Aún despreciando e hiriendo a aquellos que les quisieron y que luego, agotados, les abandonaron, o a aquellos a los que les robaban la energía, siempre creen actuar de modo justo y no cuestionan sus propias decisiones, que para ellos son inapelables. Yo, que siento culpa hasta de tomarme el café por las mañanas, jamás podría ser un VE, y esto, como luego veremos, es un factor muy importante para saber si uno lo es o no.

4. Aparentan total normalidad

Un VE jamás podría ser una persona conflictiva, o de apariencia oscura. Al revés. Los VE suelen ser personas cercanas. Les va la vida en ello, pues si quieren absorber la energía de los demás, es imperativo que, al menos en un principio, o en las relaciones superficiales, su apariencia sea muchas veces de dulzura, de normalidad absoluta, de tal modo que puedan acceder a las vidas y las emociones más profundas de sus presas. Luego ya se transformarán, y en la intimidad o cuando controlen a su víctima, a ésta le será muy difícil liberarse de su “abrazo”. Al igual que en las novelas, los vampiros primero parecen bellos y románticos, y luego terroríficos y dominadores. Ese es su modo de actuar.

5. No viven en el mundo real

Esto es un tema complejo. Muchos, como yo mismo, poseemos un mundo interior, plenamente imaginativo, que confrontamos con el mundo real. Pero tener mundo interior no significa ser un VE, pues sólo tienen mundo interior los que no están cómodos con un mundo real muchas veces injusto y cruel. Pero ellos no ven el mundo real tal cual, sino que lo pliegan a sus necesidades y caprichos. Un caprichoso e infantil VE es siempre la víctima para sí mismo, y nunca el verdugo, y jamás aceptará que pueda equivocarse o que sean ellos la causa del problema, de sus problemas. Es el mundo el que les obliga a hacer lo que hacen.

6. Se hacen con sus vasallos

Esto es importante. Al igual que en los relatos de vampirismo, en el que los chupasangre se hacen con su ganado, mordiéndoles o dominándoles con sus poderes, un VE hace exactamente lo mismo con los débiles mentales, que por desgracia son muchos. Los ladrones existirán mientras existan personas que no cierren bien la puerta de su casa, y los VE tampoco verán mermada su capacidad de actuación mientras existan personas incapaces de cuestionarles. Como en una pesadilla, el VE será capaz de volver a la gente contra tí, valiéndose de todas las armas a su alcance, provocando pena y compasión en gente de buena voluntad, o en todos aquellos dispuestos a creer lo que le digan. Pocos se resisten a esta conversión en vasallo, aunque en realidad bastaría con un poquito de inteligencia y de integridad, conceptos en desuso hoy en día.

Ante todo esto, es muy probable, sucede con bastante frecuencia, que un lector desprevenido piense: “joder, ¡yo mismo puedo ser un VE!”. Puede pensarlo porque ha cometido equivocaciones (todos las cometemos), porque ha hecho daño a otra gente (ídem), porque también se siente solo, y frágil y quizá no vive en el mundo real. O lo que sea. Pero, y aquí radica la diferencia, un VE jamás pensará que es un VE, porque, como ya he señalado, ellos no sienten culpa absolutamente por nada. De modo que alguien que lea esto y sienta culpa por algunos de sus actos pasados, o por ideas o sentimientos recurrentes, seguramente NO serán VE. Así que pueden estar tranquilos. Imperfectos y hasta trágicos podemos serlo; controladores, dominadores, dañinos y destructivos, no. Y mucho menos sentir placer ante el dolor y la destrucción de aquellos que no se doblegaron a nuestros caprichos.

Niveles de Vampiro Emocional

Ya hemos definido a los VE como caprichosos, infantiles, para los que sus sentimientos no es que sea lo prioritario (como debería ser, en ese egoísmo sano que está demostrado es imprescindible para sobrevivir), sino que es lo único válido, y capaces de volver a la gente contra aquellos que no pudieron o supieron dominar. Pero, aunque estos rasgos son comunes a los tres tipos de VE, hay diferencias entre ellos. Se pueden destacar, “a grosso modo”, tres niveles:

VE de bajo nivel: no son excesivamente dañinos, pero es mejor tenerles lejos. Son como un nubarrón negro casi cada día, pero también oportunistas y muy inmaduros. Su alcance es limitado porque son poco inteligentes y tienen poca imaginación para infligir daño.

VE de medio nivel: bastante más inteligentes que los anteriores, y mucho más fluctuantes. No dominan completamente su apariencia exterior y aún son relativamente fáciles de descubrir, pero una vez les permites entrar en tu vida son capaces de una destrucción bastante importante. Huir de ellos como de la peste.

VE de alto nivel: atractivos, muy inteligentes, increíblemente acomplejados, sumamente caprichosos, capaces de provocar una gran pena y consideración en los demás, trabajan a muy largo plazo y poseen muchas armas de seducción, adhesión y empatía. Si les dejas pueden destruir tu vida y, después, hacerte sentir culpable. Sus víctimas quedan hechas un monigote sin voluntad y, una vez han terminado con ellas, aún son lo suficientemente habilidosas para aparentar ser la víctima y no el verdugo. No es que haya que huir de ellos, es que dan miedo, y por eso es tan difícil no doblegarse. No sabe uno si lo que más teme es mantenerse cerca o alejarse de ellos, porque su reacción puede ser terrorífica.

¿Cómo luchar contra ellos? – La mejor defensa NO es un buen ataque

Cuanto más luche uno contra ellos, más se quedará sin dignidad. Inicialmente, no hay que permitirles entrar en tu vida. Como en los cuentos, en los que los vampiros han de ser invitados a la casa para poder entrar, ellos no pueden hacer nada contra gente segura de sí misma, fuerte y lúcida. Pero, si lo consiguen, para echarles jamás hay que responder o atacar del modo en que lo hacen ellos. Es muchísimo peor. Esto les alimenta y les da más fuerzas y más ideas. Hay que ignorarles, simple y llanamente. Ostracismo total.

Cada vez que un vampiro te ataque o te hiera porque no estás de acuerdo en su forma de vida, o comente algo sobre tu punto de vista, o sobre tus amistades, es lícito sentir dolor. No parecerá dolor, eso sí, sino culpa por no haberle dado la razón antes. Identifica bien tus sentimientos y sé veloz. No hay que consentir absolutamente nada. Nunca se elaborará una lista con los VE que andan por el desdichado mundo (mejor que no se haga) pero al fin y a la postre, son bastante fáciles de identificar una vez se han quitado la máscara.

Con todo esto, pareciera que son personas malvadas. No sé si lo son. Quizás algunos lo sean. Estoy tentado de afirmar que son escoria, cochambre humana. Pero lo mejor sería pensar, por encima de cualquier otra consideración, que dan mucha pena. Espero que este humilde artículo ayude a otros a librarse a tiempo de ellos. No bajéis la guardia, andan por ahí.