Una crónica del mundo real

Uno no sabe lo bueno que tiene hasta que lo pierde. Durante una década y media ‘Los Simpson’ (‘The Simpsons’, Matt Groening) fue una de las razones para seguir viviendo en esta puta mierda de mundo, y ahora, y desde hace bastantes años, la serie se ha convertido en una grotesca y aburridísima parodia de sí misma. Desde hace mucho, los seguidores incondicionales de la familia de piel amarilla y cuatro dedos en cada mano, venimos clamando a los cuatro vientos que no es que la serie haya decaído, no, es que más le valdría ser cancelada de una maldita vez, porque cada nuevo episodio de las últimas temporadas dan ganas de sacarse los ojos y comérselos, ante el aluvión de chistes penosos, soluciones patéticas de guión, diálogos escritos por un simio con ansiolíticos. En definitiva, una catástrofe de proporciones bíblicas. Tristísima coda para una creación superlativa de la última década del siglo XX, que demostraba que no hay nadie como los gringos para reírse de sí mismos.

Como el canal (uno de los más cutres que probablemente existan en todo el planeta) Antena 3 lleva repitiendo (sin orden ni concierto, hoy programando un capítulo de la temporada 4, mañana uno de la temporada 13…) los episodios desde hace años, y sin caída de índices de audiencia, podemos llevar a cabo el sorprendente ejercicio de comprobar el enorme contraste entre un episodio de 2008 y otro de 1999, y no cabe otra cosa que lamentar que los guionistas, al parecer, se largaron a alguna isla remota a rascarse los huevos y beber daiquiris, y dejaron al cargo de los libretos al hijo del jefazo de la Fox, que los escribe con la misma rapidez con la que, probablemente, firma cheques y se zumba top-models. Es la diferencia clamorosa entre el triunfo de la inteligencia y la dictadura de la incompetencia más manifiesta.

Decía Matt Groening, un tipo muy inteligente, quien quizás decidió en una noche de borrachera dedicar todo su talento a la elaboración de la imprescindible ‘Futurama’ (una serie muchísimo más divertida que ‘Los Simpson’), que en esta veteranísima serie el truco consistía en estirar la lógica de la realidad hasta el paroxismo surrealista, para luego volver a la realidad más o menos concebible…y a continuación volver a estirarla. Decía la verdad. Ahí radicaba el espíritu furiosamente trasgresor de sus mejores episodios. Sólo una serie con apariencia inocua como ‘Los Simpson’ puede erigirse como una crónica lúcida de la triste realidad del mundo, recordándonos cómo funcionan las cosas mientras nos morimos de la risa. Ahora que está cada día más claro que un tipo siniestro controla los hilos del mundo desde su rascacielos de Manhattan, dando órdenes de qué noticias deben contener los medios de comunicación para que las recesiones, el paro, la derrota de la sociedad, se ordenen según sus designios, vale la pena echar un vistazo a la forma absolutamente genial en que esta serie hablaba de las cosas tal y como son, desde el nihilismo cachondo.

Para muestra, el vídeo de más arriba, en el que Rusia vuelve a mostrar los dientes como lo que nunca ha dejado realmente de ser, la URSS, que sólo los ingenuos creen que sea la fiera desdentada que nos han querido vender, y que representa, más que nunca, el fracaso de la falsa democratización, tiranía vestida de seda que se codea en los despachos de la ONU con los mandatarios legalmente (?) elegidos, y con el zombi de Lenin dispuesto a levantarse de su tumba de cristal para aplastar al capitalismo. Si nos reímos, aún el más crédulo, es porque en el fondo sabemos que lo que se muestra en ese clip es totalmente cierto (salvo lo del zombi de Lenin, aunque…¿quién sabe?), y que más nos vale reírnos (sobre todo, a los rusos), porque no cabe otra forma de convivir con la pavorosa y siniestra realidad. Eso sí, los himnos del coro ruso siguen poniendo la piel de gallina, con su épica belleza.

Y en el clip de más abajo, los guionistas ahora retirados de la serie, echaban el resto y, en apenas tres minutos (a eso le llamo yo concisión narrativa), nos cuentan el modo en que Burns, traicionado, le entrega un trillón de dólares a los comunistas cubanos. Cada diálogo, cada corte, cada puta idea de esta maravilla, es una joya que requiere del tipo (o tipa) con más mala baba y luminosa inteligencia que podamos concebir en el día más optimista de nuestras vidas. Ole tus cojones, chaval (o chavala). Esto es una visión del mundo y lo demás son humanismos de salón.

Dentro de cincuenta años se estudiará lo mejor de esta serie para saber de qué iba esto de la vida contemporánea. También se estudiará lo peor como ejemplo de lo que no se debe hacer.