Es un cajero, chaval

Venga, juguemos a las 7 diferencias. Yo sé que es complicado, individuo que te pasas 14 minutos toqueteando el cajero, pero si te esfuerzas lo conseguirás.

Digo esto, porque cada vez que voy a un cajero de La Caixa, yo no sé muy bien por qué, me paso lo menos quince minutos esperando a que la persona que tengo delante termine de hacer sus cosas. A lo mejor es una conspiración (paranoico que se ha vuelto uno…), pero siempre me toca alguien delante que, más que llevar a cabo una serie de gestiones en su cuenta, parece que está jugando a un videojuego, con movimientos típicos de un jugón incluidos (movimiento frenético de manos y hombros, exabruptos, blasfemias…). Casi dan ganas de asomarse o de animarle a que consiga pasarse el nivel.

Como esta página va de lo que veo y oigo todos los días (de ahí lo de Cuaderno Audiovisual), no solamente de cine, música, literatura, o cultura en general, no me puedo resistir a poner por escrito el calvario que significa acudir al cajero a sacar veinte euros cuando algunas personas parece que necesitan un máster. Soy consciente de que no todo el mundo se dedica a sacar dinero y a marcharse simplemente. Necesitan mandar dinero, corroborar datos, etc… Vale. Perfecto. Pero es que ni aunque tuvieras que llevar a cabo cinco gestiones diferentes deberías tardar más de cinco minutos, si eres una persona capaz de diferenciar el Super Pang o el Comecocos de un cajero.

Yo sé que no lo dan en las universidades, pero quizá deberían empezar a hacerlo. Hasta entonces, y con los mejores deseos, puedes subir y bajar esta entrada cuantas veces quieras y darte cuenta de la diferencia entre una maquinita y otra. No es tan difícil. Yo sé que tú puedes, hombre.