El doblaje es una fea costumbre española

Una de tantas. Y una de mis (pocas) buenas costumbres es mantenerme al pie del cañón con mis obsesiones particulares, que son como caballos de batalla a los que no pienso renunciar. Ya lo dije en Extracine, y también lo dije en Blogdecine, y lo voy a decir aquí y en todos los sitios que pueda: el doblaje de las películas es una adulteración, peor, una mutilación, inconcebible e intolerable de un material previo original, independientemente de su calidad o de la falta de ella. Como los horarios comerciales españoles, la preponderancia del fútbol sobre otros deportes mucho más interesantes, o la defensa de ciertas instituciones caducas, el doblaje es una de esas cosas que el español medio ve como algo totalmente natural, necesario e indispensable, mientras que fuera de nuestras fronteras lo ven (y nos ven) como una auténtica rareza, un anacronismo digno de un país tan ignorante y tan inculto, ay, como es este. Ya decía Valle Inclán que la española es una grotesca deformación de la cultura europea, y cuánta razón tenía el viejo.

Me han puesto a parir en algunos foros de doblaje, llamándome radical y cosas peores, así que algo habré dicho en otros sitios que habrá dado en el clavo. Algunos indignados dobladores o conocedores del medio se han puesto de los nervios porque un tipo humilde como yo, que en realidad no soy nadie, diga a los cuatro vientos que ya va siendo hora de que el horror que significa el doblaje desaparezca de una vez. Y la pregunta que me hago, inevitable, es: ¿por qué algunos profesionales se lo toman tan a mal, cuando yo no soy nadie y cuando el doblaje, es decir, las salas que sólo ofrecen películas mutiladas y adulteradas, cada vez representan un porcentaje mayor respecto a las salas que ofrecen VO? Y a esa pregunta, que me veo incapaz de responder, le sigue otra: ¿por qué se sienten tan amenazados cuando en realidad no lo están? ¿No será que sospechan que los que pensamos así tenemos razón, o que cada vez son más los que piensan así y que, quizás en un futuro, la cosa cambie? Yo, desde luego, no pienso callarme, así me insulten y me vea objeto de libelos que no son más que pataletas de aquellos que quieren que la cultura española continúe deformada. A fe que lo están consiguiendo. Pero no será para siempre.

Me hace muchísima gracia, por no decir otra cosa, ese argumento que consiste en defender el doblaje porque “así, muchas de las personas mayores, y no tan mayores, que no tienen ni pajolera de inglés, también pueden disfrutar del cine americano”. Esa argumentación, chorrada monumental donde las haya, contiene tres falacias incontestables. A saber:

1. Yo no sólo me refiero al doblaje de las películas americanas, como es natural, si no a las películas de cualquier nacionalidad, porque ver una película de Kurosawa con doblaje español es para echarse a llorar. Un japonés, digo yo, habla japonés.

2. Las personas mayores, y no tan mayores, al menos digo yo que saben leer, las que saben, y eso de los subtítulos es un invento maravilloso.

3. Con esa argumentación, de manera camuflada, se defiende el cine americano por encima del español, el argentino, el mexicano, y algunos cuantos más, tan potentes, interesantes y muchas veces imprescindibles como el tan cansino cine americano. Es decir, se le hace la cama a las grandes majors norteamericanas, que ya han conseguido americanizar el cine de medio mundo a sus moldes, y contra los que es necesario defenderse con una herramienta tan fundamental como la VO.

Otra argumentación, absolutamente delirante, es la que defiende el doblaje porque da muchos puestos de trabajo. Cuando oigo eso me acuerdo también de esa argumentación consistente en defender a los toros exactamente por la misma razón. No se puede ser más tendencioso y más ruin. En realidad, sólo creo que es una adulteración el doblaje a las películas de ficción y en imagen real, no tanto con las películas de animación y los documentales (aunque, muchos de ellos, deberían verse también en su idioma original).

Teniendo en cuenta la enorme producción audiovisual en todo el mundo, lo cierto es que el cine doblado representa una pequeña porción. Comerciales, videojuegos, cuñas radiofónicas, cortometrajes, reportajes, programas informáticos, avisos urbanos, y muchas más cosas, precisan y precisarán de las voces de los profesionales en eso de poner la voz, que en España tenemos algunos de los mejores (reconocidos internacionalmente, no por mí) del mundo. Pero supongo que es muy bonito doblarle la voz a Anthony Hopkins o a Kate Winslet. A uno casi le debe hacer sentir como si fuera una estrella, cuando no es más que un simulacro para personas sin el menor interés en el cine.

Quizá todos esos dobladores, y consumidores del cine americano de manera exclusiva, no saben que en Estados Unidos, país de las libertades (ejem) y del cine que más se ve en todo el mundo, está absolutamente prohibido el doblaje, salvo excepciones muy raras, y hacen muy bien. Defienden lo suyo, cosa que aquí…no se ha hecho muy bien nunca, ni se hará. Así nos va. Lo que me deja perplejo, teniendo en nuestro país a tan magníficos dobladores, es que las películas españolas o no se doblan o están muy mal dobladas, con lo que algo hay podrido en el ambiente. A menos que se quiera conseguir un efecto muy específico, creo que, a estas alturas del negocio, doblar la propia película al propio idioma es absolutamente indispensable, más aún cuando muchos de nuestros actores (o proyectos de) adolecen de una dicción bastante lamentable. Deberían doblarse a sí mismos de nuevo, y no depender del sonido directo del rodaje. Y cuando se doblan, deberían hacerlo bien. Pero no se hace. Qué curioso.

Hay otras muchas argumentaciones (si argumentaciones se las puede llamar) absolutamente disparatadas: que si se elimina el doblaje debería eliminarse también la traducción en literatura, que el cine es sobre todo imagen (completamente falso de base), que no es más que una cuestión de elitistas sin nada mejor que hacer, que si lees los subtítulos no ves la película… Y podríamos seguir enumerando tan “brillantes” e “incontestables” ideas durante horas. Yo, de momento, no voy a desmontar más estas supuestas ideas, me voy a limitar a poner un ejemplo:

¿Alguien se imagina a Santos Trinidad doblado al francés, por ejemplo, o al cantonés? Seguro que no. Y los dobladores españoles tampoco, aunque si leen esto nunca lo admitirán en público.