Guns N’ Roses – Puro Heavy

Con Guns N’ Roses sucede como con tantas otras cosas en la música, en el cine o en la literatura: una vez algo que surge de la nada se convierte en un éxito planetario, se pone de moda atacarlos sin piedad, jugar a derribarles de la cima a la que han escalado sin que nadie les regalase nada, y queda muy políticamente incorrecto (en realidad, es muy políticamente correcto) defenestrarlos sin más argumentos que el consenso generalizado, siempre tan voluble, caprichoso y tiránico. Llega el punto en que no puedes confesar que tal o cual cosa te gusta y pertenece a una parte de tu vida, o te estremece, o te emociona, o te devuelve una y otra vez a cierta época feliz de tu vida (feliz, sobre todo, porque escuchabas, leías o veías esas cosas por primera vez), sin tener que defender durante media hora tu postura o tus argumentos (porque tú “sí” los tienes) ante individuos que ni siquiera saben que repiten las ideas de la mayoría. Y la mayoría nunca, a ver si nos damos cuenta de una maldita vez, tiene razón.

En realidad, como he dicho muchas veces, todo eso responde al puro esnobismo, esnobismo que esconde y camufla una profunda ignorancia. Pero no es deber de nadie curar de la ignorancia al prójimo, que se la ha ganado a pulso y la cultiva todos los días. Lo que sí es deber de todos es defender con pasión nuestras propias ideas, y mandar al carajo al mundo. Si una banda de heavy tan importante como Guns N’ Roses es considerada por muchos grandes aficionados a la música como una mierda de banda, habrá que aceptar la realidad: que nadie está libre de prejuicios ni de ignorancia. Los que así piensan, la mayoría (me consta), lo hacen por un desprecio sistemático, y hasta cierto punto comprensible, hacia todo aquello descaradamente comercial o popular. Pero quizá no sepan que la historia del arte ha producido muchísimas maravillas que han traspasado fronteras, han dado ganancias multimillonarias, y han aportado un empujón considerable a la estética de su tiempo. Pero resultaría inútil tratar de hacer comprender este hecho a ciertas personas. Lo que no resulta inútil, ni mucho menos, es constatar que Guns N’ Roses es un mito, una leyenda del rock por derecho propio. Puro Heavy Maldito, que hasta en su destrucción y en su caída a los infiernos actual ha sido fiel a la mística de los rockeros salvajes.

Cinco flacuchos endemoniados

La historia de este grupo es bien conocida, pero se puede resumir una vez más: cinco donnadies muertos de hambre se juntan para tocar por tugurios de mala muerte de las zonas más tenebrosas del L.A. de mediados de los ochenta (una ciudad muy diferente, al parecer, de lo que fue cinco o diez años más tarde, pero en el fondo mucho más viva y vibrante en aquel entonces que después, como dice cierto personaje de ‘Le llaman Bodhi’ (‘Point Break’, Kathryn Bigelow, 1991) interpretado por Gary Busey), y entre miles de borracheras, orgías sin fin, conatos de sobredosis, equilibrismos sobre el abismo de la autodestrucción total, mucha pobreza y muchas broncas y mucha droga, graban uno de los discos de rock-heavy más legendarios de todos los tiempos: el ‘Appetite for Destruction’, en 1987, que contra todo pronóstico se convierte en uno de los éxitos del año a nivel nacional y en el disco debut más exitoso de una banda de ese estilo de música. Comienzan así siete años frenéticos que les llevarán del anonimato a la cima más fabulosa de popularidad, egos descomunales, escándalos, conciertazos…y de ahí a conciertos penosos, confrontaciones internas insalvables, inmadurez, decadencia total…hasta el casi anonimato total, con todos los miembros dispersados, Slash en su propia banda (no muy conocida) y Axl Rose como único defensor de los ‘Guns N’ Roses’ originales, sacando un disco bastante decente después de una década y con nuevos músicos, pero al que nadie ha prestado atención y con recitales que basculan entre lo digno y lo decepcionante.

Siete años en los que hubo lugar, a pesar de su brevedad, para casi todo. Bueno y malo, sublime, mediocre, magnífico, pobre y paupérrimo. Una verdadera crónica de lo que debe ser el ascenso y caída de un grupo, sobre todo de un grupo de rock. Hasta la portada original de su primer disco, dibujada por Robert Williams, fue censurada por violencia y crudeza extremas: muestra a una chica recién violada por un robot, cuya cabeza explota porque a su vez está a punto de ser devorado por un monstruo con cuchillos en lugar de dientes. Tampoco era para tanto esa portada, pero los cinco flacuchos ya se habían ganado la fama de drogotas y maleantes irredentos, y por mucho que los de Geffen ganaran millones con ellos, no iban a permitir los desmanes que, precisamente, alimentaban su música, y la dotaban de esa fuerza nihilista, de ese desesperado canto casi apocalíptico. En ese disco, tan ochentero, se fundía el glam-rock con los arpegios más desesperados de un Black Sabbath o los más líricos de un Led Zeppelin. Es decir, los Guns eran unos devoradores de la mejor música rock que les precedió y tomaron con energía y arrojo el testigo de ese legado, enfureciéndolo con una puesta en escena mucho más violenta, agresiva y juvenil, ganándose el respeto de colegas y la admiración de los aficionados.

El mejor corte del disco, ‘Sweet Child o’Mine’ es una preciosa balada que todavía soporta el paso del tiempo mucho mejor que otras contemporáneas suyas, mientras que el más violento, el recordado ‘Welcome to the Jungle’, fue “rescatado” por el videojuego ‘GTA: San Andreas’, y vuelve a escucharse en la radio con frecuencia. Los Guns habían logrado lo que otros muchos no podían siquiera soñar: triunfar mundialmente con un álbum de debut, siendo capaces de trascender su abuso de las drogas y sus carencias como músicos, para entrar en el panteón del rock. Y en un ejercicio de humildad realmente insólito, sacaron un disco EP, parcialmente acústico y bastante anticomercial, el ‘G N’ R Lies’, que sin embargo también funcionó magníficamente a nivel popular y advirtió que el grupo no había triunfado por pura suerte. Pero nada de esto podía anticipar lo que sería el ‘Use Your Illusion’, un disco cuádruple que sería de los más incomprendidos, parcialmente, de la historia del rock, y cuyas muchas bondades, y bastantes defectos, no hacen olvidar que también fue un exitazo y, sobre todo, un enorme ensanchamiento de la talla artística de unos músicos que alcanzaban una plena madurez.

Dos canciones destacan sobremanera en el Vol. 1 (muy inferior al Vol. 2), la balada ‘November Rain’ y la extraña, hipnótica, brutal ‘Coma’, ambas de larguísima duración. El ‘Don’t Cry’, aunque no está nada mal, es una balada incluso trivial comparada con ‘Sweet Child o’ Mine’. Otras, como ‘Bad Obsession’, ‘Back off Bitch’ o ‘Double Talkin’ Jive’, demostraban la versatilidad del grupo, que había añadido a sus composiciones tonalidades del blues, el rock de carretera o el punk más elaborado (que nada tiene que ver con esa tosquedad de la que hacen gala algunos grupos de tan formidable género). Pero ‘November Rain’ fue el gran éxito de ese álbum, con el clásico mega-vídeo carísimo; el cual, visto hoy día, resulta bastante ingenuo y hasta torpe. No ya noventero, directamente desfasado y de un divismo recalcitrante. Inmersos ya en los excesos de una banda multimillonaria, los Guns se lanzaban a por un tema melódico en el que abundan los teclados (todos sintetizadores, faltaba mas), y cuya base armónica, bastante cursi y hasta melosa, queda bien complementada por la voz extraordinaria de Axl, que se muestra más al límite que nunca, contenida y casi rota. Sin embargo, ‘Coma’ es, para mí, la obra maestra de este grupo. Una joya complejísima de más de diez minutos de duración, que dada su dificultad y su exigencia vocal sólo ha sido tocada en directo cinco veces por el grupo, y cuya calidad, creo, no ha sido confirmada universalmente como merece.

Del nihilismo de ‘Appetite for Destruction’, el grupo había sido capaz de dotar de un formidable latido existencial a sus letras, y ‘Coma’ es la prueba total de ello. Axl, en este texto, hablaba sobre todo de sí mismo, vomitando su alma en cada verso (que diría Robe Iniesta, otro grande), de una poética descorazonadora. Baste leer la parte más significativa de estas letras:

"Please understand me
I'm climbin' through the wreckage
Of all my twisted dreams
But this cheap investigation just
Can't stifle all my screams
And I'm waitin' at the crossroads
Waiting for you
Waiting for you
Where are you?

No one's gonna bother me anymore
No one's gonna mess with my head no more
I can't understand what all the fightin's for
But it's so nice here down off the shore
I wish you could see this
'Cause there's nothing to see
It's peaceful here and it's fine with me
Not like the world where I used to live
I NEVER REALLY WANTED TO LIVE"

El Vol. 2 está mucho más compensado, es más robusto y completo que el 1. Bebe también del blues, del folk y hasta del trash-metal, y es, con mucho, lo más melancólico que los Guns compusieron y grabaron. Pero, por encima de cualquier otra consideración (y tiene muchas, como la maravillosa ‘Yesterdays’, la magistral nueva versión del ‘Knockin’on Heaven’s Door’ de Dylan, el muy heavy y también larguísimo ‘Locomotive’…), contiene una balada muy superior a ‘November Rain’, la sublime ‘Estranged’, que demuestra hasta qué punto este grupo había evolucionado y llegado lo más lejos posible en la conquista de sus propios recursos.

Poco importa ya que el siguiente disco fuera el estimulante, aunque por momentos verdaderamente opaco, ‘The Spaguetti Incident?’, en el que todo son versiones de canciones punk de los 70 u 80. También importa poco, qué diablos, que el divo Axl Rose o el orgulloso Slash acabaran a hostias y comportándose como niños mimados. Habían construido, quizá sin saberlo, o precisamente por ello, un mito que ahora sólo unos pocos (aunque cada vez más…será lo políticamente correcto de admirar a un grupo caído en desgracia…) nos atrevemos a admirar como lo que es. Ahí quedaron sus canciones. El que quiera, que abra Spotify y le de al play.