Barack Obama, un chiste sin gracia

A tres años de haber sido elegido presidente de los EEUU de América, y a un año de su más que probable reelección, Barack Obama hace mucho que pasado de ser una esperanza para un cambio en la deriva del mundo (sobre todo, en todo lo que se refiere a la actuación internacional de su país, al deterioro medioambiental que causa, a las guerras y al fascismo de facto de su sistema político-económico) y se ha confirmado como el peor presidente de la historia de su país. Y es el peor, no porque sea más asesino, abyecto, embaucador, destructivo que Bush, Clinton o Reagan (es difícil superarles, aunque nunca se sabe), sino porque ninguno de esos tres títeres/genocidas causó tantas buenas impresiones cuando se hicieron inquilinos de la Casa Blanca. De hecho, todo el mundo sabía que los dos Bush eran mercenarios a sueldo de multinacionales del petróleo, las armas y las drogas. Pero el caso de Obama es muchísimo más sangrante, porque a él se le suponía un político con grandes ideas, grandes intenciones y mucho más humano y valiente que sus penosos predecesores. Y no solamente no ha hecho absolutamente nada, sino que a grandes rasgos ha continuado el trabajo de los presidentes que han convertido EEUU en una máquina tragaperras y en un chiste sin gracia

Algunos dirán que claro, que él hace lo que puede, y no es fácil con tantos intereses económicos, con tanta crisis y tanto republicano dando por culo. Sinceramente, me parecen unos ingenuos. Es evidente que un presidente de ese país no es más que una cara bonita con un poder bastante limitado para cambiar las cosas. Sería de memos pretender afirmar que una maquinaria de guerra tan colosal como la de Estados Unidos, un monstruo de nueve cabezas capaz de desestabilizar la economía de cualquier país y de decidir con su veto quién entra en guerra y quién no, está dirigido por una cabeza pensante por encima de todas las demás. Es de locos. Pero Obama sí tiene bastante poder, aunque probablemente le costara el cargo. Poder, por lo menos, para lograr una sanidad pública en su país o para cerrar Guantánamo, o para no permitir que el ejército estadounidense vaya por ahí de policía del mundo incivilizado.

Que le dieran el Nobel de la Paz a un tipo cuya administración no ha cerrado un centro de torturas (el de Cuba), que ha impedido sistemáticamente el ingreso de Palestina como estado miembro de la ONU (nos acabamos de enterar de que EEUU ha retirado sesenta millones de dólares anuales a la UNESCO por admitirles en su seno…¡bravo!), que todavía permanece colonizando Iraq, Afganistán y otros países, es algo así como una irresponsabilidad indescriptible. Ese premio no fue más que un lavado de cara a un país que lo necesita, y mucho, y que con individuos como Obama, un gran orador, es decir, un gran embaucador, sigue en caída libre de prestigio internacional en los derechos humanos (de hecho, está por encima de Cuba en cuanto a violaciones de derechos civiles). Estados Unidos, con o sin Obama, pero ahora con él, sigue siendo esclavo del petróleo de los Saudíes, un régimen tiránico muchísimo más sangriento que el de Sadam Hussein; sigue siendo el lameculos vergonzoso del estado opresor y genocida de Israel, al que le permite todo tipo de atrocidades contra el pueblo soberano palestino (violaciones, asesinatos, robos, bombardeos contra mujeres y niños…), y sigue siendo un país detestado por el mundo entero, porque mientras va de conquistador de libertades, se carga todo lo que no va acorde con sus intereses, así tenga que aplastar países y culturas. En suma, el Nobel de la Paz más deleznable de la historia.

Lo malo no es eso. Lo malo es que será reelegido y seguiremos cuatro años más con la broma sin gracia, con el cuento de caperucita. O eso, o algo peor, que salga elegido un republicano, porque siempre se puede ser peor, todavía, que Obama. Al presidente de Estados Unidos deberíamos elegirle entre todos los seres humanos, porque sus (in)decisiones y su política nos afecta a todos enormemente. Algún día EEUU no será el país más poderoso de la tierra, y aunque tiene muchísimas cosas buenas, será recordado por toda la destrucción que causó al mundo. Demasiada riqueza, demasiado poder, demasiada ambición.