Eres un esclavo

Atiende, lector, porque esto es muy importante.

El mundo en el que vives, el mundo que crees que es real, no es más que una dulce apariencia. Todo lo que nos han enseñado, todo lo que conforma nuestra vida diaria, absolutamente todo, es una enorme mentira magistralmente orquestada y diseñada para doblegar, aniquilar y extinguir el espíritu humano, y para que todo rastro de vida libre en la Tierra desaparezca para siempre, si es que no lo ha hecho ya.

No, no voy a hablarte de intrincadas teorías de conspiración, ni voy a esgrimir argumentos tales como que estamos controlados por entidades dementes ajenas al ser humano. Muy probablemente, todo eso sea verdad, pero como es muy difícil demostrarlo, basta echar un vistazo a lo que nos rodea para percatarnos de varias certezas insoslayables, terribles y desoladoras.

En primer lugar, todos los individuos que nos gobiernan, sin excepción, absolutamente todos, están locos de atar, en la acepción más extrema de esa expresión. Para que los encierren y los aten. Y su actividad en las esferas de poder, a su vez, nos desquicia a nosotros, los pobres pardillos que intentamos sobrevivir con las migajas que dejan a su paso.

En segundo lugar, la “sociedad civilizada” no es tal, sino una jungla despiadada en la que no hay lugar para la compasión, el aprendizaje o la maduración, salvo en el caso de una extrema fortaleza mental. Como resultado de ello, la esclavitud, que por tanto tiempo han pregonado como desaparecida del mundo, es un hecho constatable que se traduce en extenuantes jornadas de trabajo incluso en países desarrollados (no digamos ya en los países subdesarrollados, y en salarios de miseria, lo que a su vez deriva en una profunda insatisfacción vital y en la sensación de no saber para qué hemos venido al mundo.

En tercer lugar, la historia del hombre, como bien saben muchos, contiene tal cantidad de falsedades escritas por los vencedores de las guerras y por los poderosos, que es imposible no leer un libro de historia y sentirse anonadado por la inmensa cantidad de lagunas, incoherencias, argumentos tendenciosos, conclusiones cogidas por los pelos, y un larguísimo etc que no hace sino ahondar en ese sentimiento de vacío y abandono que cualquier persona inteligente experimenta al echar un vistazo a los últimos dos o tres mil años de la historia del hombre.

En cuarto lugar, la sensación de que estamos asomándonos al final del camino se está generalizando a pasos agigantados. Pero en lugar de aceptarlo como una posibilidad de cambio, como una oportunidad, lo vemos con total desesperanza, manipulados por unos medios de comunicación deleznables, siempre al servicio de los poderosos, y, por tanto, continuadores de esa gran mentira que es el mundo, y que nos dice que no podemos hacer nada por cambiarlo.

En quinto, las artes y la cultura, han pasado a ser un negocio industrial, un material de consumo, como la coca-cola, que en lugar de elevar al hombre y devolverle la noción de su sentido en el mundo, le priva de él y le convierte en una ruedecita más del supercapitalismo imperante. Ha llegado a tal punto la cosa, que los escritores de ficción científica, superados por la realidad actual, se ven incapaces de anticipar lo que va a suceder en el futuro. Hemos cumplido todas las premoniciones de los Huxley, Asimov, Clarke y Heinlein, y los escritores de este género han dejado de escribir sobre el futuro para escribir sobre el presente.

No nos engañemos, somos unos esclavos. Y ahora que lo sabemos, habrá que hacer algo para remediarlo. Algo más que pancartas.