Anarquía, anarquismo, libertad

Muchos que hablan del concepto de anarquía, me temo, aún los más instruidos de ellos, salvo raras excepciones, terminan cayendo en la trampa que la hedionda sociedad moderna implanta en los cerebros de los débiles mentales. En el mejor de los casos, la anarquía termina por convertirse en una suerte de utopía inalcanzable, en un bonito sueño cuya materialización en la vida real es inalcanzable, e incluso poco recomendable, y sólo podemos aspirar a convertirlo en una idea hacia la que caminar, pero nunca en la que existir. Pero si se va a hacer realidad (espera, lector, y lo verás) el peor mundo imaginable, en el que los mercados y los ricos van a decidir cómo hay que hacer las cosas en el mundo y cómo hay que vivir, ¿por qué no se va a hacer realidad, si no el mejor mundo posible, un mundo mucho más justo y libre del que existe ahora? Si (al parecer) lo que otorga credibilidad a un pensamiento o a una estructura de creencias vitales es su razonable probabilidad de convertirse en realidad, y si se ha hecho posible un mundo canalla que no eran capaces de imaginar ni las mentes más preclaras de hace cien o cincuenta años…¿Por qué demonios no va a ser posible una vida basada en un concepto anarquista de sociedad?

No falla. En medio de un debate político con los amigos, intenta soltar la palabra…¡anarquía! o…¡anarquismo!, y los que hasta hace cinco minutos eran amigos comprensivos, colegas prudentes y tolerantes, se vuelven fieras que te recriminan con desprecio que puedas sostener ideas tan salvajes, tan poco civilizadas. Tan absurdas. Tan estúpidas. Y, sin embargo, nada hay tan civilizado, tan humano, tan libre en el sentido más puro de la expresión, como el anarquismo, que existe desde mucho antes de la mera noción de democracia, y que anida, aún sin sospecharlo en el corazón de todos los seres vivos, racionales (es decir, crueles) o no. Pero es que, además, es la única salida posible.

A todos los que defienden la democracia, ¿no les ha quedado claro ya que la democracia no es más que tiranía encubierta o camuflada por buenas intenciones? A todos los que defienden el comunismo, ¿no se han percatado de que el comunismo fue el responsable ideológico de más muertes en el siglo XX de lo que lo fue el nazismo? A todos los que defienden el socialismo o marxismo, ¿cómo pueden seguir confiando o creyendo en un sistema que, en definitiva y sin ambages, no es más que otra imposición de un orden, aunque sea el orden de la mayoría y que, por consiguiente, involucra ciertas formas despiadadas de poder? La democracia está tan muerta, en el undécimo año del siglo XXI, que no es que huela a podrido, es que huele a mentira universal. Ni siquiera es un sistema, es una forma de política (o sea, de engaño) dentro del Sistema Capitalista, pero el sistema sigue siendo el Capitalista. La ideología que enmarca el socialismo, el comunismo o el marxismo puede poseer grandes frases o sentencias, pero no añade nada, o casi nada, a lo que verdaderamente importa: vivir en libertad. Pero no la libertad para hacer lo que te venga en gana. La libertad para ofrecer tu vida a lo que tu consideres que es necesario. Es decir, para tener una misión. Es decir, ser persona. Ser algo más que un androide programado que trabaja, se entretiene y muere.

Pero el temor casi vesánico hacia la anarquía o el anarquismo es algo enfermizo. Demonizado hasta extremos inconcebibles para quienes sí creen en el hombre, el anarquismo parece suponer la ley del más fuerte, el caos absoluto. La destrucción de la sociedad. Nada más lejos, por supuesto. ¿Nadie se ha dado cuenta de que la ley del más fuerte, el caos absoluto, es lo que actualmente rige en la sociedad “civilizada”? Bajo una apariencia de normalidad, de tranquilidad, de paz, el hombre ha construido un fortín de injusticia y de depredación y lo ha pintado con los colores de la igualdad, del civismo, del orden como necesidad. Es decir que aquello que la democracia (o sea, el capitalismo, o sea, el esclavismo) dice combatir o despreciar, la anarquía, porque es el caos y la ley del más fuerte, es precisamente lo que desde su seno promulga y le hace esclavizar al hombre. Realmente lo han conseguido. Como un maestro vampiro emocional, ha vuelto a la verdad una mentira y a la mentira…una verdad. Bravo.

La anarquía es la defensa de la vida libre. Ni más, ni menos.

La anarquía, o anarquismo, defiende la supresión de todo poder. No solamente del poder de un estado, por supuesto, de cualquier tipo de poder. Ya sea institucional o social, global o personal. La autoridad que se vuelve opresión por detentar un cargo de “superioridad” de facto. El decir a otros lo que “tienen” que hacer, y el no poder decir lo que “deben”. Es decir, no poder inspirar, solamente vampirizar.

Pero si estupideces sin fundamento se dicen acerca de la anarquía, muchas más se escriben y se dicen sobre la libertad. Ninguna más repulsiva y abyecta que eso de que mi libertad termina donde empieza la de los demás. Falacia entre las falacias. Estupidez entre las estupideces. Probablemente entre las más grandes que pueden leerse o escucharse. Como yo me declaro fervientemente anarquista, enemigo del estado y de la estupidez, creo firmemente en todo lo que los grandes anarquistas han escrito y dejado a la posteridad, como una llama resplandeciente que alumbra el futuro del hombre:

1. No soy verdaderamente libre hasta que todos los seres que me rodean, humanos o no, son igualmente libres.

2. La libertad de otro, lejos de ser un límite o una negación de mi libertad, es al contrario su condición necesaria y su confirmación.

3.  No me hago libre verdaderamente más que por la libertad de los otros, de suerte que cuanto más numerosos son los hombres libres que me rodean y más vasta es su libertad, más profunda, más extensa y más amplia se vuelve mi libertad.

4. Es, al contrario, la esclavitud de los hombres (la material, pero también la intelectual, la emocional) la que pone una barrera a mi libertad, o lo que es lo mismo, su animalidad es una negación de mi humanidad, porque no puedo decirme libre más que cuando mi libertad, mi condición, consiste en no obedecer a otro hombre y en determinar mis actos conforme a mis convicciones.

5. El Estado es un inmenso cementerio al que van enterrarse todas las manifestaciones de la vida individual. (Bakunin)

6. La libertad, la moralidad y la dignidad humana del individuo consisten precisamente en que haga el bien no porque esté forzado a hacerlo, sino porque libremente lo conciba, lo quiera y lo ame. (Bakunin)

7. La palabra anarquía, que implica la negación del orden actual e invoca el recuerdo de los más bellos momentos de la vida de los pueblos, ¿no está bien elegida para calificar a una falange de hombres que va a la conquista de un porvenir de libertad y amor para nuestra especie? (Kropotkin)

8. La única iglesia que ilumina es la que arde. (Kropotkin)

9. Declaro llanamente mi guerra al Estado, a mi modo, aunque seguiré haciendo uso y obteniendo cuantas ventajas pueda de él, como es habitual en estos casos. (Thoreau)

10. Mis pensamientos asesinan al Estado. (Thoreau)

11. Ser gobernado es ser observado, inspeccionado, espiado,dirigido, sometido a la ley, regulado, escriturado, adoctrinado, sermoneado, verificado,estimado, clasificado según tamaño, censurado y ordenado por seres que no poseen los títulos, el conocimiento ni las virtudes apropiadas para ello. Ser gobernado significa, con motivo de cada operación, transacción o movimiento, ser anotado, registrado, contado, tasado, estampillado, medido, numerado, evaluado, autorizado, negado, autorizado, endosado, amonestado, prevenido, reformado, reajustado y corregido. (Proudhon)

12. Iros todos a tomar por culo. (Iniesta)