¿Hay algún crítico?

Parafraseando a Goyo Jiménez en su legendario monólogo cómico sobre la vida en América, yo digo: ¿Hay algún crítico en la sala? Porque si lo hay…que se le caiga la cara de vergüenza. Sobre todo después de volver a leer algunos extractos del maravilloso ‘El crítico com artista’ de mi ídolo Oscar Wilde, en el que, básicamente, hay dos personajes discutiendo sobre arte y que alcanza algunas conclusiones poco menos que asombrosas:

Ernest: ¿Pero es realmente la crítica un acto creativo?

Gilbert: ¿Por qué no iba a serlo? Trabaja con materiales y los traduce a una forma que es al mismo tiempo nueva y placentera. ¿Qué más cabe decir de la poesía? En realidad, yo llamaría a la critica una creación dentro de una creación. Pues del mismo modo que los grandes artistas, desde Homero y Esquilo hasta Shakespeare y Keats, no buscaron sus temas directamente en la vida, sino que los buscaron en el mito, y en la leyenda, y en el relato antiguo, el crítico maneja materiales que otros, por así decirlo, han purificado para él, y a los cuales ya les han añadido la forma imaginativa y el color. Es más, yo diría que la crítica más valiosa, siendo la forma más pura de la impresión personal, es a su manera más creativa que la creación, ya que hace menos referencia a cualquier estándar externo a sí misma, y es de hecho su propia razón de existir, y, como dirían los griegos, un fin en sí misma y para sí misma. 

(…)

Ernest: Pero, en este contexto, ¿cuál es la función del espíritu crítico?

Gilbert: La cultura que esta transmisión de experiencias de la especie hace posible sólo puede perfeccionarse por el espíritu crítico, y de hecho ambas pueden considerarse una misma cosa. Pues quién es el crítico verdadero sino aquel que lleva dentro de sí mismo los sueños, las ideas y los sentimientos de infinitas generaciones, y para quien ninguna forma de pensamiento es extraña, ni desconocido ningún impulso emotivo. Y quién es el auténtico hombre de cultura sino aquel que mediante la erudición cabal y la intransigencia meticulosa ha hecho al instinto consciente e inteligente, aquel que es capaz de separar la obra valiosa de la que no lo es, y así mediante el contacto y la comparación se convierte en maestro de los secretos de estilos y de escuelas, y entiende sus significados y escucha sus voces y desarrolla ese espíritu de curiosidad desinteresada que es la verdadera raíz -y la genuina flor también- de la vida intelectual, y de este modo alcanza la lucidez intelectual, y, habiendo aprendido “lo mejor que se ha conocido y pensado en el mundo” vive, y no es descabellado decirlo, con aquellos que han llegado a ser inmortales.

(…)

Ernest: En todo caso, el crítico verdadero será racional, ¿no?

Gilbert: ¿Racional? Existen dos maneras de no disfrutar del arte, Ernest. La primera es que a uno no le guste. La otra, que le guste racionalmente.

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Ernest: Bueno, al menos el crítico será sincero…

Gilbert: Un poco de sinceridad es una cosa peligrosa, y mucha es absolutamente fatal. El crítico verdadero en efecto será siempre sincero en su devoción por el principio de la belleza, pero buscará la belleza en toda época y en cada escuela, y nunca se limitará a una pauta establecida de pensamiento o a un modo estereotipado de mirar las cosas. 

(…)

Ernest: ¿Pero no será el poeta el mejor juez de la poesia, y el pintor de la pintura? Cada arte debe apelar sobre todo al artista que trabaja en él. ¿No será su juicio el más valioso?

Gilbert: Todo arte apela únicamente al temperamento artístico. El arte no se dirige al especialista. Reivindica que es universal y que es uno en todas sus manifestaciones. En realidad está muy lejos de ser cierto que el artista sea el mejor juez del arte. El artista grande de verdad jamás podrá juzgar la obra ajena, y de hecho apenas puede juzgar la suya propia. 

(…)

Ernest: ¿De verdad lo crees?

Gilbert: Sí, porque la creación limita la visión, mientras la contemplación la ensancha.

(…)

Ernest: Bien. Creo que te he planteado todas mis preguntas. Y ahora debo admitir…

Gilbert: ¡Ah! No vayas a decir que estás de acuerdo conmigo. Cuando los demás están de acuerdo conmigo siempre creo que estoy equivocado.

Ahora que alguien que lea “críticas” me diga si hay un solo “crítico”, de lo que sea, que posea siquiera un ápice de todo esto que cuenta Wilde en su libro. Realmente, lo mejor en muchos casos sería dejar de leer. Hay muchos videojuegos que me vuelven loco. Precisamente mi hermano acaba de bajarse el Call of Duty III. Veo el futuro…veo…horas de vicio desenfrenado.