‘Extremoduro’: Robe Iniesta y su espíritu imperecedero

A fuego lento no se calientan mis huesos…

Y bajé al infierno a ver dónde se cuecen tus besos…

Cansado de buscar un trocito de cielo, lleno de pelos…

Y a deshora…sale un sol alumbrando una esquina…y alegrándome el día

Libertad, eso es lo que debe entregarnos una banda de rock. La sensación de que todo es posible. De que nuestros sentimientos, cualesquiera que sean, por muy voraces, iracundos, sensuales, que sean, pueden hacerse realidad. En caso contrario, el rock no valdría para nada. Y es por eso que Extremoduro es la banda de rock más importante que ha dado esta mierda de país: porque ninguna banda como ella nos ha entregado la libertad en su estado más puro. La que te devuelve a tu estado primario, más allá de modas, sociedades, hipocresías, miedos, limitaciones, complejos, inseguridades, soledades…La que te da la oportunidad de ser tú mismo y mandar a tomar por el culo a todo lo que está fuera de tí. Tanto tiempo después de la formación de este grupo, después de unos cuantos discos, muchos ya se rinden a la evidencia: Robe y su Extremoduro, su extrema y dura forma de entender el mundo y la música y el hombre, son un referente inexcusable, que brilla con magisterio salvaje sobre muchos grupitos que van de furibundos y que nacieron moribundos. La banda de rock más genuina, más a ras de suelo, más auténtica.

Y harto de buscarte siempre a oscuras…

Y de volverme de puro hielo…

Tiré toda mi vida a la basura…

Y ni las ratas se la comieron…

Robe considera que su labor es más de poeta que de músico, porque son las letras que él escribe, vomitando su alma en cada verso, las que dan sentido a su creatividad y a sus canciones. Y con ellas accede a la universalidad desde lo particular. Daría para escribir un libro lo que estos ocho versos suyos que se leen sobre estas líneas dicen sobre mi propia vida. La mía. Y la de nadie más. Cada una de esas líneas hablan sobre hechos muy concretos de mi pasado, pero nunca escribiré ese libro. Quizás escriba otros. Ese libro es para mí. Y para nadie más. Es uno de esos libros que nunca se escriben, y que los suicidas, los autodestructivos, los enfermos de sensibilidad, los que tiraron su vida a la basura para que no se la comieran ni las ratas, llevan consigo hasta la muerte. A veces, son más importantes los libros que nunca se escriben que los libros que se llegan a escribir y que algún tarado decide publicar.

Rara vez Extremoduro canta temas políticos. Excepciones hay, pero sobre todo sus letras hablan de amor, de libertad, de lucha, de sexo de drogas, de furia. Nada de eso está reñido con un lirismo arrollador que se filtra por cada poro de cada nota, de cada arpegio, de cada grito y de cada guitarreo.