Jornada de reflexión: ¿Nos largamos del país o derribamos la Moncloa?

El genial Vergara, que absolutamente todos los días entrega una viñeta nueva en su blog de Público, suele dar en el clavo muy a menudo, con una lucidez que, además, nos deja un resquicio para la carcajada más sana. La del día 13 de Noviembre, en concreto, que es la que he incluido encima de estas líneas, es la que creo que muchos votantes, sean de izquierda o de derecha, se están planteando en esta “jornada de reflexión”, que no es más que una de las muchas tonterías que se inventa la gente para matar el tiempo entre las horas que pasa trabajando y las que pasa durmiendo, las cuales deberían ser las más importantes y productivas de sus (de nuestras) vidas, pero que son las más desaprovechadas.

¿Reflexión? ¿De qué? ¿De cómo hemos permitido que nos convenzan de que este mundo es el único posible, el mejor posible, y que cualquier alternativa no es que sea irrealizable, es que es estúpida y hasta destructiva? ¿De que la ultraderecha, probablemente la más extrema de toda Europa, va a volver a hacerse con el poder y va a terminar con cualquier atisbo de igualdad social? ¿De que la educación, la sanidad, las ayudas a la depedencia y toda una serie de conquistas sociales se van a ir al carajo en pocos meses, porque se van a privatizar hasta que nadie, salvo los privilegiados, puedan permitírselas? ¿De que un baboso que no sabe hablar inglés y que ya tiene muchos problemas con el español, cuyo único oficio ha sido la de registrador de la propiedad, que fue elegido a dedo (para poder controlarle desde la sombra) se va a convertir en “jefe” de gobierno?

En realidad, no hay nada que reflexionar. Hay que alucinar con la dejadez y la resignación de la gente, que no está dispuesta a plantearse el más mínimo cambio. Porque votar a Rubalcaba sería tres cuartas partes de lo mismo, aunque seguramente no se la chuparía a los mercados con tanta devoción como el Marianico, quien, por cierto, no ha dicho nada de que, aunque está a punto de ser presidente del gobierno, esos mercados que pretende aplacar siguen castigándonos, y con más virulencia que nunca.

De todas formas, tenemos lo que nos merecemos. Todos. Ni el 15-M ha sabido o ha podido hacer gran cosa (no es que pida milagros al movimiento, pero no se puede uno quedar en tierra de nadie), ni todos los que proclaman un cambio se sabe exactamente lo que quieren, salvo cambiar un sistema por otro, un modelo por otro, cuando el capitalismo es realmente el único modelo que conocen y que es el que rige todos los demás modelos que se asientan en él. Si la gente está dispuesta a aceptar que “les gobiernen”, peor para ellos. Peor para todos. Pero estaría bien que dejásemos claro que ellos no nos gobiernan. Desde luego, no me gobiernan a mí. Ni ellos, ni los mercados. Nunca me gobernaron ni mis padres, que me daban comida y techo gratis. Menos aún me van a gobernar los no me dan nada, salvo exigencias, deudas, miseria, pobreza y desesperación.

Así que, de acuerdo, hasta que todo se vaya a tomar por culo agacharé la cabeza, aceptaré lo que me den y me beneficiaré de las pocas cosas que da el “estado del bienestar” (que no es otra cosa que vampirismo). Pero cuando todo se vaya a la mierda, y se va a ir a la mierda, estoy seguro de que todavía podré reconocer por las calles de una ciudad derruida los rostros de los banqueros y los obispos y los empresarios y toda la panda de hijos de puta que se aprovecharon de mí y de cualquier otro, y que le dijeron cómo tenía que vivir, y que la ley era lo más justo imaginable. Y al igual que yo los reconoceré, o incluso les oleré, lo harán otros cientos de miles de personas cuya vida fue un infierno por culpa de todos los que dicen cómo hay que vivir, o de los moralistas, de jueces y de verdugos, de líderes y de justicieros, que mientras la mentira se sostenga van a seguir ejerciendo su autoridad y su tiranía. Y, cuando les reconozcan, en ese mundo derruido y polvoriento que vendrá en unos años, me apuesto algo más que una cerveza a que no van a pasar un rato divertido, toda esa panda de hijos de perra.