‘Lo que el viento se llevó’, cine inmortal

Ayer, en TVE, desde las 16 H, volvieron a pasar por enésima vez ‘Lo que el viento se llevó’. Cae todos los años. Deberían ponerla hasta el siglo XXII y más allá porque esta película es una maravilla que la vuelves a ver y te atrapa como a un cordero todas y cada una de las veces que la ves. Sí, yo amo esta película, porque se hizo hace 72 años, que se dice pronto, y parece más moderna que muchas de las que están hechas ahora mismo, o muchas de las que van a hacer en los próximos años. Porque es el triunfo del cine-espectáculo y del melodrama salvaje de llorar como un capullo y te importa una mierda porque lloras a gusto y te sientes libre. Porque es cine indómito, vibrante, puro, que trasciende muchísimo el original literario del que parte (y no me hablen del texto original, que me da puto asco la mariconada de novela de Margaret Mitchell). Es uno de los títulos más famosos de la historia del cine y no lo es por casualidad. A su lado, los treinta millones de bloques de la pirámide de Keops (objeto enorme que toqué hace 8 años) se me antoja que se derrumbarán antes por el paso del tiempo. Porque esto ya ha vencido al tiempo, y si no me creen, miren la foto de encima de estas líneas, y los ojos azules y tremebundos de Scarlett, y el que no sienta que le flaquean las piernas no tiene sangre en las venas. Viva el cine, joder, y a la mierda las pirámides y el resto del mundo.

David O’ Selznick compró los derechos de la novela y convirtió este proyecto en su hazaña personal. Invirtió muchísimo dinero para esa época (hoy, rodarla sin efectos digitales costaría cuatrocientos millones de dólares, poco más o menos) y logró un exitazo como no ha vuelto a conocerse en la historia del cine, hasta el punto que, con la inflación del dólar y teniendo en cuenta el precio de las entradas, hoy ‘Lo que el viento se llevó’ continúa siendo la más taquillera de todos los tiempos, con casi la misma cantidad de recaudación que ‘Titanic’ y ‘Avatar’ juntas. Claro que David O’Selznick era casi más cineasta que productor o inversor, y su arrolladora personalidad, su deseo de épica sin fin en una película, la grandiosidad de sus historias, cristalizan en ‘Lo que el viento se llevó’ como nunca antes, llevándose por delante el talento de hasta tres directores (Victor Fleming, Sam Wood, George Cukor) y de docenas de guionistas no acreditados. En aquella época el cine era lo más grande del mundo, lo más importante, lo que la gente más deseaba disfrutar, porque no existía nada ni remotamente parecido, y al público se le dio lo que esperaba y mucho más.

‘Gone with the Wind’ (cuya traslación exacta sería “Se fue con el viento”, mucho más poético que el extraño título español), es excepcional porque con total precisión, sin la menor caída de ritmo, con un reparto sobrecogedor, siempre a ras de suelo y con la cámara a la altura de la mirada humana, es una narración que va, sobre todo, de sobrevivir y de sexo. Ni más, ni menos. Aún teniendo en cuenta su antigüedad, la tensión sexual es extraordinaria, sostenida por esos dos animales cinematográficos que eran Clark Gable y Vivien Leigh, que durante toda la película, es decir, durante muchos años, se andan buscando, se odian, se aman, se desprecian, se admiran, se hacen mil putadas, pero sobre todo se desean con una pasión devoradora y nunca mostrada en pantalla, porque no hace falta. Llega la cosa hasta el punto genial de tener una hija en común que él quiere que sea una nueva Scarlett, pero a la que pudiera modelar y vestir a su antojo, lo que deja la obsesión de Scotty por Madeleine en ‘Vértigo’ como un simple juego de niños, o casi…

Scarlett es todo lo hermosa y salvaje y comete todas las estupideces que son necesarias, y Rhett todo lo hedonista, romántico y entregado que es necesario, y la frase final de Rhett (“Frankly, my dear, I don’t give a damn”…básicamente “francamente, cariño, no me importa una maldita cosa”) es también perfecta, aunque no te cabe duda de que Scarlett se va a pasar los años que sean necesarios luchando por recuperar a Rhett. Es la fuerza de estos personajes, y de todos los demás caracteres, lo que mantiene a esta película con semejante vigor narrativo, y lo que convierte sus cuatro horas aproximadas de duración en un suspiro, dejándote siempre con ganas de más, incapaz de decidirte de cuál escena es la mejor (la huída de Atlanta, el baile del heróico Rhett con la viuda Scarlett, la estratagema de Rhett para salvar a los amigos confederados, la dramática cena de cumpleaños de Melania, el durísimo matrimonio de Rhett y Scarlett…), o de cuál está mejor filmada, pero al final quedas exhausto de tanto drama, tanta pasión y tanto dolor, totalmente satisfecho de haber vivido una historia más grande que la vida.