Las botas de Santos Trinidad

La película española del año no fue la de Almodóvar, ni la de algunas estrellitas o aspirantes a estrellita de las muchas que abundan en el hediondo cine español. Fue la de Urbizu, después de ocho años de inactividad en el cine. No es casualidad: ya en 2002 la película del año en España fue otra película de Urbizu, la magistral y nunca suficientemente paladeada ‘La caja 507’. Pero mientras aquella era una película magistral, las dos siguientes del tríptico protagonizado por un impresionante José Coronado se acercan más a la definición de Obra Maestra. Porque ‘La caja 507’ era un ejemplo de joya perfecta, en la que nada sobra y nada falta, tallada con la precisión del diamante, ‘La vida mancha’ (2003) y, sobre todo, ‘No habrá paz para los malvados’ (2011) son algo más que una gran película. Late en sus imágenes una concepción del hombre y del mundo, una captura del tiempo tal, que a punto están de resultar desequilibradas, de venirse abajo por la tremenda potencia de lo que cuentan y la serena mirada con que se cuentan, pero que no se sabe por qué puto milagro se mantienen en pie y viven en el interior del espectador mucho después de haberlas visto.

No se trata de una película fácil de ver, aunque la trepidación con la que está contada provoca un entretenimiento insuperable. Pero ‘No habrá paz para los malvados’, siendo una película que roza la abstracción en algunos aspectos, nos muestra el mundo tal cual, sin paños calientes ni concesiones de ninguna clase, y Urbizu nos obliga a seguir al antihéroe más repugnante de la historia del cine español, al que solamente abandonamos en algunas secuencias para acceder a la lucha de la jueza más recta, honrada y luminosa que imaginar quepa (aunque ni en el caso del policía ni en el de la jueza se cargan las tintas hasta volverlos maniquís de una idea o personajes de una sola pieza). Al lado de Santos Trinidad, muchos de los policías corruptos y violentos de la excepcional serie ‘The Wire’ casi parecen corderitos. Y, sin embargo, Urbizu y su guionista Gaztambide nos ponen en la tesitura de preferir sus métodos violentos y directos antes que los de la jueza o la sociedad, incapaces de detener el horror o de ofrecer un mínimo de seguridad en un mundo tan complejo, tan lleno de ambiciones, egos y tecnicismos. Intentando salvar su culo, Santos se convertirá en héroe a su pesar y salvará a su vez (aunque seguramente sin pretenderlo) a mucha gente…al menos por el momento.

Pude hablar con Enrique Urbizu en dos ocasiones, y en la más intensa de todas ellas, en la escuela de cine a la que asistí dos años, no me tiembla la picota al afirmar que yo era el único pelmazo que, al menos, le hacía preguntas interesantes (como no me tiembla el pulso al escribir que en Berlín o San Sebastián yo era de los pocos que hacía preguntas interesantes a los directores, porque hay que tener mucho aguante para escuchar las estupideces que preguntan muchos periodistas en las ruedas de prensa), y creo que a él le gustaron. Pero una pregunta de las docenas que le hice no me atrevía a preguntársela. Era el por qué del plano de Coronado con el vaso de whiskey casi al final de ‘La caja 507’. En un descanso fui hasta él, que se estaba tomando un café, y se lo pregunté a solas, pero él se negó a contestar, porque era una buena pregunta, según me dijo, y era mejor contestarla en la clase. Detalles como ese plano, los hay a docenas en ‘No habrá paz para los malvados’, pero no son evidentes ni explícitos, sino que están escondidos en en la imagen, en el montaje, en los diálogos, en gestos casi imperceptibles de los actores. No se ven, pero se sienten, y si uno se para a observar y ve la película muchas veces (yo de momento sólo la he visto en dos ocasiones) va encontrando los hilos secretos que las explican y enriquecen el subsuelo de la película.

En pocas semanas se conocerán los nominados a los Premios Goya, que se supone premian las películas más importantes del año, y no me cabe duda de que la película de Urbizu optará a algunos de ellos, aunque no estoy seguro de que esté en las categorías más importantes. A mi juicio, debería conocer siete nominaciones, y debería obtener la estatuilla en casi todas ellas:

Mejor película

Director

Guión original

Actor protagonista

Actriz Revelación (uno de los más mediáticos, y uno de los que podría no ganar con facilidad)

Sonido

Montaje

Pero ya se sabe como son los Goya, unos premios totalmente amañados y en el que sobre todo pesan los grupos de presión audiovisual de este país (y si los Goya están manipulados, los Oscar mucho peor, pero ya me explayaré con ellos en otra ocasión). Y tampoco estoy seguro de que el barro de las botas de Santos Trinidad sea algo premiable para una academia. No pasaría nada si no ganara, o si ni siquiera estuviera nominada (Coronado es muy probable que gane, porque está de Oscar), el triunfo es haberla hecho en un panorama cinematográfico tan poco estimulante como el español.