Escribir

Dicen que la literatura es la más rara de todas las artes, y que los escritores de literatura (porque pocas cosas que se escriben son literatura, y las mayoría de las veces ni siquiera llegan a redacción del colegio) están entre los más raros de todos los extraños y dementes artistas. No sé si es cierto. También dicen que la escritura y la palabra son la única verdadera magia que existe en el mundo, ya que con palabras escritas o habladas pueden tener lugar hechos sorprendentes, y hasta en los cuentos para niños y en los relatos góticos, los personajes sueltan cuatro o cinco palabras secretas para desencadenar un hechizo, o escriben una arcaica runa para que la magia tenga lugar. Y eso ya me lo creo un poco más, romántico y bisoño que es uno. Pero tampoco es que yo escriba todos los días para que tenga lugar ningún tipo de magia. En realidad escribo sobre las cosas que me interesan simplemente para no volverme loco o para darle algún sentido a una existencia que, a poco que se mire con detenimiento (y sospecho que esto nos pasará a muchos) carece completamente de sentido.

El hecho de que muchas veces escriba sobre cine es algo meramente circunstancial. No es el cine la disciplina artística que más me interesa. Tampoco la literatura. Sino la música. Y la música también se escribe. Y hacer literatura debería parecerse más a componer música, en cuanto al ritmo, al tono y a la musicalidad de las palabras, y menos a contar una vez más (tal como hace el cine) el cuento de la vieja, y a apostatar moralmente sobre cuestiones en las que la moral no tiene cabida. Pero escribo sobre cine muchas veces porque yo conozco el cine, y no me limito a repetir las mismas fórmulas gastadas en los comentarios cinematográficos que emplea el 99 % de la gente que leo. Yo escribo desde el corazón (por muy cursi que suene, pero recordar una película con fuerza y admiración, viene del latín, pues corazón se escribe cor, y recordar es volver a pasar por el corazón) y, sobre todo, desde las tripas, y me importa una puta mierda lo que la gente opine de mí porque escribir no es llevarse bien con todo el mundo sino dar a los que te leen una buena dosis de tí mismo, aunque no les guste, o precisamente porque lo más probable es que no les guste.

Hace unos años, cuando empecé a escribir, lo cierto es que era un cero a la izquierda. No tenía ni la más remota de cómo construir decentemente una frase, y menos aún argumentar una idea o un sentimiento. Tampoco es que ahora sea una bestia parda escribiendo, pero tengo un poco más de bagaje. Y, comparado con lo que suelo leer por ahí (en el país de los ciegos, el tuerto es el rey…) pues lo cierto es que hasta creo que lo hago bastante bien. Y los frentes se me multiplican. A mi casi artículo diario en esta página, de la que estoy muy orgulloso (a punto de llegar a las 20.000 lecturas en algo más de tres meses, lo cual es una excelente noticia), y a mis proyectos de ficción y ensayos (algunos más adelantados que otros), se une mi colaboración en The Cinéfagos, y un muy estimulante proyecto de un amigo que verá la luz dentro de muy poco (espero…) y que promete mucho. Si me pagaran por todo esto que escribo (y es que cada año escribo en más sitios y más cosas) un céntimo por cada palabra, ya me habría hecho millonario, pero por lo menos he aprendido otras cosas:

1. Que el que escribe un artículo, o un ensayo, o un cuento, o lo que le dé la gana, con un poco de esmero y ambición, y lo haga sin un diccionario y un diccionario de sinónimos a mano, directamente no es escritor y debería dedicarse a otra cosa.

2. Que demasiada gente cree que escribir es juntar palabras (como demasiada gente cree que conocer el cine es ver muchas películas al año), y que la habilidad para poner las comas, los puntos y coma, y los puntos, es algo muy parecido a tener oído en lo musical. Es decir, una destreza cada vez más rara de encontrar.

3. Se deduce de todo esto que el 99,999999999 % de la gente que escribe, en el medio que sea, no debería escribir, porque ni le interesa escribir, ni interesa lo que escriben, ni lo saben escribir medianamente bien. Así mismo, se deduce que mucha otra gente que por pudor, humildad o simple miedo no escribe o no muestra lo que escribe, debería hacerlo de una vez y despojarse de tantos complejos.

4. Que escribir es un acto muy jodido porque es una sensación de soledad absoluta sin saber muchas veces si lo que escribes va a ser algo interesante o una basura. Pero precisamente por eso también es un acto de gran valentía. Y los que escriben para ganarse el favor, la simpatía o la adhesión de los otros, se nota desde la primera letra lo que están buscando. Y no encuentran otra cosa que una escritura muerta.

5. Que si tu opinión difiere radicalmente de la de los demás, todavía estamos en el país de “me pego con alguien por llevarme la contraria”. Es decir, en un país inmaduro. En una palabra: infantil.

6. Que escribir no es un acto intelectual, ni sentimental. Jamás lo fue, y jamás lo será. Escribir es el acto más emocional que puede llevar a cabo una persona, porque se escribe desde las tripas, desde todo lo que te destruye y todo lo que te da calor. No hay equilibrios, ni puntos medios, ni pactos posibles. Porque no hay nada más personal, y subjetivo y “expresivo” que hablar y escribir, cuando se tiene algo dentro que expresar, claro…

7. Que componer una novela es una de las cosas más difíciles que una mente desarrollada, es decir inteligente, puede llevar a cabo en toda su vida. Y aunque lo lleve a cabo, puede hacerlo rematadamente mal.

8. Que la gente va a seguir leyendo aunque la mayoría de cosas que lea sea basura. Y los escritores ineptos van a seguir escribiendo aunque en el fondo saben que cada vez que dan un teclazo se suicida un libro.

9. Que no sé quién coño dijo que la literatura es consecuencia directa de falta de amor. Pero qué gran y jodida y dolorosa verdad. Sobre todo de amor propio.

A ver qué da de sí este 2012. Imagino que unos cuantos artículos, y quizá algunas cosas más. Eso sí, lo de ganar dinero, al menos un dinero razonable, por lo que escribo, eso ya lo dejo para otra vida.