Hubo un tiempo en que Spielberg era grande

Carlos Pumares será muchas cosas, pero lo que nunca será, a sus sesenta y siete años y con todo lo que lleva hecho de radio, prensa y televisión, es un individuo aburrido. Crítico de cine tampoco, claro. Él no es un crítico de cine, sino un historiador de cine, un hombre que sabe mucho de gastronomía y bastante de salud, pero no un crítico de cine. Habrá visto en su vida medio millón de películas; pero eso, como ya comenté por esta página, no convierte a nadie en crítico de cine. Ahora bien, crítico o no crítico, historiador de cine, periodista o bufón, comunicador o provocador, Pumares es un tipo casi siempre muy divertido. Es mucho más de lo que puede decirse de Steven Spielberg.

Saco esto a colación porque Pumares, con bastante buen tino (en otras cosas, no estoy para nada de acuerdo con él, de hecho me encuentro en las antípodas, pero no pasa nada porque, además de divertido, es un tipo con cultura y merece un respeto), lleva dos o tres décadas dándole estopa a Spielberg sin descanso. Con motivo de ‘Súper 8’, que está dirigida por J.J. Abrams pero producida por Spielberg (con lo cual, es co-autor de la obra) afirmó que está claro que el cineasta no ha tenido infancia. Y no puedo estar más de acuerdo. Esta mañana, antes de volver al hospital por motivos familiares, echaban por la tele ‘Parque Jurásico III’, en la que tampoco figura Spielberg como director, pero está claro (no seamos ingenuos, gracias…) que el más famoso director de toda la historia era el que mandaba, el que decidía, y el director de turno elegido, el  siempre mediocre Joe Johnston, se limitó a hacer lo que le ordenaban…si es que llegó a hacer algo realmente. Ví unos treinta minutos de esta peliculita de aventuras (es un decir lo de “aventuras”), aunque ya la había visto un par de veces completa, y me pregunté lo que imagino que otros que no están cegados por un fanatismo hacia Spielberg también se habrán preguntado hace mucho tiempo: ¿Cuándo dejó de ser grande Spielberg? ¿Qué le ha pasado a este hombre? ¿Cómo ha podido desperdiciar gran parte de su carrera un cineasta con tan enorme talento audiovisual?

Pero hay preguntas más duras: ¿en qué momento decidió dejar la senda de John Ford, Raoul Walsh, David Lean, para abrazar la de Walt Disney (cuando no la de un Jose Luis Garci con efectos especiales)? ¿Y por qué demonios sus películas son tan jodidamente aburridas?

Es que la cosa es seria, y ‘Parque Jurásico III’, estrenada hace ya la friolera de once años, es buena prueba de ello. Algunos dirían que se cansó de hacer películas sobre las novelas de su amigo Michael Crichton y “cedió” el sillón de director. Dudo mucho que fuera así. En realidad, lo más probable es que Spielberg, que tiene dos mentes, una de director y otra de productor y las dos igual de desarrolladas, dejó el camino libre a la mente de productor, pagó cuatro cuartos por uno de los peores guiones de aventuras de la historia (firmado entre otros por ese gran cineasta que es Alexander Payne…supongo que un día tonto lo tiene cualquiera), se quitó de encima las labores de director, le encomendó al mecánico Joe Johnston que lo hiciera todo más o menos correcto, y sacó de archivo las imágenes de los dinosaurios que él coleccionaba de pequeño y que todavía no habían salido en la saga. Y, de paso, esperó a que cayeran los millones en taquilla, que lógicamente no fueron tantos como los de la segunda, ni mucho menos como los de la primera, pero suficientes como para sanear otras cuatro o cinco cuentas corrientes en Suiza.

Bien. Ahora muchos de los que lean esto (o no, quién sabe, igual me equivoco) estarán pensando: ya está el Massanet sin nada que hacer, buscando polémica y atacando a vacas sagradas para hacerse el estupendo, intentando como loco ganar lecturas, y un largo etcétera. Evidentemente, tienen razón, porque creo en la polémica como las madres de las únicas ideas importantes, y si encima me consiguen lecturas y nuevos lectores, pues aún mejor. Por otro lado para eso están las vacas sagradas, para darles duro de vez en cuando, a ver si se sostienen.

Porque realmente la “trilogía” de ‘Parque Jurásico’ es para darle duro a este hombre, y la verdadera piedra angular de todos sus detractores, que cada vez son más y con mayores razones. La primera parte fue una sosa y disneyana adaptación de un texto tan científico y tan siniestro como el de la novela de Crichton. La segunda, a partir de que abandonan el campamento y, mercenarios, científicos y activistas han de unirse para sobrevivir, nos devuelve aunque sea una porción del Spielberg más vigoroso. Pero sólo dura media hora. El resto no vale absolutamente para nada. ¿A qué coño vienen esas ñoñerías con el matemático y su hija adoptiva? ¿Por qué está tan obsesionado este director con mostrarnos lo bonito que es la familia tradicional, y el amor y tener hijos? ¿Qué le pasa a este tipo? No es que no haya tenido infancia, que no la ha tenido, es que hay que darle la razón a todos esos radicales que, de cuando en cuando, dicen que al bueno de Steven se le fue la olla y se le reblandeció el cerebro.

Es triste, muy triste, viniendo de un hombre con cuyas películas, al igual que toda una generación de chavales, yo me crié y defendí como un capullo a capa y espada hasta que cumplí una cierta edad y me di cuenta de que esos indeseables que cuestionaban seriamente gran parte de su filmografía tenían bastante razón, y que todos los que defendíamos cada cosa que hacía no éramos otra cosa que fanáticos o nostálgicos o las dos cosas a la vez. Porque la carrera meteórica de este hombre termina en 1981 con ‘En busca del arca perdida’, y a partir de ahí todo son trompicones estéticos cuando no fracasos económicos rotundos. Porque a estas alturas de la vida, ‘E.T.’ está más que superada, y volviéndola a ver te das cuenta de lo vieja y de lo poco efectiva emocionalmente que resulta hoy día. En comparación, ‘Encuentros en la tercera fase’ se mantiene mucho más viva y mucho más enérgica. Increíblemente vibrante y hasta épica.

Pero para épica, para vibrar, y para caer rendido a los pies de un maestro de la narrativa y el suspense, está ‘Tiburón’, una joya yo creo no lo suficientemente valorada como tal. Puro cine en el que nada sobra y nada falta, sorprendentemente luminoso a la vez que siniestro, en la que lo bello y lo terrible se funden sin que uno sepa muy bien diferenciarlos, y en la que una admirable precisión formal da cabida a una concepción del hombre y a un color local dignos de una prolongación en la filmografía spielbergiana, que nunca tuvo lugar. En sustitución, una serie de pastiches de autores pasados, como con su gurú David Lean o su admirado John Ford, a los que homenajeó (algunos dirían que directamente plagió) en ‘El imperio del Sol’ y ‘El color púrpura’, como primeros intentos por conquistar un prestigio que él pensaba que le faltaba como creador. Vaya forma de alcanzarlo…repitiendo esquemas de autores clásicos. Esto es Hollywood. Pero el prestigio finalmente llegó con la muy sobrevalorada ‘La lista de Schindler’, de impecable factura, con unos soberbios Liam Neeson, Ralph Fiennes o Ben Kingsley, pero que, viendo maravillas como ‘Shoah’ de Claude Lanzmann o ‘El pianista’ de Roman Polanski, está claro que no es más que un Spielberg más productor que director, intentando sacar la lágrima fácil donde otros hicieron (o harían) arte, subrayando los momentos de terror como si el espectador fuera gilipollas. La recreación histórica muy bien, todo muy bonito.

Algunos dicen que Spielberg ha firmado algunas de las obras maestras de los últimos treinta años del cine norteamericano. En realidad eso depende de lo que uno entienda por obra maestra. En mi caso, tiene que ver con las cimas de este joven arte que todavía está dando sus primeros pasos y que muchos se niegan a que eche a andar. Esas cimas, las de los últimos treinta o cuarenta, o cincuenta años, vienen firmadas por Alain Resnais, Akira Kurosawa, Francis Ford Coppola, Ingmar Bergman, François Truffaut, Robert Bresson, Terrence Malick, Martin Scorsese, David Simon, Alan Ball, David Chase…gente a la que no se aproxima Spielberg ni de lejos. Los que están considerados los más grandes títulos de este director, ‘Salvar al soldado Ryan’, ‘Munich’, ‘La lista de Schindler’, ni siquiera se acercan a las conquistas estéticas, morales, psicológicas, técnicas, narrativas, de ‘El padrino’ (trilogía), ‘Apocalypse Now’, ‘Los Soprano’, ‘Uno de los nuestros’, ‘La delgada línea roja’, ‘Persona’, ‘Fanny y Alexander’, ‘A dos metros bajo tierra’, ‘Mouchette’, ‘Derzu Uzala’, ‘El año pasado en Marienbad’, ‘El amante del amor’, ‘The Wire’… Y, además de estas cotas elevadísimas inalcanzables para él, Spielberg tampoco llega a tutearle a creaciones como ‘Brokeback Mountain’, ‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind’, ‘El sexto sentido’, ‘The Shawshank Redemption’, ‘Ed Wood’…

Y no llega sencillamente porque no le da la gana. Porque cosas maravillosas como ‘Duel’, ‘Indiana Jones y la última cruzada’ o ‘Atrápame si puedes’ son la excepción, y no la regla, y horrores increíblemente torpes y sensibleros y moñas, que lo único que te dan son ganas de sacarte los ojos con una tenaza al rojo vivo, como ‘La terminal’, ‘Hook’, ‘Amistad’, ‘1941’, ‘Inteligencia artificial’, o el final de ‘La guerra de los mundos’ y de ‘Minority Report’, o ‘El imperio del sol’, o ‘The Sugarland Express’, han abaratado indeciblemente la carrera de este hombre, que ahora vuelve con la historia de un caballo angelical en la I Guerra Mundial, después de no convencer a casi nadie con ‘Tintín’, y ninguna de las dos ha sido lo que se dice un éxito de taquilla (al menos, teniendo en cuenta que es Spielberg), y ya está rodando su anhelado proyecto de Lincoln con el mejor actor del mundo (sobra mencionar su nombre), y lo cierto es que nada despierta un gran interés. Probablemente la volverá a pifiar con los finales, o meterá moralina de la buena, o nos volverá a contar lo bonitas que son las familias felices (sus padres se divorciaron, a eso se le llama ser coherente con la propia vida), y hará lentos trávellings al rostro de los actores para enfatizar la emoción.

En definitiva: continuará el aburrimiento.