Amistades cibernéticas

Yo, que a veces creo que a nadie le interesa una puta mierda lo que escribo, por mucho que digan algunos/as (me da igual que clamara Tarkovski “¿acaso no compensa escuchar el propio eco?”…a mí, por lo menos de momento, no me compensa) aún conservo una cierta capacidad para sorprenderme y hasta para ilusionarme cuando alguien más inteligente que la mayoría de personas con las que trato todos los días (no es un gran elogio, pero hay lo que hay…), únicamente por haberle dejado un comentario que, creo, merecía su artículo, no solamente me responde y lee algunas cosas que he escrito, sino que además dice sentir un inmenso respeto por todo lo que ha leído… Pero, además, para colmo, en el paroxismo de la incredulidad, escribe varios post seguidos dedicados, o por lo menos dirigidos, hacia esta personita que no es nadie en el mundo y que cada mañana al despertarse se pregunta para qué coño ha venido aquí cuando, y esto parece claro después de llevar respirando unos treinta y dos años y pico, no sabe qué cojones hacer con su vida. Un hombre mucho mayor que yo, que sabe de todo mucho más que yo, que escribe mucho mejor que yo y que, me supongo, tiene muchas cosas más importantes que hacer que dedicarme algunos textos o algún tiempo de su vida…y sin embargo me los dedica.

Aquí conviene hacer algunos apuntes sobre la “maravillosa” personalidad de Adrián Massanet, personalidad que solamente unos pocos, quizá dos o tres personas, o puede que menos, realmente conocen:

1. Que mi inseguridad es tan terrible, crónica y destructiva que muchas veces, y en los momentos más cruciales, resulta paralizadora y me impide hacer nada…o hacer nada correctamente.

2. Que siempre pido perdón por todo y tengo la sensación de que aburro a todo el mundo.

3. Que aunque no soy tan bestialmente ignorante como muchas de las personas que he tenido la desgracia de conocer a lo largo de mi vida, sí soy bastante ignorante, y cada vez que lo pienso me da vergüenza averiguar de cuántas cosas no tengo ni pajolera idea.

4. Que tengo tanta mala hostia, y tan mal digerida, que cuando estallo (ya sea física o intelectualmente) lo mejor es tenerme lejos y no escucharme, o no leerme más durante una buena temporada, porque no suelto más que dentelladas.

5. Que soy tan jodidamente hipersensible a todo que me sorprende haber sobrevivido durante tanto tiempo (Palazón diría que soy un niño, pero no lo soy), cuando todo me afecta, todo me hace daño, todo me aturde y me hace sentir impotente.

6. Que no creo merecer nada bueno que pueda pasarme, y sí todo lo malo.

7. Que tengo un autoconcepto tan pobre que a veces no me doy cuenta de que mi peor enemigo soy yo mismo.

Ahora bien, a pesar de todo esto, voy conociendo a gente más que interesante que me devuelve las ganas de seguir viviendo. Me pasa con mi amigo Jorge, me pasa con mi amigo Ángel, me pasa con mi amiga Mónica (y otras personas maravillosas y contradictorias y hermosas que tengo la suerte de que me presten atención). Todos ellos muy diferentes entre sí y, sobre todo, muy diferentes a mí en cosas fundamentales. Pero creo que ninguno de ellos tan diferente como lo es Jose López Palazón, un intelectual y escritor al que, vete tú a saber por qué, el otro día convencí de que la felicidad existe, y que se propuso establecer conmigo una charla sobre marxismo, y que finalmente, al menos de momento, me explicó su Microfísica de la Libertad. De modo que con él he hablado, via cibernética de algunas cuestiones que me obsesionan y que le obsesionan también a él, hemos establecido impresionantes diferencias, y, yo por lo menos, aunque le aconsejaría que acortase los títulos de sus post y le incitaría a buscar la forma de que sus imágenes no quedaran pixeladas (¡tan difícil no será!), he sentido esa satisfacción poco habitual de encontrarse con un interlocutor inteligente y que puede aportarme cosas. Un interlocutor del que, por cierto, yo ya había hablado en una de mis primeras entradas, y que hasta que descubra que no soy para tanto, me da la esperanza de que por internet también se pueden hacer amistades y se puede conocer a gente que valga la pena.

De verdad, gracias.