El Dios Frank Frazetta

Lo que son las cosas. Resulta que uno puede ser admirador irredento de ese genio del lápiz, la tinta y el color que fue Frank Frazetta. Y también puede ser uno un gran admirador de las películas de Polanski, entre ellas la maravillosa, magistral comedia negra, ‘El baile de los vampiros’ (‘The Fearless Vampire Killers’ 1967). Y, sin embargo, no tener ni pajolera idea (o quizá sí lo sabía, pero lo olvidé, aunque fijándome bien, el estilo de dibujo es inconfundible…), de que el cartel de la película para Estados Unidos lo pintó Frazetta. Y es un cartel insuperable, en el que se avisa del erotismo, del humor y del pavor que provoca esa inolvidable película. Y es que a veces los genios coinciden, como esa expresión de que “las estrellas se alinean”. Y si Polanski me parece uno de los más grandes directores de la segunda mitad del siglo XX (y parte del XXI), desde luego Frazetta me parece un Dios en su campo, tal cual. Porque, como un demiurgo, creó con ayuda de la tinta y el color algunas de las más bellas, escalofriantes láminas que ha podido ver quien esto suscribe. Pura belleza.

Realmente, ser dibujante de talento, o más aún, ser un dibujante del genio de Frazetta, yo que no dibujo mal pero que en la vida he sido lo que se dice un buen dibujante, debe ser, creo, lo más parecido a la felicidad absoluta. Porque, como un novelista (y hablo de grandes novelistas, como Yourcenar, Faulkner o Rojas, y no a la basura de novelistas que hoy día copan los mostradores de novedades como una plaga desmoralizadora), como un músico, crea de la nada, sobre una hoja en blanco, una sinfonía de vida, ante la cual la misma realidad palidece. Como si electrocutasen con energía cuasi divina un pedazo de materia y lo dotaran de esa verdad que tantas veces parece escaparse entre los dedos, como la arena, en la gris vida que todos vivimos. Tal como dijo Thoreau, algunos (Yourcenar, Tarkovski, Bach…el propio Thoreau), desde el principio de los tiempos, han levantado, sutilmente, el velo de lo sublime, y así otros hemos podido presenciarlo.

Porque esto es sublime:

Frazetta pintó como nadie una épica oscura que yo no veo en el cine ni en la literatura nada más que en contadísimas ocasiones. Ese abismo entre la vida y la muerte, lo metafísico y lo físico, lo celestial y lo terrenal, en definitiva la naturaleza de lo bello encerrado en lo terrible y lo terrible encerrado en lo bello, que, creo, los grandes artistas siempre están buscando y no siempre encuentran. Y mucho más: una violencia y una intensidad que yo no he conocido en ningún otro artista gráfico.

Porque esto es un alucine:

La combinación de colorido y lirismo, de épica y de carnicería casi serena, le deja a cualquiera sin palabras. Realmente siento que mis comentarios sobran, o que mis pobres palabras no alcanzan siquiera a acompañar tanta brutalidad estética. El lector, incluso, puede considerar una intemperancia que yo afirme, como estoy a punto de afirmar, que me siento orgulloso y privilegiado por poner estas imágenes en esta página, y por compartirlas con él, contigo. Para mí son algo así como mi polla, como una parte de mí.

Frazetta, que nació en Brooklyn en 1928 y murió en Florida, víctima de un derrame cerebral, en 2010, es el gran maestro sobre la vorágine, la masacre, la virilidad, la femineidad y el bestialismo en el siglo XX.