2000-2009: Una desastrosa década para el Oscar

Los premios Oscar continúan siendo los premios más célebres del mundo, sobre todo en atención mediática, aunque cada año lo poco que queda de su prestigio (¿aún tienen prestigio?) decae un poco más. Lo que, oye, tiene su mérito, porque cuando uno cree que no pueden ser más manipulados por los grandes mandamases de Hollywood (con Harvey Weinstein a la cabeza, un tipo que hace y deshace en Hollywood a su antojo como un gran padrino todopoderoso), cuando uno piensa que su criterio (¿tienen criterio?) no puede ser más caprichoso, cuando uno tiene la esperanza de que no puedan ser más predecibles y preparados, siguen sorprendiéndonos negativamente y demostrando que todo es un circo comercial a mayor gloria de la forma de entender el cine que tienen los más conservadores de una industria que vive de grandes tiempos pasados y que, después del desmantelamiento acaecido en a principios de los ochenta, se esfuerza con un encomio digno de mejor causa en aparentar que aún son la vieja “fábrica de sueños” que acuñó algún cursi.

Todavía en los años noventa, aunque con decisiones realmente escandalosas, hubo ciertas valentías inapelables de “los académicos”, en su entrega de premios. En 1991 se alzaba con el triunfo la impresionante ‘El silencio de los corderos’ (‘The Silence of the Lambs’, Jonathan Demme), en 1992 ganaba ‘Sin perdón’ (‘Unforgiven’, Clint Eastwood), en 1996 la bella ‘El paciente inglés’ (‘The English Patient’, Anthony Minghella), en 1997 ‘Titanic’ (íd, James Cameron). El resto de ediciones alternan entre lo ridículo y lo muy cuestionable. Porque ridículo es que el torpe aunque “bonito” debut de Kevin Costner, ‘Bailando con lobos’, ganara en 1990 por encima de ‘Uno de los nuestros’ (‘Goodfellas’, Martin Scorsese) o ‘El padrino, parte III’ (íd, Francis Ford Coppola), sin contar con otras películas ni siquiera nominadas como la lírica e inolvidable ‘Muerte entre las flores’ (‘Miller’s Crossing’, Hermanos Coen). Muy cuestionable es que la bastante interesante ‘La lista de Schindler’ (íd, Steven Spielberg), aunque sin duda una muestra muy sobrevalorada de oportunismo y manipulación sentimental sobre el holocausto judío que palidece frente a ‘Shoah’ de Claude Lanzmann o ‘El pianista’ de Roman Polanski, se alzara con siete premios en 1993 cuando ahí estaba esa obra maestra titulada ‘Lo que queda del día’ (‘The remains of the Day’, James Ivory), que no se llevó ni uno solo.

Lamentable que quieran hacernos creer que ese caramelo ultraconservador de ‘Forrest Gump’ dirigido por Zemeckis era más valioso que obras imperecederas como ‘Cadena perpetua’ (‘The Shawshank Redemption’) de Frank Darabont, ‘Ed Wood’ de Tim Burton, ‘Balas sobre Broadway’ de Woody Allen o incluso el ‘Pulp Fiction’ de Quentin Tarantino en 1994. Poco convincente que ‘Braveheart’ de Mel Gibson fuera superior a ‘Seven’ de David Fincher, ‘Casino’ de Martin Scorsese o ‘Pena de muerte’ (‘Dead Man Walking’) de Tim Robbins en 1995. Una tomadura de pelo es que esa peliculita titulada ‘Shakespeare enamorado’ pudiera batir por goleada al ciertamente poderoso ‘Salvar al soldado Ryan’ de Steven Spielberg o a una obra de arte como ‘La delgada línea roja’ de Terrence Malick. En 1999 premiaban a ‘American Beauty’, que ciertamente es una obra notable con grandes valores estéticos, pero ahí estaban ‘El sexto sentido’ de Shyamalan, o la sublime ‘Magnolia’ de Paul Thomas Anderson. Pero la siguiente década fue incluso peor. Vamos a por ella:

2000

En el año 2000 el premio a la mejor película fue para la muy endeble ‘Gladiator’, dirigida por un director tan poco interesante como Ridley Scott, y de la que lo único destacable era la presencia arrolladora de Russell Crowe, que también ganó el Oscar, y ahí no hay nada que protestar. Penosa decisión cuando en el año 2000 estaba la mejor película, la más sólida y redonda, dirigida por el pocas veces cabal Steven Soderbergh, ‘Traffic’. Que una película para adolescentes, disfrazada de gran aventura peplum, fuera laureada (nunca mejor dicho) por encima de la tragedia que contaba Soderbergh es algo incomprensible

2001

La apisonadora, como bien fue definida por el mejor crítico de la historia de este país, de ‘El señor de los anillos’, que obtuvo trece nominaciones pero que se fue finalmente con cuatro técnicos, fue finalmente un entrante para que la vergonzosa ‘Una mente maravillosa’ de Ron Howard, que va de gran tragedia y gran historia americana, y que no es más que un repugnante espectáculo sobre la terrible enfermedad de la esquizofrenia paranoica, fuera considerada por los insignes académicos la mejor del año. Recuerdo que aquella edición podrían haber premiado a la magnífica y durísima ‘En la habitación’ de Todd Field, que en una secuencia tiene más cine que la película de Jackson y la Howard juntas.

2002

Esta fue una edición también vergonzosa. Que a la simplemente interesante ‘Chicago’ de Rob Marshall, que no era más que un pastiche de las grandes películas de Bob Fosse, se la elevara a los altares de esa manera, cuando el mejor actor, el mejor director y el mejor guión fueron para la superlativa ‘El pianista’ es algo que deja perplejo a cualquiera. ¿Cómo el mejor actor, el mejor director y el mejor guión no hacen la mejor película? Harvey Weinstein estaba detrás, claro, y a ese no hay quien le tosa. Pero también estaban ese año la muy valiente y poderosa ‘Gangs de New York’ de Scorsese, o la segunda parte de ‘El señor de los anillos’, mucho mejor que la primera y mucho más perfecta técnicamente y que pasó más desapercibida que la anterior.

2003

Otro año para lamentar. Que el ejercicio de marketing y efectos visuales, realmente vistoso pero poco profundo estéticamente, de la tercera parte de ‘El señor de los anillos’ arrasase de esa manera, sobre la magnífica ‘Mystic River’ de Clint Eastwood (que se alzó con mejor actor y mejor actor secundario, porque si no la cosa cantaba mucho…) es incomprensible. Pero es que eran incluso superiores, mucho más audaces y terribles, ’21 gramos’ de Iñárritu o ‘Ciudad de Dios’ de Meirelles. Aunque claro, a la ultraconservadora sociedad de Hollywood esas bellas y furibundas historias de desesperación y muerte les quedan demasiado grandes.

2004

Dentro de lo que cabe, considerar a la buena y noble película ‘Million Dollar Baby’ la mejor del año tiene su mérito. Pero ese año había una película infinitamente más audaz, innovadora, imperecedera que esa, que se tituló en España ‘Olvídate de mí’ y cuyo bello título original es ‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind’, una verdadera obra de arte. De nuevo, cosas así de grandes, estética, técnica, filosóficamente, son demasiado para la estrecha mente de los académicos.

2005

Si la película más valiente de Spielberg en muchos años, la irregular pero ciertamente fascinante ‘Munich’ no ganó, la cosa estaba cantada para ser un despropósito. Considerar a la mediocre ‘Crash’ como la mejor del año, por encima de esa y de una incluso superior a la de Spielberg como ‘Brokeback Mountain’ de Ang Lee, descalifica a cualquier academia o certamen de premios. Lo alucinante es que el premio a mejor director se lo llevó Lee, en otra patochada digna de un circo sin la menor credibilidad. Pero además ahí estaba ‘El nuevo mundo’, la más bella película de Malick y por extensión de los últimos años, cuya fotografía debió ganar y que perdió frente a la mucho más convencional de ‘Memorias de una geisha’. Sin palabras.

2006

Scorsese llevaba mucho tiempo queriendo ganar el Oscar, sobre todo por su vena cinéfila. Que lo ganara por su película más impersonal en mucho tiempo, aunque brillante y dinámica, ‘Infiltrados’ (‘The Departed’) es casi una broma de mal gusto. Más aún si consideramos que ‘Hijos de los hombres’ de Cuarón, ‘La vida de los otros’ de Donnersmarck, ‘Little Children’ de Field, ‘United 93’ de Greengrass son películas netamente superiores a las de Scorsese, que debió triunfar con obras imperecederas de su mejor época como la ya citada ‘Uno de los nuestros’, ‘Casino’, ‘Taxi Driver’, ‘Toro salvaje’ o ‘La edad de la inocencia’. Pero así es Hollywood, premiando un remake que nada aporta a la carrera de un cineasta legendario.

2007

Hubo un tiempo en que yo veneraba a los Coen. Me parecían divertidos, gamberros, desvergonzados y hasta subversivos. Hoy son la sombra de aquellos cineastas, sin el menor rasgo de tanta originalidad. Triunfaron con una película tan sosa y rutinaria como ‘No es país para viejos’, mientras que una obra de arte tan difícil, compleja, densa y terrible como ‘There Will Be Blood’ de Paul Thomas Anderson se conformaba con el premio al mejor actor y a la mejor fotografía, incontestables los dos. ‘La escafandra y la mariposa’ de Schnabel, o ‘El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford’ de Dominik, son muy superiores también al vacuo ejercicio de estilo de los Coen.

2008

Estaba cantado que triunfaría esa peliculita sin ningún interés titulada ‘Slumdog Millionaire’ de Boyle, que con ocho premios se convirtió en una de las películas más oscarizadas de la historia, cuando no es más que cine ultraconservador y vacío disfrazado de audaz y moderno. Hasta la un tanto sobrevalorada película de Fincher ‘El curioso caso de Benjamin Button’ merecía más que ella, y otras como ‘Milk’, ‘Frozen River’ o ‘El caballero oscuro’ (aún con sus fallos, que ya comenté en otra ocasión) tienen más cine en sus imágenes que la olvidable película de Boyle.

2009

Yo defendía en 1991, con doce añitos, a Kathryn Bigelow, cuando todo el mundo echaba pestes de ella: que si era una directora comercial, una machista, una copista… Acusaciones que jamás entendí. Casi dos décadas después gana el Oscar con la que no es, ni de lejos, su mejor película, y todo el mundo cae rendido a sus pies. Tampoco he llegado a entenderlo nunca. Convertida en la primera mujer que gana el Oscar a mejor directora, yo me alegré mucho por una de mis cineastas predilectas, pero la película del año, le pese a quien le pese (y le pesa a mucha gente al parecer, cuando es un regalo visual y de aventura de una generosidad y una potencia emocional enormes…) fue ‘Avatar’, y si ‘Titanic’ no hubiera ganado en 1997, esta película habría sido la triunfadora. Y había otras, como ‘El secreto de sus ojos’ de Campanella, ‘Inglourious Basterds’ de Tarantino o incluso ‘Up’ de la Pixar que hacen muy cuestionable el Oscar a mejor película para ‘The Hurt Locker’, un filme sobre Irak que fue estrenado primero fuera de EEUU, de la poca confianza que tenían en él.

Este año, después de la falacia de ‘El discurso del rey’ sobre por ejemplo ‘Winter’s Bone’ el año pasado, supongo que triunfará ese aburrimiento soberano que es ‘The Artist’, que ya han decidido que sea la ganadora. Hasta han nominado una banda sonora que, si bien no está mal, contiene fragmentos de otras bandas sonoras, en teoría algo prohibido en las normas de estos premios. Pero poco importa. Igual me equivoco y gana ‘Los descendientes’. Igual.