El delirante universo de Groo

Imaginemos a un individuo, a un sujeto al que podríamos definir como ‘tontolaba’ supremo (y supongo que todos hemos conocido unos cuantos en la vida real…), a cuyo lado Homer Simpson es un intelectual de talla histórica. Este individuo, claro, es el inefable y divertidísimo Groo, protagonista de una de las series de historietas más célebres, disparatadas, absurdas y famosas de todos los tiempos del cómic, aplaudida por maestros del medio, por aficionados, por colegas, por críticos. Creación de Sergio Aragonés, ayudado en diálogos por Mark Evanier, algunos dijeron que Groo era algo así como una parodia de la gran creación de Robert Erwin Howard, Conan (hasta lo retitularon en algunas ocasiones como Groonan….en fin), pero en realidad es una sátira de absolutamente todo lo que toca. Un ejercicio de demolición despiadada de las convenciones sociales, y de los academicismos narrativos. Una de esas cosas maravillosas, que como escuchar por enésima vez Extremoduro, volver a ver algún episodio de ‘The Wire’, o beberse una cerveza en alguna cala perdida y agreste de Mallorca, es una de las pocas cosas que convierten a la vida en algo más o menos soportable.

Groo es un guerrero atolondrado que generalmente actúa por buenas intenciones, pero que es tan gafe y tan destructivo, que siempre, absolutamente siempre, provoca un desastre de grandes proporciones, por lo que la gente huye de él como de la peste. Le acompaña a todas partes su perro Rufferto, que es muchísimo más inteligente que él (muy dificil no resulta), pero que le venera hasta extremos inconcebibles, y su par de espadas, y vagabundea por las numerosas historias que se han dibujado sobre él en busca de algo que comer o alguna aventura con la que matar el tiempo. En sus vagabundeos se cruzará con literalmente cientos de personajes, algunos episódicos y otros un poco más constantes, y conocerá un mundo bastante parecido al nuestro en sus mezquindades y luchas de poder, que él convierte en algo delirante. Lo interesante, y magnífico, de esta historieta, es que con ella Sergio Aragonés, como todo verdadero gran artista, establece una concepción propia del mundo y del hombre, y mientras nos hace reír a carcajadas, reflexiona y critica con ojo certero y lucidez incuestionable sobre cualquier tema imaginable: económico, social, político, histórico, costumbrista, estético.

Aragonés, que como Buñuel (con quien por cierto le une un espíritu subversivo y un inconformismo moral, además de otras cosas) emigró a México durante la Guerra Civil española, despliega todo su talento barroco en el dibujo y entintado, y toda su mala leche y su ingenio en tramas muy elaboradas, con continuos saltos el tiempo, sorpresas, hallazgos escenográficos o giros inesperados, en una narrativa arrolladora. Dueño de los derechos del personaje, conoció un masivo éxito en Estados Unidos y no es tan conocido en España. Pero los grandes amantes de la historieta le tienen como lo que es: una leyenda viva de la viñeta. Y a su Groo, al menos quien esto firma, como lo que es: una vasta creación estética e intelectual, que educa la mirada para reírse un poco más de todo y de todos, y para observar el circo de mundo en que vivimos con un poco más de lucidez y de ternura. Si veis en algún rastro algún volumen de Groo, dejad para otro día la biografía de Dickens. Seréis un poco más felices.