Sobre Boris Pasternak, literatura y la suprema estupidez humana

Amigo lector, que quizá quieres escribir tú mismo, o que simplemente crees que la literatura es la más noble y extraña de todas las artes: escribir no solamente es un infierno cuando lo haces bien y estás comprometido con tu visión del mundo. Es convertirse en un apestado, en un difamado por aquellos que no te llegan ni a la suela. Y el epígono de todo esto fue un poeta capaz de escribir estas líneas:

TRANSFORMACIÓN

Era amigo en un tiempo de los pobres,
No por nobleza alguna de ánimo,
Sino porque la vida sólo entre ellos
Transcurría sin falsedad, sin fastos.

Frecuentaba las casas de los nobles
Y los ambientes refinados;
No obstante, aborrecía a los parásitos
Y amaba la miseria más odiosa.

Y me esforzaba por hacerme amigo
De los que trabajaban como obreros,
De modo que me hacían un honor
Al acogerme entre los harapientos.

Tangible, sin palabras, sustancial,
Firme y robusta era la vida
En la desolación de aquellos sótanos
Y en aquellos altillos sin cortinas.

Y también yo me corrompí
Al tocarme la ruina de la época;
Se hicieron optimistas, bien pensantes,
Y el dolor transformaron en vergüenza.

Para todos aquellos en los cuales confiaba
Desde hace tiempo soy un sospechoso,
Y al hombre lo he perdido desde cuando
Fue perdido por todos.

Pasternak sufrió una existencia, en su mayor parte, desoladora, primero por ser poeta, y segundo por vivir bajo el régimen comunista de la Rusia que, desde hace décadas, condena a los más grandes artistas al infierno sólo por decir lo que piensan y contar la vida que ellos ven con sus ojos. Cuando fue galardonado con el Premio Nobel, al final se vio obligado a rechazarlo por el régimen, y escribió un telegrama en el que esperaba…”que no se lo tomaran a mal”.

voy a repetirlo…

…”que no se lo tomaran a mal”…

No sé al lector. A mí, pensar en el hombre asombroso, poeta eminente, novelista legendario (y la palabra novelista es algo que cabe a pocos, muy pocos, fabricantes de libros actuales), que rechazó ese importantísimo premio (antes más que ahora) y esperando que no se lo tomaran a mal, me conmueve hasta lo más profundo. Pasternak es uno de esos ángeles que por un azar misterioso vino a la  desgraciada Tierra y nos hizo un poco mejores. Y murió en la ignominia. En el olvido y la pobreza. Como los grandes. Porque en esta puta mierda de mundo desagradecido los más grandes mueren solos y enterrados en la hipocresía de los más cínicos y estúpidos.

Oscar Wilde murió en un hotelucho cerca de París, solo y pobre, de un terrorífico cáncer de oído que no me quiero imaginar el dolor que puede ser…

Edgar Allan Poe murió con las ropas de vagabundo, y borracho y enfermo, y tardaron tres días en identificarlo, y había entregado sus derechos literarios a un hijo de perra…

Henry David Thoreau murió por el grafito, que dañó sus pulmones, pues fabricaba lápices, y ya nadie se acordaba de él, a la misma edad que Wilde.

Si quieres escribir, amigo, y ser grande, prepárate. Esta puta mierda de mundo y la suprema estupidez humana te van a dar lo tuyo.