Qué asco da la envidia

El escritor satírico Jonathan Swift escribió la famosa frase (que inspiró el título de la no menos famosa novela de John Kennedy Toole que todo el mundo conoce): “cuando en el mundo aparece un verdadero genio se le puede reconocer por este indicio: todos los necios se conjuran contra él”. Supongo que todos hemos conocido necios (a los que el DRAL define como ignorantes, imprudentes, tercos y presuntuosos) en la vida, y no pocos. Son los que con mayor contumacia ejercitan el músculo atrofiado de la envidia (el único de que disponen). Y cuando la envidia es muy grande, crónica y enfermiza, se convierte en algo realmente canallesco, que priva de la menor sensatez a quienes la aplican contra todo aquello que ellos saben que les descubre como lo que son: unos mequetrefes que van por ahí orgullosos de envenenar todo aquello que tocan, unos pobrecitos hombres y mujeres amargados que sienten placer destruyendo, difamando, injuriando, cuya existencia es tan patética, y el curso y flujo de su pensamiento tan infantil y subdesarrollado que más que desprecio (que también) provocan pena.

Todo esto viene a cuento, claro, de la que se ha armado con los guiñoles del Canal Plus francés. No voy a poner los vídeos porque todo el mundo los ha visto ya y porque prefiero poner una buena foto de Nadal o de Contador, dos grandes campeones, dos grandes genios que han asombrado al mundo, por mucho que uno de ellos, el segundo, se vea ahora difamado, injuriado y aniquilado por una justicia que a estas altura del siglo XXI parece exactamente lo que es: un chiste sin la menor gracia. Con la inhabilitación de Contador los gabachos (imagino que no todos son iguales, por supuesto) han aprovechado para desacreditar todos los numerosos éxitos deportivos españoles, sin dejarse en el tintero ni uno de ellos: en el fútbol, en el baloncesto, y claro está en el tenis. Nos hemos quedado con la boca abierta viendo al guiñol de Nadal meando en el depósito de combustible de su coche para después arrancar a toda velocidad. Y mucho más con ese vídeo en el que salen Casillas, Gasol y de nuevo Nadal firmando un manifiesto en apoyo de Contador, haciendo uso de enormes jeringuillas supuestamente cargadas con sustancias dopantes. La “broma” se ve redondeada por un cartel con los logos de las federaciones deportivas españolas que reza que los españoles no ganan por casualidad…

Espera, que me parto la caja…

Tiene que ser muy duro montar uno de los torneos tenísticos más importantes del mundo, Roland Garros, y no ganar allí desde hace muchísimos años. El tenista galo con mayor talento de los últimos tiempos, Gael Monfils, cuyo juego me parece muy interesante y que creo que puede hacer grandes cosas, atesora como el logro más significativo en ese torneo de su propio país haber llegado a semifinales, y tiene los mismos años que Nadal. Pero claro, Rafael Nadal ganó ese torneo con diecinueve primaveras y en su año de debut.

Voy a repetirlo, por si acaso algún gabacho está leyendo esto: en su año de debut.

Y desde entonces ha ganado cinco veces más, siempre cuestionado por la prensa francesa y española en cuanto muestra el menor signo de debilidad, con los asistentes aplaudiendo presos de júbilo cuando cayó en octavos frente a Söderling. Y es que tiene que joder mucho no haber tenido a un Nadal jamás en toda tu historia deportiva. Es decir, hay que compadecerles. Tiene que joder tanto ser un inútil total que te pones a inventar cosas como que los deportistas españoles no ganan por casualidad, después de que muchos deportistas franceses hayan caído en la ignominia por el uso y abuso de sustancias prohibidas. Y es que también es verdad eso de que algunos ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

El caso Contador, como el caso de Marta Domínguez, está presidido por una desidia de base en la aportación de pruebas, y por una resolución en su caso que bordea el absurdo total. Sin pruebas concluyentes, y asumiendo que hay muchos indicios de dopaje involuntario, le han retirado del ciclismo y le han amargado la existencia. Es lo que les ocurre a los envidiosos. Como son unos amargados, tienen que amargar a los demás. Él no se va a rendir, por supuesto, porque cuando eres un gran campeón demuestras tu clase no solamente practicando el deporte, también cuando no lo practicas. Pero ahora que le han retirado del Tour me pregunto si algún francés ganará en la ronda durante los próximos diez o quince años. Ojalá sea así y se les pasen los complejos, que en España ya estamos hartos de sentir pena por ellos.