No sé qué coño es la Literatura

Vamos por partes. Hoy todo el mundo quiere ser artista. Mejor aún: todo el mundo cree tener el derecho de creerse un artista. ¿Quienes son esos putos creídos que van por ahí hablando de arte, joder, o diciendo que son artistas? Paso de ellos. Yo tengo mi cámara de fotos y en mis paseos por el río hago unas fotos cojonudas del rocío extinguiéndose, bucólico, posado sobre el verde del camino. Así que nadie me puede decir que no soy un artista, yo decido qué es el arte.

Cosas parecidas.

Me enrollo. Y sólo acabo de empezar.

Eso del arte es un coñazo de proporciones cósmicas cada vez que cualquier cateto envanecido lleva a cabo ese acto imbécil de convertir el arte en algo ideal, intangible, o en algo elitista, abyecto en su naturaleza aristocrática y, por lo tanto, despreciativa para todos aquellos sin el paladar mínimo para poder degustarlo. Para entendernos: el artista, o el arte, son divinizados o demonizados en esta sociedad gilipollas que trata de hacer lo que el ciego describiendo el Arco Iris. El nivel de artista es lo que muchos intentan alcanzar, pero, mientras tanto, se desprecia a aquellos que lo han alcanzado. Así de gilipollas estamos. Otro día hablo de mi teoría del caos, hoy estoy espeso.

A mí me gusta hablar de arte. Pero no para teorizar o para decir lo que pienso que es. No tengo ni puta idea de lo que es. Yo hablo de mis experiencias sensoriales con él. Todo lo demás me la suda. Creo que el arte esta destinado a procurar un estado anímico muy concreto en quien lo experimenta. Todo lo demás, es muy cuestionable. Eso de hacer pensar, eso de hacer madurar, eso de hacer sentir cosas maravillosas o tristísimas… Todo eso me parecen chiquilladas de quienes pretenden abrazar la espuma de las olas (Nota: no se puede abrazar la espuma de las olas, por si alguien lo dudaba…es la espuma la que te abraza a tí).

Por eso hablar de arte (de cine, de música, de literatura) es una pérdida de tiempo. Cada uno debería, pienso yo, hablar de lo que le conmueve. Lo que le hace moverse con, diantres. El arte no es una cosa maravillosa para disfrutar. El arte es un puto infierno que nos hace vernos tal cual somos. Es constatar el fracaso absoluto de la raza humana, que lo necesita para darse cuenta de que otros mundos son posibles, en lugar de este mundo gris que algunos se empeñan que sea el único. Si el hombre fuera una criatura interesante, poderosa, libre, no crearía arte. Sería arte. Sería, sin más. Pero, en lugar de eso, crea apéndices de sí mismo. Dice: “oye, no soy tan deforme, puedo hacer esta cosa tan bella”.

Ya lo advertí, me enrollo, estoy espeso.

A mí no me gusta el cine. Cuando alguien dice que le gusta el cine…no lo comprendo. ¿Cómo te puede gustar semejente circo paridor de memeces? Me gustan algunas películas, claro. Algunas películas que son arte. Tampoco me gusta la literatura. Decir que me gusta la literatura sería confesar que me gusta leer gilipolleces. Y no me gusta. Me gusta leer cosas excepcionales. Tampoco me gusta la música. Me gustan algunos autores. El arte es como un gran miasma blancuzco en el que todo el mundo chapotea. Pero algunos lo redimen. Deja de ser una emanación corrupta, diseño disfrazado de estética, entretenimiento disfrazado de trascendencia. Se convierte en un pedazo de vida, en una confesión, en la negación de la muerte.

Bien, al tema: ¿qué coño es la literatura?

No tengo ni puta idea.

El otro día, leyendo el blog de Alberto Olmos, me encuentro con esto:

“No puede (puede, claro) porque: las descripciones por escrito en un entorno audiovisual confirman al lector la minusvalía literaria -porque existe Google Images-; las biografías de los personajes no aportan nada al lector -porque tiene 1000 amigos en Facebook-; la Historia de la Humanidad no es lo que queremos leer -porque hemos ido a la Universidad y leemos el periódico y libros de Historia-; los personajes son apenas un boceto -porque en dos planos Omar Little en The Wire es un personaje; las curiosidades podemos encontrarlas todos por cientos en la Wikipedia; la omnisciencia es ridícula -porque no hay Dios y hay I-pods, I-pads, atención al cliente, customización y cartas personalizadas: queremos al individuo-; las tramas son todas televisivas -porque hay miles de tramas de consumo rápido en miles de películas y capítulos de serie de televisión y la trama de una novela sólo es buena en la medida en la que se puede hacer un filme con ella-.

Ni descripciones, ni biografías, ni Historia, ni personajes, ni curiosidades, ni omnisciencia, ni trama: lo demás es literatura.”

Y luego va el tío y dice que Javier Marías, que hace precisamente todo eso en todas y cada una de sus novelas, es un novelista excepcional. No cuadra, Malherido, se te ve el plumero. Tu blog es más que recomendable y usas los tacos mucho mejor que yo, eso te lo reconozco. También te reconozco que te quedó muy bonita la última frase. No eres novelista (más bien un interesante periodista y un más que interesante crítico, que no es poco), pero no digas una cosa y luego digas otra. Aunque bien es cierto que todos somos la leche de contradictorios.

Eso me recuerda a lo que dijo Fernando Vallejo: “toda la literatura en tercera persona no vale nada, es una mentira”. Joder, y luego me llaman a mí radical. A mí que me leo a Susan Sontag con la misma pasión con la que me paso tres horas delante del ‘Call Of Duty: Modern Warfare 2’ (el 3 es lo mismo, pero con gráficos aún más increíbles), y que creo que en la diversidad se encuentra el marco perfecto para que florezcan las artes. Pero todos queremos demostrar lo listos que somos (pues todos somos, queremos creer que somos, más listos que los demás), todos queremos ganarnos partidarios intelectuales. Todos queremos ser la hostia. Y sólo unos pocos lo consiguen. El resto encorseta, constriñe, demuestra lo poco (o lo demasiado) que les quiso su madre.

Como a mí gustaría terminar alguna de las tres o cuatro novelas que llevo dentro (no llevo más, y así es mejor), y eso me define como una persona con inquietudes creativas (qué expresión más fea…) y como un aspirante a apestado/privilegiado Artista, tengo que enfrentarme al hecho sin más: no sé qué es la literatura. Respeto tanto la Novela Obra de Arte, como la Novela de Aventuras. Me maravilla cómo resuelve una situación William Faulkner, y me entusiasma el vibrante colorido existencial de Conan, el bárbaro.

Y como éste es mi blog, y escribo lo que me da la gana y nunca para hacer amigos, voy a decir lo que quizá sea la literatura:

Un pedazo de vida que jamás existió. Puede ser un poema, un relato, un cuento o una novela (cada uno con sus flexibles reglas). Es morirse para poder seguir viviendo, porque cuando mueres en una novela, cuando quedas destruido por el talento del artista, ves que nada importa, ni siquiera la muerte. Y sigues viviendo, y no tienes tanto miedo a morir de verdad. Porque leer la última página de una gran novela es que se muera esa novela y te mueras tú. Y ver la muerte de un personaje o de un universo es acercarte más a la muerte de lo que te acercarás en tu vida, pero aún estás a salvo. Y esa amarga bocanada de aire que te avisa que todo se termina, que todo tiene un final, también te avisa, pero a susurros casi imperceptibles, que el final sólo es el principio. Que estás solo, y que quizá eso sea algo bueno.

Lo sé, me ha quedado una puta mierda de post, absurdo y subnormal. Pero los primeros borradores eran mucho peores. Casi convertían a este subproducto final en algo digno.