Lo acabo de comprender

Yo no soy un tipo demasiado listo. Creo firmemente que hay una diferencia entre ser listo y ser inteligente. Inteligente sí lo soy, me parece. Tampoco la hostia de inteligente, pero bastante más inteligente que muchos de los que me rodean. No es decir mucho, pero ya se sabe: en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Eso sí, listo no lo soy para nada. En caso contrario, otro gallo me cantaría. Un tipo listo no necesita ser inteligente. Necesita emplear todas las oportunidades materiales a su alcance para vivir mejor haciendo menos. Es decir, que en mi opinión la “listeza” es algo así como pragmatismo en grado elevadísimo, oportunismo sin escrúpulos de ninguna clase. De eso andamos sobrados, por desgracia, en una tierra tan ignorante y canallesca como es España. Pero como soy inteligente, ya digo, lo acabo de comprender, y no era tan difícil:

La panda de hijos de puta que, desde hace un par de milenios lleva intentando esclavizar al mundo, y que, por ejemplo, organizó eventos tan importantes como la Segunda Guerra Mundial, son exactamente los mismos que ahora mandan en Wall Street y en el Vaticano y en Berlín, pero con diferentes máscaras, y con menos violencia directa, consiguen lo mismo: acabar con todo y enriquecerse mientras tanto.

Dirá el avispado lector: “Massanet, estás de domingo…¡eso ya nos lo figurábamos muchos!”. Bueno, vale. Puede ser cierto, o puede que no. Pero por mi parte voy a intentar llegar más allá, acompañado de mi café mañanero y dispuesto a demostrar lo inteligente que soy (o no). Porque hace poco hablaba yo del lobo ibérico, y ahora vuelvo a romper mi promesa de no leer la prensa ni borracho y veo que está ardiendo un importante parque natural gallego, amén de otros desastres naturales en medio mundo, que justifican políticas y directivas de medio ambiente absolutamente disparatadas, están provocados y controlados por los mismos tipejos. Y esos desastres naturales provocados y dirigidos por los jefes del cotarro (con apariencia de accidentes aleatorios), que poco a poco van deforestando el mundo, y extinguiendo especies naturales que hacen posible la diversidad biológica en la Tierra, van convirtiendo la vida en este planeta en un desierto apocalíptico, en el que los amos vivirán en altas torres de acero con piscinas y frutas y morenazas en tanga que les abanicarán, mientras los esclavos trabajarán a base de latigazos y vivirán en cuevas. Pero lo van haciendo poco a poco, muy poco a poco.

Porque han aprendido la lección después de muchos errores. Y esta vez van a por todas.

Y el concepto de poco a poco es esencial. Cuanto más poco a poco, la masa aborregada menos cuenta se dará de lo que está sucediendo. A lo mejor, como mucho, llega a creer que eso que se llama Progreso crea monstruos y desventajas coyunturales como la destrucción puntual de la naturaleza. Pero son borregos, que creen que saben lo que está pasando. Y no saben nada. No sabemos nada. Si supiéramos que no sabemos nada, sabríamos algo. ¡Pero no lo sabemos! Así que estamos bien jodidos. Y todos esos hijos de puta…perdón, porque las putas no tienen nada de malo. Todos esos hijos de perra…perdón otra vez, que los perros vienen de los lobos y no son tan mala gente. Todos esos cobardes rastreros, esclavizadores, que desde el principio de los tiempos han querido hacerse con todo, se han preocupado muy mucho de que no sepamos nada. Hasta el punto de que los agujeros en el conocimiento del pasado del hombre son tan abisales que da miedo mirar en ellos y comprender (sí, este post va de comprender) que se ha perdido para siempre. Que no podemos aprender de los errores del pasado, tal como están haciendo ellos constantemente, porque ahora todo son leyendas, y con las leyendas sólo se puede hacer literatura.

De modo que toda esa literatura, aparentemente de fantasía, en la que una especie de semidios quiere esclavizar toda la Tierra con las fuerzas de la oscuridad, y en la que los pocos guerreros valientes se oponen a él, tipo ‘El señor de los anillos’, todo eso es verdad, maldita sea. Todas esas historias de vampiros y de mundos futuros distópicos en los que se nos cuenta que la realidad es una dulce apariencia y debajo de todo eso hay un mundo aterrador que nos devora silenciosamente, todo eso es verdad, joder. No es cuestión de ser paranoico. Es cuestión de ser lo bastante paranoico. La gente compra estas historias, y muchas más, en las librerías, pretendiendo entretenerse, o inspirarse. Pero les están contando la puta verdad, la que existe delante de sus narices, y ni siquiera se dan cuenta. Porque ya lo he dicho, son borregos que ni siquiera saben que no saben nada.

Y todos los medios de comunicación trabajan para esos esclavizadores. Y todos los tentáculos de poder de los gobiernos (iglesias, ideologías, autoridades, policía) trabajan, quizá sin saberlo, para esos esclavizadores. Y mientras, el hombre común, el hombre honesto, sigue aguantando. Y mientras, el artista sigue avisando, sigue escribiendo, sigue filmando, sigue convocando lo mejor del ser humano y llamando a un despertar, a una conciencia, a una lucha interna. A una maduración. Y mientras, todo va poco a poco a peor. Muy poco a poco. Lento pero inmisericorde. Y la vida, que tiene infinitas posibilidades, vuelve a ser la nada. Pero lo veo cerca de mi escritorio y abro uno de los más maravillosos libros que se han escrito jamás, y leo lo siguiente, y me conmuevo y puedo volver a tener esperanza:

“Algunos creen que todo el terreno de la vida humana ha sido examinado por sus predecesores, tanto las cimas como los valles, así como todas las cosas por que preocuparse. Según Evelyn, “el sabio Salomón prescribió la distancia entre los árboles y los pretores romanos decidieron con qué frecuencia se podía entrar a recoger impunemente las bellotas caídas en la tierra del vecino, y la parte que le correspondía”. Hipócrates indicó incluso cómo cortarse las uñas, hasta el extremo del dedo, no más largas ni cortas. Sin duda, el mismo tedio y aburrimiento que parece haber agotado la variedad y los goces de la vida es tan viejo como Adán. Pero las capacidades del hombre nunca han sido medidas, ni vamos a juzgar sobre lo que puede hacer por precedente alguno, con lo poco que se ha intentando. Cualesquiera hayan sido hasta ahora tus fracasos: “no te aflijas, hijo mío, pues ¿quién te señalará lo que has dejado por hacer?” (cita del Vishnú Purana). 

Podríamos someter nuestra vida a mil sencillas pruebas, como, por ejemplo, que el mismo sol que madura mis judías ilumina a la vez un sistema de planetas como el nuestro. Si hubiera recordado esto, habría evitado ciertos errores. No las cultivaré a esa luz. ¡De qué maravillosos triángulos son ápices las estrellas! ¡Qué seres distantes y diferentes en las varias mansiones del universo contemplan lo mismo a la vez! La naturaleza y la vida humana son tan variadas como nuestras diversas constituciones. ¿Quién dirá qué perspectiva ofrece la vida a otro? ¿Podría ocurrirnos un milagro mayor que mirar a través de los ojos ajenos por un instante? Deberíamos vivir en todas las épocas del mundo en una hora. ¡ay, en todos los mundos de cualquier época! ¡Historia, poesía, mitología! Ninguna lectura de la experiencia ajena sería tan provechosa e informativa como ésta.”

‘Walden’ – Henry David Thoreau