La expresión ‘buena persona’: falacia universal

En una de las primeras entradas que escribí en este magnífico e inimitable blog, hablaba yo de falacias universales. Falacias tales como que “el que calla otorga” (enorme estupidez que inventaron, precisamente, esos que no hacen más que propagar falacias, y que a su vez hace muy creíble una de las pocas frases hechas que son una jodida verdad como un templo de grande: que una mentira mil veces repetida adquiere la apariencia de verdad incontrovertible). Pero mi falacia preferida está compuesta únicamente de dos palabras, de doce letras, que en mi opinión, la opinión de un loco como yo, quizá el mayor chiflado del país (hablo en serio), son las más dañinas de cualquier lengua y en cualquier lengua: Buena Persona. Good Person. Bonne Persone. Boa Persoa. Bona Persona. Berson Da. καλός άνθρωπος. Duine Maith. Người Tốt. Orang Baik. хороший человек. Tajba Persuna. جيد شخص.
Si es que da igual cómo lo escribas.
Putas ganas de vomitar.
Esto de Buena Persona, que no sé quién diablos se lo inventó, me provoca una urticaria semejante a tanto pavo y tanto plumilla y tanto paleto descerebrado hablando y escribiendo sobre lo que es una Obra Maestra del arte cuando los pobres mequetrefes poseen una cultura semejante a la de un adolescente semi-analfabeto. También hay no pocos analfabetos con grandes carencias de personalidad hablando a todas horas sobre el Amor, con esfuerzo encomiable pero estéril para describir o comentar un sentimiento tan complejo y, en cierto modo, trágico. Curiosamente, no son los más preparados, sino los menos, los que también hablan de lo que es o no es una buena persona y una mala persona, con lo que el pifostio intelectual está servido. Yo, que además de tener una deuda con los pocos lectores (pocos, pero asiduos, y algunos de gran categoría intelectual, algunos…) de Cuaderno Audiovisual, porque ya he anunciado varias veces que iba a hablar sobre las jodidas Buenas Personas, también escribo esto para saldar una deuda conmigo mismo. Porque las pocas personas que realmente me conocen bastante (nunca se llega a conocer a fondo a nadie, y solamente cuando eres capaz de quererles tanto que debes soportar sus miserias más íntimas a lo mejor, sólo a lo mejor, llegar a conocerles bastante, y a odiarles mucho) saben mi problema emocional con eso de que me consideren mala persona…y también con eso de que me consideren buena persona. Porque no sé qué demonios soy. Y detesto que los que no me conocen ofrezcan juicios de valor sobre mí, cuando muchos no pueden ni poner las comas en una frase. Y porque aunque no me quiero nada, me admiro bastante, me parece que merezco algo mejor que una simple sentencia: “buena persona”/”mala persona”.
Pero me voy por las ramas: creo sinceramente que quienes hablan en términos de buena o mala persona, o de amor puro o verdadero, no saben nada de la naturaleza humana. Son dueños de una mente inmadura. Esto es, infantil. Analicemos las cosas con detenimiento:
¿Qué es lo que mueve al hombre? No es ni el amor ni la belleza. Algunos dirían que es el dinero, pero en realidad tampoco. Lo que mueve al hombre es la necesidad, desde su nivel más primario. Necesidad de tres cosas, esencialmente: comida, agua, cobijo. Una vez que esas tres cosas básicas están garantizadas, el hombre evoluciona en sus necesidades hasta que estas se convierten en anhelos, que para algunos se traducen en codicia. Codicia de ser, codicia de tener. Pero, aunque la comida, el agua y el cobijo estén garantizados, nunca estarán completamente garantizados. Es decir, siempre persistirá en nuestro interior el miedo a carecer de alguno de ellos (perpetuado en nuestra memoria genética desde nuestros tiempos en la jungla), o de todos, con lo que vivir se vuelve mucho más duro que morir. Ese miedo, esa angustia, es la que impide que hagamos nada de una manera altruista, y si fuéramos un poco sensatos y un poco sinceros, seríamos capaces de admitirlo. Absolutamente todo lo que hacemos a lo largo de un día completo (dormir, comer, trabajar, mear, cagar, distraernos, socializarnos, instruirnos, darnos placer), de un año completo, de una vida completa, tiene un objetivo específico destinado a que vivamos un poco mejor, un poco más cómodamente, a que el miedo se distraiga un rato. Es realmente muy raro llegar a hacer un acto altruista. Rarísimo cometer una acción que te perjudique seriamente la vida para que otro mejore la suya.
Según lo que la mayoría de la gente piensa, me consta, ser buena persona es hacer precisamente eso: cometer buenas acciones en beneficio del prójimo. Sales de un establecimiento y te quedas un segundo sosteniendo la puerta porque viene alguien detrás de tí. Acompañas el gesto con una sonrisa, y te ves a ti mismo sonriendo. Cedes tu asiento en el autobús a la viejecita o a la embarazada o al tipo con muletas, y acompañas el gesto con una sonrisa también. Subes las bolsas de la compra a la vecina con reúma a la que oyes gemir cada fin de semana por no disponer de ascensor, y no solamente acompañas el gesto con una sonrisa sino que permites que te cuente su vida como si fuera lo más interesante del mundo. Lloras de rabia, pena y/o indignación cuando ves en un documental cómo apalean a animales, y te ves a ti mismo llorando. Te conmueves con una bella melodía interpretada al piano, y sabes que puedes mirarte a ti mismo con orgullo porque estás emocionándote y eso te hace hermoso y especial.
Nada de eso es ser buena persona. Es lo que dice todo el mundo, pero no es verdad. En todos y cada uno de esos momentos, y en muchos más, estás haciéndolo por ti mismo, de modo que haciendo una supuesta buena acción por alguien, quizás un desconocido, quizás en perjuicio de ti mismo (porque tienes prisa, estás cansado, o por lo que sea), lo que estás es aprovechándote de una circunstancia social o personal para ser benévolo contigo mismo. Te miras interiormente mientras sonríes o lloras o te conmueves, y ganas un concepto positivo de tu propio ser que te ayuda a seguir adelante, a creer “que mereces la pena”. Y, más al fondo de la cuestión, ahuyentas de nuevo ese miedo, ese a quedarte sin cobijo, agua o comida, porque en el fondo de tu ser sabes que en esta sociedad, si echas una mano, quizás alguien te ayude a ti cuando lo necesites. De modo que vas a dar algunas migajas de tu tiempo, de tu fuerza o de tu ánimo, en la esperanza de que, cuando vayas en muletas, cuando seas anciano, cuando te falte un euro para coger el autobús de vuelta al hogar, cuando te sientas desfallecer, alguien se acordará de lo que hiciste por él, y podrás seguir viviendo un poco mejor.
Ni siquiera las madres son altruistas. Cuidar de su progenie es algo instintivo, y preservándoles del hambre y del sufrimiento, se preservan a sí mismas de verles sufrir y de sufrir con ella.
Cuando aceptas a un nuevo amigo en tu círculo social, lo haces porque algo te da: es simpático, es listo y te estimula, es divertido y te divierte, es atractivo y te atrae. No lo haces “porque sí”.
Y dirán, algunos: pero hay gente que se acerca a los más estúpidos, a los más gafes, a los más amargados. Claro que los hay, porque a su vez son amargados, gafes, aburridos. También los hay autodestructivos y se juntan con otros parecidos a ellos. Y también los hay solitarios, y no se juntan con nadie.
Por contraposición, las malas personas son las que llevan a cabo actos perniciosos para los demás en beneficio propio. El problema con actos perniciosos y nobles, es que todo depende del cristal con el que se mire la realidad, y lo que alguien considera malo, otro lo puede considerar bueno, o al menos positivo, constructivo. En realidad, nadie puede hacerte algo malo si tú no se lo permites, y si se lo permites, eres tan malo, haces algo tan malo, como él. Y ahí voy a basar yo mi argumentación de lo que es una buena persona, para ir terminando.
En mi opinión, una buena persona lo es incluso aunque los demás piensen que es mala. Es decir, que sacrifica la opinión general sobre ella, por una convicción o un ideal, y no se aparta de esa convicción aunque pase a la historia universal como un villano. Lo más probable es que los más inteligentes y sensibles de esa masa que puede llegar a aborrecer a esa mala persona, aprecien muchas cosas buenas que hizo. Aprecien su sacrificio. Porque ser uno mismo es sacrificarse por los demás. Cometer actos mezquinos o imperdonables a veces es necesario para continuar viviendo. Y cometer actos bondadosos y compasivos es sacrificarse para aceptar un poco más la muerte. La historia terminará juzgándolos o crucificándolos. Puede que nunca se llegue a saber la jodida verdad sobre lo que hizo o lo que era, pero él sí lo sabía, y eso le basta porque creía en sí mismo. Eso es ser, creo, una gran persona.