Y luego…¿qué?

No hay manera. Aunque estoy muy cansado y he decidido irme antes a la cama, no puedo dormir. Mejor dicho, sí puedo dormir, pero me despierta continuamente una violentísima tos seca que me lleva por el camino de la amargura. De pronto, me sobreviene un picor insoportable en el centro de la garganta, que me produce una compulsiva tos, la cual parece ser el temporal remedio involuntario a ese picor. Pero pica más y toso más, casi hasta llegar a las náuseas. Esto es un infierno. Así que, como dormir resultaría imposible ni aunque hubiese estado todo el día cargando camiones con yunques de treinta kilos, me he puesto delante del ordenador a escribir. El problema, claro, es decidir sobre qué coño escribir. Eso no lo tengo tan claro.

Hay una cuestión en torno a la cual llevo dándole vueltas a este cabezón mío (porque, admitámoslo, tengo una buena almendra…quizá no como Ernesto Sevilla de grande, pero por ahí le anda…) hace ya bastante tiempo. Es la estupenda y manida y absurda cuestión del futuro. No existe tema más estúpido sobre el que hablar y preocuparse. Sobre todo ese futuro en el que uno pretende verse a sí mismo mejor de lo que está en el presente, o al que uno le gustaría acercarse en la medida de lo posible con todos los medios sociales y económicos a su alcance, siempre en detrimento de la única cosa que tenemos, que es el jodido presente. Y digo jodido, porque aunque el futuro es un túnel negro sobre el que es muy difícil tener las cosas claras, y el pasado es un solar que esperamos poder superar y que no nos trae más que amarguras (cómo detesto que la gente diga que lo mejor estaba en el pasado…si realmente era lo mejor…¿por qué se fue?), se supondría que el presente es lo único más o menos sólido a lo que poder aferrarse. Pero el presente es como un caballo salvaje, que hace lo que le da la gana muchas veces sin contar contigo, y que se escapa entre los dedos cada vez que uno trata de capturarlo.

Así que la cosa está bastante complicada. Pero vivir el presente, o aprender a vivirlo, parece ser la única forma de encontrar una cierta plenitud en esta mierda de existencia. Y, sin embargo, contradiciendo lo que nos gustaría hacer, nos pasamos todo el tiempo elucubrando acerca de cómo estaremos en el futuro. Pero cada vez tengo más claro que planificar cosas a más de dos días de distancia en el futuro, es una estupidez como un piano de grande. Porque va a llegar el destino, el azar, Dios o lo que coño sea, y se va a reír de ti en tu puta cara mientras te quedas con ojos de imbécil preguntándote qué hiciste mal.

Joder, qué tos…

Ahora bien. Imaginemos que lo que pensamos que acontecerá en un futuro o, mejor dicho, lo que esperamos que sea ese futuro pactado en esta sociedad, se hace realidad sin grandes cambios. Pues en la mayoría de los casos se trataría de un aburrimiento soberano de vida tan grande, que podrían suicidarse con su futuro y ciertamente ni el Planeta Tierra ni el devenir del cosmos temblaría un ápice. Porque, seamos claros, lo que la mayor parte de la gente desea es tan absolutamente deprimente, que menos mal que llega ese aludido azar o destino y nos despereza un poco con sus crueldades. A saber…

…conseguir un buen curro y tener salud para mantenerlo y encontrar una pareja que te haga compañía y tener hijos, y envejecer sin grandes sobresaltos vitales, ahorrar, comprarse una casita en el campo y/o en la playa, ser un abuelete sin demasiados achaques, estar rodeado de nietos, darse un viaje de vez en cuando, y a lo mejor no tener mucho dinero, pero comprarse las cosas necesarias, y algún capricho en esto y en aquello, y luego dejar esta Tierra plácidamente.

Seamos claros: esto es lo que desea la mayor parte de la gente, con ligeras variaciones. Los hay un poco más aventureros, que desearían emociones algo más fuertes durante una etapa de su vida, para darse el lujo de creer que han vivido intensamente. Pero poco más. Y así las cosas, no me extraña para nada que vivamos en el peor de los mundos imaginables, y que tengamos una existencia lamentable, y que los poderosos hagan lo que les venga en gana, y nos pasemos gran parte del tiempo preguntándonos quiénes somos y qué pintamos en este mundo, cuando la mayoría, en su contrato social no escrito con el resto de la gente, ha preferido optar por la vía de no molestar, de ser una jodida hormiga obrera más, de aceptar esta forma de existencia como la única posible y aceptable, y de no atreverse a soñar verdaderamente.

Porque soñar con encontrar una buena pareja, no es soñar de verdad.

Porque soñar con un buen curro, no es soñar de verdad.

Porque soñar con envejecer sin mayores problemas no es soñar de verdad.

Por suerte, aún quedan algunos que se atreven a soñar con cosas más importantes, más grandes, más excepcionales en suma. Sueñan con encontrar quién diablos son y con ponerse en consonancia consigo mismos y ser capaces de emplear todo el potencial de su interior para cambiar verdaderamente las cosas. Sueñan con un despertar, con una revelación, con un gran cambio, con un apocalipsis certero y con ponerse a luchar de una santa vez por cuestiones en las que puedan creer, más que por su calidad de vida. Sueñan conque el amor se algo más que el amor sentimental romántico y absurdo de las novelas del XIX, y que se convierta en una fuerza transformadora capaz de conseguir que el hombre sea a su vez algo más que una mierda pinchada en un palo todos los días de su existencia en este desgraciado planeta.

Con que se acabe el hambre y la injusticia social.

Con que vayamos todos juntos, no se sabe muy bien a donde, pero juntos al fin.

Con que merezca la pena que nos arranquen de la placidez de la nada y nos sometan al dolor de la existencia.

Con ser algo más que un montón de vísceras, huesos y músculos envuelto en una camiseta de pelos.

Con que empleemos la cabeza para algo más que para vivir más tiempo y más cómodamente.

El tiempo es como la muerte, o como “las buenas personas”: una falacia universal. Una mentira. No es más que una idea. Y cuando comencemos a caminar esa idea desaparecerá del entendimiento. Y valdrá la pena haber venido aquí.

Qué profundo me pongo cuando me da la tos a las tantas de la mañana. Uy…parece haberse disipado. A dormir de nuevo, o a intentarlo. Espero no volver por aquí en varias horas. Por cierto que si alguno se pregunta por la pertinencia de la imagen de arriba del todo, prometo que tiene su explicación, y la explicación la voy a dar sin que sirva de precedente. Como este blog tiene cierta clase, no voy a poner una imagen demasiado obvia. Pero tampoco me las quiero dar de estupendo poniendo, yo qué sé, un cartel ‘cool’ o ‘vintage’ en el que se hable del futuro en plan propaganda. Con tanto rollo de la tos, he buscado imágenes de jarabes. Pero como no hay ninguna que valga la pena, me acordé de que el flambeado de Moe tenía entre sus ingredientes jarabe para la tos.

Si es que estoy de un ingenioso que tiro de espaldas…