Sobre la ‘Guerra de series’ de la estafa global en español (El País)

Hace algún tiempo comenté yo aquí que ‘El País’, el llamado Diario Global en Español, que rebautizé con mala leche como Estafa Global en Español (EGE), no es que haya caído en picado en cuanto a autoexigencia y en cuanto a la cultura y el riesgo de sus responsables, es que ha caído en un estado de catatonia intelectual irreversible. Y como seguramente les queda poco tiempo de vida y sus ventas y ganancias se están desintegrando a toda velocidad, se ven forzados a recurrir a una de esas absurdas encuestas que proliferan en blogs de aficionados destinados a ser entretenimiento de adolescentes semianalfabetos con graves carencias de personalidad. Sólo así se explica que monten algo como la ‘Guerra de Series’, que sin duda está dando mucho que hablar en foros y Twitters y demás, en el que montan eliminatorias como si estuviéramos en Wimbledon, proponiendo cruces delirantes como ‘A dos metros bajo tierra’ contra ‘House M.D.’, en lugar de hacer, por ejemplo, aprovechando que estamos en la llamada época dorada de la televisión, un verdadero dossier con las series. Pero claro, eso sería mucho pedir. Los verdaderos periodistas y analistas no están escribiendo en los periódicos, ni mucho menos en blogs comerciales. Algunos nos hemos refugiado en la futura La Columnata.

Pero lo cierto que, aunque absurdo, resulta divertido toda esto de la Guerra, y no faltan defensas y ataques a ultranza, como si nos fuera la vida en ello. En Estados Unidos montan obras de arte, y en España debatimos (bueno, debate el que puede, otros no tanto) sobre ellas. Es lo que toca teniendo en cuenta el panorama audiovisual español. Así que yo voy a aportar mi granito de arena, y voy a comentar algunos cruces y lo que yo creo, bajo mi punto de vista, que es lo mejor o lo que debería ganar, dejando de lado, por supuesto, los comentarios de los columnistas o invitados de la EGE, dignos, ya digo, de un fanzine o de un foro de chiquillos recién destetados.

Dilucidar cuál es la mejor serie de los últimos treinta años, etapa en la que la ficción televisiva realmente ha alcanzado una madurez incontestable, es como decidir sobre la mejor película de todos los tiempos. Un sinsentido con todas las papeletas de resultar reduccionista. Cada cual tendrá la suya, y seguramente sea una serie fantástica. Pero hay cuestiones que no dejan mucho lugar para el debate. Como por ejemplo que ‘Twin Peaks’, la maravillosa serie de David Lynch, de la que muchos dicen, y todavía no sé por qué, que su segunda parte era un horror (a mí me pareció tan brillante como todo lo demás), pero que no cabe duda que merece estar en el Olimpo de las creaciones televisivas por el enorme riesgo conceptual, por su cuidada puesta en escena, por la personalidad arrolladora que emana de todos sus fotogramas, y porque cambio para siempre la forma de hacer y consumir televisión. Con ella la narración audiovisual volvía a los orígenes de lo narrativo y de lo audiovisual cinematográfico. Es decir, el folletín por entregas. Y Lynch, que es un genio haga lo que haga (aunque haga estupideces, que hacerlas las hace también) puede estar muy orgulloso de ella.

Que ‘Twin Peaks’ ganara por muy poquito a ‘Mad Men’ tiene su gracia, pues no existiría ‘Mad Men’ sin ‘Twin Peaks’, por muy diferentes que sean. Pero en la inoculación del misterio, en la dilatación de los tiempos psicológicos de los personajes, en la presentación del drama, es prácticamente el mismo territorio. Considerada la más potente serie de la actualidad, la serie de Matthew Weiner es impresionante en todos los detalles. Tal vez demasiado perfecta, ligeramente desapasionada. También tiene su gracia que en la llamada “repesca”, en la que se incluyó la inicialmente no competidora ‘Breaking Bad’, ganara de nuevo ‘Twin Peaks’, pues nuevamente la serie de Vince Gilligan no existiría, o al menos sería muy diferente, si antes Lynch no hubiera hecho la suya. El oscuro e inolvidable drama de Walter White (aka Heisenberg) merece estar considerado, por lo que significa de viaje interior despiadado, del triunfo del orgullo frente a la adversidad y frente a los propios sentimientos, como una más que notable obra, pero en su puesta en escena, en la creación del suspense y del misterio, en el dibujo de un microcosmos autosuficiente, la fundacional es la serie de David Lynch.

Otra que no está en esta guerra, y sin la cual mucha de la actual ficción catódica sería impensable, es ‘Urgencias’. Con ella, la televisión encontró la forma de representar la acción, de tal manera que muchas series de polis, de investigadores, o casi de lo que sea, siempre que tengan acción, beben de la deslumbrante puesta en escena de una serie también deslumbrante, quizá tendente a lo dulzón y luego a lo melodramático, pero impresionante en el ensamblado de sus numerosos personajes, que llevaba mucho más allá lo propuesto, por ejemplo, en ‘Canción triste de Hill Street’. Las series de médicos dan mucho juego, y si no que se lo digan a Gregory House, probablemente el más complejo y fascinante personaje televisivo de la historia, con permiso de Tony Soprano. Pero ‘House M.D.’ no participa tanto de ‘Urgencias’ como cabría suponer, sino que crea una forma narrativa verdaderamente única. Se puede bautizar como Las Variaciones House (en honor a las sublimes Variaciones Goldberg de Bach): un esquema repetitivo hasta la médula puntuado por ligerísimas variantes, que da lugar, sorpresivamente, a una visión del mundo, de la vida, y del ser humano en verdad sublime también.  La antológica interpretación de Hugh Laurie es la insignia de la serie, pero su verdadero secreto, su rasgo genial, está en una anticomercialidad disfrazada de comercialidad, en una universalidad que encierra una descarnada crónica del fracaso del hombre como ser inteligente. En suma, una obra de arte.

Cruzarla con la inclasificable ‘A dos metros bajo tierra’ da que pensar. Insisto en que esta guerra es una idiotez para pasar el rato, pero hasta las idioteces tienen su punto si se toman como tal, como idioteces. ‘A dos metros bajo tierra’ no es la mejor serie de todos los tiempos. Como creación global adolece de graves altibajos. Pero sobre todo son debidos a su muy extrema audacia, a su salto estético al vacío. Más que de una serie, o de arte, se trata de una patada en la boca del estómago. De un revulsivo, de una narración subversiva destinada a destruir imágenes en el sentido más profundo de la expresión: deconstruir la ficción, proponer algo que nunca se ha visto. En eso, la serie de Alan Ball es la más grande, sin duda. Pero no creo que sea la serie más grande jamás realizada. Obra maestra del siglo XXI sí, sin la menor duda.

La serie más grande es dos series. O la una o la otra. O ‘The Wire’, o ‘Los Soprano’. ‘The Wire’ no solamente es una vasta creación intelectual, es una creación estética de primerísimo nivel. No hay bajones entre sus temporadas, y su casi centenar de personajes es un prodigio de relevos dramáticos, un collage insuperable de rostros, actitudes, réplicas, contrarréplicas, gestos, personalidades. Filmada como si de un documental se tratara, es la novela trágica del siglo XXI. Al mismo tiempo relato y crónica, análisis y poema.

En cuanto a ‘Los Soprano’, es mucho más, aún, que Tony Soprano, personaje que se erige en síntesis de todos los defectos, las mezquindades y las miserias del ser humano, tal cual. Es un paseo por los géneros cinematográficos, un chute descarnado por lo peor de lo peor entre lo peor y lo más sórdido. Es la perfección, como ‘Mad Men’, en todos los aspectos narrativos, pero además es una perfección apasionada, dolorida, vehemente, sin piedad, sin límites. Verdaderamente, una obra monumental, cuyo alcance y vuelo poético aún no han sido considerados en toda su amplitud. Votar a ‘Perdidos’ por encima de ella es una insensatez de las muchas que ocurren en España, sobre todo en el ámbito cultural. Aunque la serie más famosa de los últimos tiempos posee no pocas virtudes, y su quinta temporada es extraordinaria, sus conquistas estéticas no pueden ni compararse con las de David Chase. Realmente, los que han votado no han visto su serie.

Otras series, como la extraordinaria ‘En terapia’ (que, como ‘House M.D.’ se basa en la variación de una repetición) o la furibunda y majestuosa ‘Deadwood’ (cuyo carácter de obra truncada aún la hacen más enigmática y más fascinante) pueden ser también consideradas entre lo más grande. Pero creo que ‘Los Soprano’ y ‘The Wire’ son inalcanzables para el resto.