¡Que me jodan!

La palabra joder es fea, fea de cojones. Cojones es una palabra bastante más bonita, más rotunda. Joder, jodan, y todas las variantes que existen suenan mal, por el simple hecho de que emplear en una misma palabra la letra J con la letra D, es un espanto auditivo. Tiene mucho que ver con escupir. La J es una consonante fricativa y velar, que se produce en el velo de la boca, y la D una obstruyente, con lo que si pronunciamos la palabra JODER lentamente pareciera que estamos a punto de soltar un gargajo.

La ahora ínclita Andrea Fabra era una total desconocida para mí hasta hace pocas horas. Ni sabía de su existencia. Pero hoy, con todo el jaleo que se ha montado debido a su desfachatez como diputada, no dejan de llegarme al Twitter de los huevos miles de comentarios respecto a su ya famosísimo “¡Que se jodan!”, que va camino de enterrar para siempre otras frases míticas como “¿Por qué no te callas?” o “Váyase, señor González”. Lo que ha quedado meridianamente claro es lo siguiente:

1. Que la tal Fabra es más tonta que afilar mazas.

2. Que con lo encabronada que está la gente, súmese a eso que ya nadie nos engaña respecto a esta crisis financiera española (que en realidad existe en su mayor parte porque los bancos alemanes quieren que se le pague una deuda desorbitada, pues si no les paga se derrumban), y súmese las estupideces de los políticos, y está abonado el camino, está preparada la mecha, para que en cualquier momento alguien la prenda y esto estalle.

Ya estaba muy claro, cristalino, que los incompetentes que nos (des)gobiernan están todos locos de atar, son peligrosos, hipócritas, crueles y, lo peor de todo, vasallos de un poder que cuando les haya utilizado les va a echar de su puesto de interinos. Ahora está claro, además, que muchos de estos vasallos, de estos siervos del poder, no conocen las consecuencias de sus actos en un país tan violento, tan oscuro, como España. Que una diputada diga “¡Que se jodan!” sin aclarar convenientemente quién tiene que joderse, es perfecto para que todo el mundo desahogue su frustración ante la situación actual con una piltrafilla de política que ha quedado marcada para siempre como lo que es: una impresentable canalla. No ya porque a lo mejor quería que se jodieran los parados, no ya porque a lo mejor quería que se jodieran otros no especificados. Es que ahora los millones de parados, tengan razón o no en su cabreo contra ella, la van a usar de “Punching Ball” a la mínima ocasión. Y varios millones de parados son muchos parados, y están hasta los huevos de todo. Y es que muchas veces los ultraderechistas son perfectos para encender precisamente esa mecha y hacer que todo les reviente en la cara.

En otras palabras: la que se va a joder es Andrea Fabra.

Dicen que debería dimitir. A partir de ahora le va a dar absolutamente igual que dimita o no. A partir de ahora su imagen de desprecio hacia los otros, quizá hacia los más desfavorecidos, la va a perseguir hasta la muerte. Y estoy seguro de que, si tiene dos dedos de frente (quizá los tenga aunque se empeñe en demostrar lo contrario) va a lamentarlo cada vez que pise la calle. Porque hasta los millonarios pisan la calle de vez en cuando. Cuando un mequetrefe dice algo o profiere una amenaza en este país, más que conseguir hacer daño a alguien, lo que provoca es desnudarse a sí mismo, quedar en evidencia como el mequetrefe que es.

Como soy un tremendo ignorante, entre terminar el párrafo anterior y empezar este me acabo de enterar, porque lo he buscado, que esta individua lamentable es ¡la hija de Carlos Fabra! Hostias (me encanta la palabra hostias), ahora se explica todo. Yo una vez tuve un jefe muy parecido a Carlos Fabra, prototipo del empresario-gangster español. Hortera pura sangre. Mi jefecillo era un aficionado comparado con este claro, pero les pones en una misma foto y parecen hermanos. Y estoy seguro de que muchos que lean esto habrán tenido un jefe parecido: traje y gafas escondiendo graves carencias de personalidad. ¿En manos de quién estamos, coño? Una diputada con propiedades millonarias diciendo “que se jodan” en un recinto en el que deberían trabajar para el ciudadano. ¿No sentimos vergüenza de nosotros mismos por permitir que nos (des)gobierne semejante ralea? ¿Cuánto tardarán en cerrar este blog si exijo que se abra la veda de caza de tanto gángster disfrazado de político?

El otro día afirmaba yo que “La ignominia de este gobierno no tiene límites”. Y no hacen más que corroborar ideas como esa. Hoy afirmo lo siguiente: que me jodan bien jodido, por cobarde, por buen ciudadano, por no salir a aniquilar a esta gentuza a sangre y fuego. Algo que, tarde o temprano, terminará ocurriendo si esto sigue así. Pero será cuando ya lo hayamos perdido todo.