Antidisturbios = Antidemocracia

La razón principal de que el mundo sea una puta mierda es que a nosotros, a la gente común, todo nos da igual. El mundo no es un ente abstracto. El mundo está formado por personas. La culpa, por tanto, no es de una parte muy reducida de ese mundo, la élite, que hace y deshace a su antojo, la culpa es de la mayoría, de los humildes, que no saben que su futuro depende de ellos mismos y que por mucho que les den de hostias, son el verdadero poder siempre que vayan todos juntos en una misma dirección. No es la gente la que debería temer a sus gobernantes, sino los gobernantes los que deberían temer a los gobernados. Por supuesto, ningún cambio tendrá lugar haciendo solamente manifestaciones (aunque sí creo que son muy importantes, para salir a la calle, para sentir que no estás solo, para armarte de herramientas intelectuales y emocionales) o proclamas, sino que serán necesarios esfuerzos enormes y muchas veces sacrificios terribles para que la humanidad cambie su rumbo. Esto es así, y cualquier persona mínimamente inteligente lo sabe de sobra.

Pero todo nos da igual. Creemos que viviremos para siempre y que tenemos todo el derecho del mundo a aspirar a tener una casa con piscina y un coche último modelo, y una cuenta corriente bien saneada. Los únicos deberes que tenemos es trabajar y ser cívicos. Si nos quitan derechos, algunos creen que pueden y deben salir a la calle a protestar y, el domingo, quizá debatir sobre el devenir del mundo tomando una cerveza en el bar. Pero sin lucha no hay conquista. Eso sí, luchar contra los que nos aplastan da bastante miedo. A mí me da miedo.

Yo veo a un policía antidisturbios, que generalmente son unas mulas descerebradas, y tengo miedo. Aunque no sea un antidisturbios, aunque sea un simple policía, suelo tener miedo igual. Estoy desarmado frente a él. Desamparado. Yo he visto a policías con visera empujar a ancianas. Yo he esperado a que pasara una lechera custodiada por una docena de maderos a pie, y aunque no estaba en medio de la carretera y no obstaculizaba el paso, uno de los que la custodiaban, un maromo de dos metros y quizá cien kilos de músculos, me dio un empujón con el codo en las costillas que me dolió varios días seguidos, y me miró como si fuera un gusano al que poder aplastar. Si ese tipo coge una porra y me da con la mitad de su fuerza, me manda al hospital. Y si intento defenderme y tengo éxito, me mandan a la cárcel.

Es decir, ya en el primer paso, manifestar tu ira frente a una sede del gobierno cualquiera, la cosa está bastante jodida. Esto desmoraliza a cualquiera. ¿Cuál puede ser el siguiente paso, si el primero ya eres aplastado?

Un sistema de gobierno que ante una concentración ciudadana, recurre a las hostias por medio de un grupo de matones (los antidisturbios, claro) para disolverla, aunque la mayoría de ellas sea totalmente pacífica, no es una democracia. No puede serlo, por definición. Es decir, todos vemos las imágenes. No hay doscientos jóvenes prendiendo fuego a los coches en la calle, ni hay docenas de salvajes tirando piedras o cócteles molotov a edificios gubernamentales. La mayoría de los que acuden a las concentraciones en Madrid de los últimos tiempos son vecinos de los barrios que se juntan para hacer cánticos, escribir pancartas y dejar claro que están hasta los huevos. En ocasiones hay grupos de exaltados que se pasan de rosca. Algunos saltan los cordones policiales. Otros se ponen muy agresivos con un agente. Con los actuales sistemas de detección y de identificación, es muy fácil para las autoridades saber quiénes son los núcleos más violentos y ni siquiera hace falta salir a por estos grupos violentos una vez identificados, porque muchas veces saben perfectamente quienes son y les tienen fichados. Salir a repartir hostias a todos, pagando justos por pecadores, no es democracia. La democracia (con la que por cierto no estoy de acuerdo en casi nada, pero que es más cívica por ejemplo que una dictadura) es mucho más que depositar un papelito en una urna cada cuatro años. Es asegurarse, sobre todo, de que los mandatarios elegidos no se aprovechan del poder otorgado. Y este seguimiento, esta vigilancia del pueblo a sus gobernantes, debe hacerse todos los días, a todas horas. Por eso los resortes de vigilancia a los gobernados tienen que estar plenamente garantizados antes de hablar de democracia.

Antes dije que tengo miedo. Claro que tengo y tenemos miedo. Si un animal con un casco, un escudo y una porra no te da miedo, es que eres imbécil. Ahora bien, ellos también tienen miedo. Los gobernantes. Saben que si nos unimos (no solamente fisicamente, sobre todo intelectualmente) no tienen nada que hacer con esa marea. Por eso quieren desunirnos, manipularnos, distraernos. Pero esto es algo imposible. Si algo ha demostrado la historia, aparte de que el poder corrompe y que podríamos vivir sin gobierno ninguno, es que no se puede estrangular indefinidamente al pueblo. La vitalidad de los oprimidos terminará venciendo por mucho miedo que nos metan en el cuerpo, por muchas hostias que nos den. Estoy plenamente convencido de ello. Acabamos de despertar, a los primeros años del siglo XXI. Quizá sea este el siglo de la victoria definitiva. Porque si no va a ser el de la derrota final.