¡Pero qué puto país de burros, joder!

“España es un erial” – Jorge Massanet

Fue en uno de esos viajes en los que, a bordo del coche de mi hermano, viajando hacia el norte de esta inmensa piel de toro, cuando él soltó esa frase de repente. Creo que estábamos hablando de la poca densidad española, de la poca diversidad de trabajo, de los grandes campos de agricultura y de terratenientes y de grandes señores. También de otras cuestiones como la cerrazón mental española, la pudibundez extrema del poblador de esta desgraciada tierra. La pereza congénita. Y va y lo suelta, acompañando la afirmación con un gesto casi imperceptible, consistente en endurecer los músculos que rodean los ojos. Y yo pensé: “sí, coño, España es un jodido, un terrible erial, ¡lo has clavado!”. Y, mientras, pasaban a toda velocidad, detrás de la ventanilla lateral del coche, cientos de kilómetros de pastos y terrenos arados, y muy pocos árboles.

No voy a hablar del trabajo que desempeño de lunes a viernes en demasiada profundidad, porque no es menester, pero sí puedo decir que todos los días tengo la oportunidad de hablar con mucha gente. De todos los rincones de España. Y así descubro algo muy importante: una cosa es hablar y debatir sobre el supuesto carácter del individuo medio que habla en castellano, y otra muy diferente verlo día a día y que te den ganas de borrarte y de hacerte…jirafa, qué sé yo. Dice Julio Anguita que en España adolecemos de una terrible, crónica, destructiva pereza mental. Qué gran verdad. Es el país occidental en el que menos se lee y en el que peor se escribe, pero es alucinante la cantidad de listillos que no saben poner ni una coma y con el vocabulario digno de un parvulario semianalfabeto, creyéndose en el derecho de promulgar sus ideas, abundando en eso que el otro día comentaba Sergio Parra en La Columnata. No tiene nada de malo ser un ignorante. Todos lo somos en muchas cosas, en menor o mayor medida. Lo terrible es ver a verdaderos burros defender sus rebuznos sobre literatura, cine, cuando está claro que deberían volver a revisar la tabla del siete.

¿Qué ha pasado en esta tierra? ¿No es posible desembarazarse de tanta idiotez? No espero mucho de los mayores de cincuenta años. No solamente porque sean mayores y hayan vivido en una época de restricciones mentales y tiranía, sino porque en la savia nueva está el futuro. Pero resulta que mucha gente joven es increíblemente más conservadora, retrógrada, idiota, que algunos de ochenta años. Es tan terrible la cosa que dan ganas de sacarse los ojos. Así estamos y no me extraña que Alemania quiera convertir de una vez y para siempre a España en el sitio de recreo más al sur de los Pirineos. Porque la gente dócil de España son como mansos corderitos que se deja hacer cualquier cosa con tal de que no le quiten la birra, la guitarra y el extremo placer que siente despreciando la cultura.

Un país en el que las tres de la tarde es “mediodía” (y a este paso las cuatro de la mañana medianoche…). En el que el único deporte que se quiere ver en televisión y sobre el que leer es el fútbol, mientras que el deporte ‘indoor’ por antonomasia es la cizaña. En el que robar al contribuyente o los derechos de autor es una obligación moral, y en el que los artistas son ninguneados y aplastados por la mediocridad. En el que todo hijo de vecino tiene derecho a opinar pero ninguno tiene el deber de pensar. En el que muy pocos privilegiados consiguen desempeñar el trabajo para el que han estudiado durante cinco, o diez años. En el que las novelas las escriben los editores y las venden los intelectuales. En el que las poetisas son pijas cursis que hablan de sus granos en el culo y se hacen fotos de portada. Pero, eso sí, aquí a todo el mundo le interesa la cultura, porque todo el mundo tiene su punto de vista sobre ella.

España es un erial porque aún no hemos comprendido todo lo que tenemos y la masa más activa de cualquier comunidad es la más paleta, mientras que los valientes, los cultos, los que realmente poseen una mente progresista, son silenciados. Porque no tenemos ambición, ni visión. Porque cuando el sexo, en todas sus variantes, no es tabú, es motivo de asesinato entre amigos y hermanos. Así, la mayoría de las mentes más lúcidas y preparadas se largan de aquí para no volver jamás, hastiados por sueldos de 300 € al mes o por la imposibilidad de vivir dignamente. Porque alguien, un día, sembró aquí la semilla de la desidia y la cutrez mental, y sus brotes no desaparecerán jamás.