El ser humano es idiota

A veces me siento como si aquí, en este blog, o en cualquier de los otros sitios en los que escribo o he escrito, no escribiera otra cosa que obviedades. Y, aún así, sorprendentemente, creo que es obligado seguir diciéndolas. Mi Cuaderno Audiovisual no es más que un blog entre los muchos cientos de miles o de millones que deben existir en esta roca llamada planeta Tierra, y es una página en la que trato de construir mis ideas, mi percepción del mundo. Pero las palabras se quedan cortas, estériles, ante todo lo que hay que decir cuando uno es otro más de los muchos Lucifer, otro más de los muchos Lúcidos que son aplastados, ninguneados, acallados por los mucho más numerosos corderos que a lo mejor creen que la vida vale algo, o que la humanidad vale algo, pero que son la viva imagen de que el ser humano es idiota. Entrañable, probablemente, inconsciente, seguramente, pero sin duda dañino y sobre todo idiota. Fernando Vallejo dice que la raza humana es una peste, una plaga. Yo llego un poco más allá. Esta raza es la vergüenza de la creación. Porque si la creación, algo que muchos insisten, se concentra y se aplica exclusivamente a este planeta, en toda su biodiversidad, no queda otra que rascarse la frente y preguntarse lo siguiente: ¿cómo podemos ser tan patanes?

El ser humano no es idiota porque sea una plaga mezquina y destructiva, como dice Vallejo, o una mierda pinchada en un palo de forma casi genética, como pensaría Palazón. El ser humano es sumamente imbécil porque, en verdad, su libertad, su florecimiento, está a la vuelta de la esquina. Es algo tan probable, tan alcanzable, que el hecho de no alcanzarlo, de no fundirse en esa realidad, es su verdadera tragedia. Otro mundo no es que sea posible. Es seguro. Segurísimo. Estamos hechos para él. Lo soñamos y lo anhelamos y tenemos la certeza de que con un movimiento certero en la dirección adecuada, se convertiría a toda velocidad en una realidad, en un estado del ser. La alta probabilidad de un mundo mucho mejor que este, y su negación diaria, es lo que convierte al hombre, y a la mujer, en un ser tan grotescamente trágico. En un lelo al que le faltan dos primaveras para darse verdadera cuenta de su potencial, que está muy lejos de ser el del esclavo, y está muy cerca, cerquísima, de conquistar el universo. Porque según decía el Fausto de Christopher Marlowe:

Vi veri universum vivus vici

Que podría traducirse por:

Por el poder de la vida, he conquistado el universo

Una tontería de frase que resume, a mi modo de ver, lo que significa vivir, aún en la más miserable de sus formas. El universo no solamente visible, sensual en todas sus representaciones, sino esencialmente el invisible. Los genios, como Christopher Marlowe, no son genios solamente porque escriban dramas muy emocionantes, sino por que saben cosas. Saben, perfectamente, antes de tener consciencia de sí mismos, de qué materia inasible, terrible pero hermosa, está hecha la vida y el hombre. Y el hecho de que lo sepan, estos genios, llámense Oscar Wilde, Christopher Marlowe, Edgar Allan Poe, Víctor Erice, Henry David Thoreau, Claude Lanzmann, Terrence Malick, Leonardo Da Vinci, Heath Ledger, Johann Sebastian Bach, Glenn Gould, Andrei Tarkovski, Marguerite Yourcenar y otros, no tiene nada que ver con la educación, sino con los verdaderos orígenes de todos. Ellos recuerdan esos orígenes, y nosotros no. Simplemente. Ellos sabían que la muerte no es más que otra mentira, y que las posibilidades de la vida, aún el en día más nublado y en la noche más desesperada, son infinitas.

Pero no son más que ejemplos aislados de una masa de siete mil millones para los que certezas tan contundentes como las que siguen significan poco o nada:

– Que de los fenómenos naturales y de la subsistencia del hombre en la Tierra deberían ocuparse los científicos, que para eso están.

– Que de los fenómenos espirituales del hombre deberían ocuparse los artistas y los desposeídos, aquellos que lo han perdido todo y para los que lo material no es más que un estorbo.

-Que los sectarios y los fundamentalistas deberían ser erradicados. Entre ellos, los religiosos, enemigos acérrimos de la verdad.

-Que la vida no es economía ni sexo, sino necesidad. La necesidad de comer, beber y guarecerse.

-Que la muerte es una estupidez como concepto mental, pero imprescindible como hecho material, que sólo demuestra que todo está interconectado, y que formamos parte de algo mucho mayor que nuestros propios egos.

-Que no sabemos nada, menos que nada, y que cuanto más creemos que sabemos, más nos damos cuenta de toda la barbaridad de cosas que no sabemos.

-Que la miseria y el sufrimiento son absolutamente injustos, no solamente en cualquier ser humano (por muy malvado que pueda ser para los cánones morales de su momento histórico) sino para cualquier ser vivo.

-Que, si Dios existe, es un hijo de puta bromista al que le importamos una puta mierda, rodeado de sus nueve coros de ángeles; mientras que el diablo, en realidad, está mucho más dispuesto a ser odiado, es decir, a darnos algo de esperanza. Está solo y tuvo los huevos de enfrentarse al poder supremo.

-Que el hombre sólo será hombre, una raza superior del universo, cuando deje de aprovecharse de otros hombres y del resto de animales, cuando entre en sintonía con su entorno natural, cuando no olvide jamás lo aprendido, cuando sea conscientes de su legado y de su riqueza, de sus deberes y de sus dones. Cuando ya no haya fronteras, ni gobiernos, ni países. En una puta, jodida, asquerosa palabra…cuando sea:

libre.