Algunas impresiones sobre Londres 2012

Concluidos ya los Juegos Olímpicos de 2012, que han tenido lugar en una ciudad tan poco olímpica como Londres (porque es lo mismo que si se celebrasen en Nueva York o Mexico D.F., urbes demasiado vastas para que toda la ciudad se implique en lo que significa este evento, y porque al ser sus terceros juegos, la que más ha albergado por cierto, no posee el mismo impacto que si la sede hubiera sido, qué se yo, Liverpool, o Bilbao) se pueden dejar algunas ideas por escrito de uno de los eventos globales más importantes que existen en la actualidad, para bien y para mal, en el que han tomado parte cientos de miles de personas anónimas y en el que, al menos, los protagonistas han sido los deportistas, que es lo que tiene que ocurrir, salvo en gran parte de las ceremonias de apertura y clausura, en la que los protagonistas han sido los iconos de la cultura pop anglosajona, como si Londres reclamara su nula importancia en lo cultural, llevando incluso a las Spice Girls a cantar al estadio, y a la mitad de Oasis. Asumiendo, quizá, que todo lo que puede aportar este pueblo ya malherido por la crisis y la confusión de ser (pero no ser) parte de Europa, es la furia de aquellos tiempos ya muy lejanos del punk y la contracultura callejera.
Pero esto se hace por y para los deportistas, y en ese aspecto la sede ha cumplido. Han tenido lugar pocos conflictos políticos u organizativos. Y los que ha habido, como esa estupidez de que se estaban consumiendo grandes cantidades de preservativos en la villa olímpica, no han conseguido enturbiar la imagen de que, por dos semanas, se ha empleado la pasta y el esfuerzo en hacer algo tan bello, emocionante y efímero como unos Juegos Olímpicos, que han recuperado su puesto como el más grandioso espectáculo audiovisual de que hay noticia hoy día. Ha habido mucho y bueno, con algunos de los atletas más grandiosos de la historia, con despedidas, con la asumida primacía de los EEUU en el medallero, con la ansiedad por lo que han tardado en llegar las preseas para España, con grandes finales y con la pre-apocalíptica sensación, compartida por más gente de la que pensaba yo mismo, de que pueden ser los últimos juegos antes de que el orden mundial cambie definitivamente y nos vayamos todos a tomar por saco y las imágenes de ‘Hijos de los hombres’ (‘Children of Men’, Alfonso Cuarón, 2006) se hagan una dolorosa realidad, mientras se celebran los de 2016 en otra sede polémica, Río de Janeiro, en una más de esas decisiones político-económicas del comité olímpico que Samaranch, en sus tiempos de pujanza, nunca habría permitido.
En el agua:
Ha sido la gloriosa despedida del más grande nadador, para casi todos, de todos los tiempos, el estadounidense Michael Phelps, que suma la increíble cifra de 22 medallas, 18 de ellas de oro. Muchos dirán, yo incluido, que la disciplina de natación permite una acumulación de medallas que no se dan en otros deportes. Pero también es cierto que la capacidad de concentración, el esfuerzo continuado durante varias jornadas a lo largo de pruebas de calificación, semifinales y finales, es una hazaña de proporciones ciclópeas. Más aún cuando, a diferencia de Pekín, Phelps no llegó en un estado de forma arrollador, sino que se mostró como un hombre mortal, perdiendo varias finales de relevos y en otras especialidades en las que era el dios hace cuatro años. Pero a ver quién le tose en las próximas generaciones con casi dos docenas de medallas olímpicas. Su delfín, quien curiosamente es un año mayor que él por mucho que le quieran nombrar su sucesor, el también estadounidense Ryan Lochte, no brilló con toda la fuerza esperada, y los relevos franceses y la china Ye Siwen acapararon, de manera justísima, mucha más atención y mucha más gloria deportiva.
En natación sincronizada por equipos y parejas, España sumó dos importantes medallas, de bronce y de plata, respectivamente, que la confirman como la gran potencia que es en esa disciplina. Pero la sorpresa fue Mireia Belmonte en sendas finales épicas en las que se alzó con dos medallas de plata. Una verdadera gesta para un país que siempre ha vivido deportivamente de espaldas a sus nadadores. Esto no significa, ni mucho menos, que la natación en España vaya a experimentar un repunte de grandes nombres. Significa justo lo contrario, que a pesar de la desastrosa gestión en España de todo lo que no sean deportes de equipo, hay talento por ahí que sigue completamente desaprovechado.
Otra gran sorpresa fue la final de Waterpolo femenino, en la que las españolas obtuvieron la plata, y en vela, en la que las mujeres obtuvieron el oro. Estas conquistas son muy importantes, como la confirmación del poderío de David Cal, y la impresionante plata en la prueba de Triatlón, que también tiene al agua como protagonista. Ha sido muy de agradecer los comentarios de Arseni Pérez en muchas de estas pruebas. Un verdadero profesional, que no solamente sabe de lo que habla, a diferencia de muchos colegas de esa misma cadena, que narraban las finales de taek-wondo o de esgrima sin tener ni pajolera idea de lo que hablaban y sin la menor chispa en su locución.
En Atletismo:
En este apartado estaba asumido el estrellato del infalible Usain Bolt y el desastre para los atletas españoles, pues ni siquiera la gran Ruth Beitia, quien yo creo tenía capacidad para alzarse al menos con la plata en salto de altura, pudo hacer nada contra una maldición que ya empieza a parecerse a un drama griego, y perdón por el chiste fácil. Pues si España ha vivido siempre a espaldas de sus nadadores, mucho más de sus corredores, y la magnífica generación que explotó de talento en Barcelona 1992 está finiquitada, y sus esforzados continuadores poco han podido hacer con unas infraestructuras y unas federaciones tan lamentables.
Por lo demás, en atletismo es en la parcela en la que más se observan esos gestos de chulería y prepotencia que a mí, personalmente, tanto me desagradan. Detesto ver a corredores creyéndose los más guapos y cachas y veloces del mundo dejándose llevar en las pruebas calificatorias y tratando a sus compañeros y rivales como si fueran gusanos. Sin embargo, me parece extraordinario y confieso experimentar un placer malsano, viendo a esos negritos de Jamaica, o Kenya o Etiopía, destrozar a super atletas norteamericanos o europeos. Y ahí Bolt y su grupo de corredores excepcionales han sido un soplo de aire fresco ante tanta chulería de los americanos, que parecen perdonar la vida a todos los que corren contra ellos. Por eso la final de 100 m fue espectacular, la de 200 m épica, y la de 4×100 m una verdadera fiesta, en la que los yanquis igualaron el récord anterior jamaicano, mientras los jamaicanos…¡lo pulverizaban en 20 centésimas! Y siempre sonriendo y haciendo partícipes a los espectadores de la alegría de volar a 45 km/h.
Final de baloncesto y conclusiones:
En fútbol, después de la tan cacareada victoria en la Eurocopa, hicimos el ridículo más espantoso, pero en baloncesto esta generación inigualable regresó a otra final olímpica y ayer vibramos con ellos y por un momento pareció que la hazaña podía llegar a hacerse realidad…hasta que llegó Durant a cosernos a triples. Quién sabe si en un futuro el baloncesto español brillará tanto como en estos últimos años, terminado el ciclo olímpico de casi todos los grandes nombres, pero finales como las de ayer son para la historia.
Se han terminado los juegos y volvemos a la mísera realidad del mundo. Al incendio de la Gomera y a la muerte terrible de un brigadista esta misma madrugada. Al cunnilingus de Rajoy a la señora Merkel. Al chiste de las elecciones norteamericanas. Al calor infernal de agosto. Se acabaron las gestas olímpicas y regresamos a la jodida gesta de hacer el café por la mañana en un país tan grotesco y lamentable como es España.