Los españoles somos patéticos

Debo decir que sobre lo quería escribir en este post era sobre la razón de no permitir que me dejen comentarios en Cuaderno Audiovisual. Sobre todo a raíz de un comentario absolutamente demencial que me han dejado en La Columnata, comentario en el que un tal Pablo soltaba sandeces tales como que yo creo que fuera de este país atan los perros con longanizas (???) o que critico precisamente lo que soy: un paleto ignorante acomplejado. Digo que iba a escribir sobre por qué no permito comentarios, pero con cosas como esta no es necesario. Actualmente, escribir me cuesta mucho trabajo. Tanto por la falta de tiempo, de ánimo, de horas de sueño, de energía y de interés. Sigo escribiendo día a día, pero con la reserva de gasolina titilando desesperada. A veces me curro textos que yo creo que están bastante bien, que me dejan extrañamente satisfecho (a mí, que me mido por el rasero del infierno), pero siempre agotado. Y no tengo paciencia para que luego, en la coda de ese texto que significan los comentarios, algún patán, algún tarado/a, exhiba su suprema estupidez, creyéndose en el derecho de decir lo que piensa, en el caso en que su cerebro le permita pensar, y nunca en el deber de sostener con argumentos lo que piensa o escupe. Pero como parece que me he convertido en un anti-españolista, o alguna ridiculez por el estilo, voy a seguir el juego y voy a soltar lo que pienso desde hace mucho tiempo: dicen que este país lamentable se hunde para siempre…ojalá lo haga.

Ojalá Cataluña y el País Vasco se escindan de nosotros. Ojalá que se colapse definitivamente la economía y entremos en bancarrota irreversible, y se alcen los jóvenes y los ancianos y se monte una batalla campal. Ojalá que España, antes un imperio enorme y poderoso, se vaya a la mierda. Que Galicia se desintegre y pase a ser Irlanda del sur. Que la península deje de ser un país y medio para convertirse en Francia del sur o en Alemania del sur. O Marruecos del norte. Los descendientes de esa casta ridícula que antes eran los españoles, seguiremos viviendo, desclasados y despreciados, pero sin tener que soportar a los fachas y a los salvadores de la patria española, mal rayo la parta. Y es que los españoles podemos ser, fácilmente, uno de los pueblos más patéticos del mundo. Más cobardes, más ignorantes, más chulescos, más pobres (no solamente de recursos, también de intelecto), más violentos, más fanáticos, más mezquinos, más cainitas.

¿Por qué somos patéticos? Porque se ríen de nosotros mientras ponemos el cuello para que nos esquilmen y se meen en nuestra puta cara, coño. Vamos a ver:

Tenemos un ministro de Medio Ambiente, que se llama Miguel Arias Cañete. Un tipo que estudió en los jesuitas, y casado con la heredera de unos marqueses. Este sujeto, este canalla, propuso no hace mucho que se pudieran volver a cazar lobos ibéricos al sur del Duero, con tal de proteger a las “amenazadas comunidades de ganaderos”. Inmediatamente, Bruselas, además de descojonarse por la ocurrencia del susodicho, le dijo que ni de coña, y que dejara de soltar chistes dignos de parvulario. A lo que el tipo, el Cañete, el genocida, contestó que habría que ser más flexible, y que estaba a favor de la igualdad de trato para los lobos al sur y al norte (en donde se permite cazar a este animal inocente). Estos fascistas, siempre buscando la igualdad para todos…

Yo, que debo ser medio gilipollas, intento comprender el asunto con mis neuronas depauperadas por esta ola de calor sahariano, y no alcanzo a hacerlo. Imaginaba que un ministro de Medio Ambiente era el encargado de gestionar, de forma sensata, precisamente… el medio ambiente. Pero no. Resulta que es el encargado de gestionar las mamadas a los ganaderos. Esos millonarios que, claro, al perder algunas ovejas, con todo el dinero que tienen, pueden hacer la presión suficiente para cargarse una raza endémica. No sé si este retrasado mental de Cañete lo sabe, pero las poblaciones de lobos al sur del Duero están en una situación dramática. Al borde de la desaparición. Una persona encargada del medio ambiente español debería ser consciente de ello y no permitir el exterminio de un animal maravilloso sin el cual la salud de los bosques y montes queda seriamente comprometida. Yo, que he visto lobos ibéricos a muy corta distancia, no he sentido en ningún momento una amenaza, ni los he visto diabólicos. Al contrario, he observado a una criatura noble e inteligente, perseguida y arrasada en un genocidio sin precedentes históricos.

Es un animal bello, casi sereno. No demasiado grande. De movimientos elegantes. De mirada intensa. Uno de nuestros tesoros. Y un tal Cañete, que no es nadie, es menos que nadie, los considera una amenaza. ¡Él es la amenaza! Veo a esas criaturas indefensas, inocentes, aplastadas por la codicia y la ignominia del hombre, sobre todo del hombre español, por los ganaderos que les arrebatan sus territorios de caza y su hábitat, y siento vergüenza, me hierve la sangre, me pregunto por qué este pedazo de mierda de persona no está en la cárcel o nadie puede pegarle un tiro en la nuca (sería demasiado humano, esto último, mejor será no esperarlo, entonces). Este follador de marquesas, que sin duda antes de chupársela a los ganaderos se santigua de rodillas, lleva más de una década enfrascado en la misión de destrozar lo que queda de litoral virgen. Para darle competitividad, dice el muy canalla.

Yo, que soy un lobo estepario, o un bicho raro y oscuro, siento algo destruirse en mi espíritu cada vez que estoy en una playa y gigantes de cemento me hacen sentir un escombro humano. Es así desde pequeño. Y no sabía por qué. Era percibir la agreste geografía de las costas de Mallorca invadidas por luces de neón y por codiciosos propietarios de hoteles enormes, y sentirme físicamente enfermo. Pensé que estaba loco, pero no lo estoy…o no demasiado. Simplemente, a pesar de todos mis enormes y trágicos y asquerosos defectos, hay algo en mi interior que creo merece la pena. Algo que se rebela contra la violación del entorno natural, y la imposibilidad de facto de que las criaturas de este mundo puedan seguir viviendo libres.

Desde este mi humilde blog de mierda, en el que descargo muchas veces mi furia y mi desesperación, afirmo que Miguel Arias Cañete es un peligro para el Medio Ambiente Español, y declaro mi guerra abierta contra él y contra todos los anormales incapaces de respetar el mundo en el que vivimos. Un medio ambiente en el que me he criado, tanto en Mallorca como en Asturias y algunos territorios de León. Un genocida, un asesino, un mequetrefe al que quisiera decirle una cosa, aún sabiendo que es casi imposible que lea esto:

Lárguese, desaparezca, esfúmese, muérase, púdrase. Déjenos en paz, pedazo de mierda.