Carta abierta a un Jodido Cascarrabias

A veces creo, sinceramente, que debería dejar de pensar, porque basta que piense en una dirección, para que de pronto, plaf, ocurra justamente lo contrario. Andaba yo ayer pensando que disfruto de una inmensa suerte al tener amigos que me aguanten y se preocupen por mí. Que a pesar de malos encuentros y haberme topado con algunos cerebros de mosquito con grandes carencias de personalidad, luego soy capaz de hacerme querer y que puedo encontrar gente con la que hablar y con la que sentirme a gusto, aunque sea por internet. Gente inteligente, honesta, valiente y que escribe bien. Y lo más importante, que me soporta a mí. Y, de repente, me encuentro, en el gran blog de Palazón, Arcángeles, con una Carta abierta a dos jodidos jenízaros, en la que el cascarrabias del autor nos pone a caldo al bueno de Futbolín (del que no tengo el gusto de conocer su nombre real) y a mí, por la simple razón de que el primero se ha pasado varios días sin poder hacer otra que ver The Wire.

Querido Jodido Cascarrabias:

Me va a permitir que a partir de ahora me dirija a usted como QJC, para abreviar. Se ha cogido usted un cabreo monumental, a juzgar por su penúltimo post, porque su amigo Futbolín ha caído en las garras, según sus propias palabras, del más canallesco de todos los sueños, el de Hollywood, por haber estado varios días enganchado a una obra de arte que, en realidad, yo le aconsejaba a usted que la viera, no a él, aunque me alegro mucho de que la esté viendo. Y, como fui yo el que dejó un comentario con ese consejo audiovisual, y a raíz de tal comentario y de algunas entradas de mi blog, su amigo se lanzó a verla, parece que yo soy el culpable de semejante pecado capital. La verdad, no pienso lamentarlo.

Dice, QJC, que no somos de izquierdas, como tanto supuestamente nos pavoneamos, sino de la más asquerosa de las derechas. Dice también que abomina de nosotros. Y dice que nos follen. A mí todo eso me parece bien. No creo en la derecha ni en la izquierda, creo que son conceptos obsoletos, aunque mucha otra gente tan culta como usted, el mismo Julio Anguita, sigue emperrada con ellos. Personalmente, yo sí que abomino tanto de la izquierda como de la derecha, podrían irse al cuerno. Son las dos caras de una misma moneda. Y es una moneda decadente. Como soy anarquista hasta grados inimaginables, cualquier mequetrefe que quiera decirles a los demás cómo deben vivir no me merece sino el más profundo de los desprecios. En cuanto a que nos follen…joder, estaría bien que me follaran más, siempre soy yo el que follo a la otra parte. Así que se lo agradezco. En cuanto a que abomina de mí…hostias, me parece correcto y hasta saludable, pero sería bueno tener verdaderas razones, y, joder, la razón no puede ser que yo aconseje a la gente ver The Wire.

En realidad, creo que todo esto surge principalmente por dos razones: primero, porque usted no conoce The Wire, y segundo, porque usted está celoso de que durante unos días, según parece, aunque no lo puedo asegurar, Futbolín estuvo ausente de su escritura. Me parece que dijo usted, QJC, que no tenía tiempo para ver series. Pues este hijoputa Flautista de Hamelin va a seguir dándole el coñazo para que lo haga, y le alegraría mucho, a este Jenízaro, que dejara de ser usted tan testarudo y tan cerrado. Que yo entiendo que tiene una edad provecta, que no está para zarandajas, que asuntos personales y el puñetero Ayuntamiento de Cartagena le tienen hasta arriba de responsabilidades. Pero le diré algo, coño: no todo en la vida es luchar, hace falta gasolina emocional, hace falta no hacer nada, simplemente contemplar. Y aunque usted no se fía de mí, o no se fía del audiovisual americano, que el bueno de Futbolín contemple The Wire le va a aportar muchas más armas que ir un jodido encuentro de las jodidas juventudes comunistas.

El gran arte, la gran literatura, el gran cine, es mucho más que mero entretenimiento, que mera evasión. Es un alimento espiritual e intelectual. No es perder el tiempo, QJC. No es venderse al enemigo. Si precisamente yo le aconsejé a usted The Wire es porque no tiene absolutamente nada que ver con Hollywood. A su lado, la magistral ‘Sin perdón’ es absolutamente hollywoodiense. The Wire es un documento, un análisis, una ficción y un testamento sobre una ciudad occidental corrompida hasta la médula, en la que varios millones de desgraciados se arraciman para matarse unos a otros, robarse, engañarse, estafarse, sufrir, perderse, alcoholizarse. Es un poema sobre la gente, un poema sin música extradiegética, sin épica, sin apenas tiros, sin melodramas. La asquerosa, oscurísima verdad. Las obras de arte tienen una misión, y es ser testigo y verdugo de su tiempo. Por eso quería que la viera, porque creo que le emocionaría profundamente, y se sentiría refrendado en muchas de sus ideas.

La primera parte versa sobre las barriadas y el tráfico de drogas, y la pobre gente que no tiene nada. La segunda va sobre todo eso y además sobre el funcionamiento de los puertos de Baltimore. La tercera va sobre el sistema legal, la jerarquía policial y, sobre todo, del sistema político de Baltimore, con sus concejalías y sus podridas elecciones, además de todo lo anterior. La cuarta va sobre el sistema educativo, y cómo los chavales de familias pobres acaban sucumbiendo a un entorno dantesco, además de todo lo anterior. Y la quinta va sobre todo eso que ya he dicho, además de sobre el funcionamiento interno de un importante diario de Baltimore. Perderse esto es perderse a Charles Dickens, a William Faulkner… Es mucho más válido y más importante ver esto que ver el telediario. Si toda la ficción fuera como esta, viviríamos en un mundo más lúcido y la gente tendría verdaderas armas para luchar contra la injusticia.

Así que no me fastidie, Querido Jodido Cascarrabias (y ahora lo pongo entero porque suena bien decirlo en voz alta), si no la ve usted se la pierde. Pero esto no es opio para el pueblo. Esto es el pueblo.