La escoria títere

Existen fenómenos intelectuales que no tienen explicación. Es como ese momento en que estás a solas con alguien en una habitación, de repente huele francamente muy mal, y tú sabes que la ventosidad no ha sido cosa tuya, pero la otra parte lo niega con rotundidad. Entonces llegas a dudar de ti mismo: ¿habré sido yo? Juraría que no. Pues con algunas afirmaciones que se leen o se escuchan pasa algo parecido. Que haya gente que defienda como ejemplos de libertad, de igualdad y de justicia las gestiones de Fidel Castro, de Hugo Chávez o de Evo Morales, o incluso del régimen chino, solamente por ser ejemplos de socialismo o comunismo en un mundo en el que impera el capitalismo, le deja a uno literalmente sin palabras. Ayer muchos nos quedamos acojonados cuando un tal Mario Vargas Llosa, que de novelista tiene lo que yo de relojero, edificó una vomitiva loa sobre Esperanza Aguirre. Los casos de gente muy preparada y con amplia cultura capaz de hacer apología de Hugo Chávez son también notorios, y lamentables. Nada menos, y poco más, que si fuera un adalid de la justicia social. ¿Qué coño ven ellos que no veo yo?

Hay que reconocer que el caso de Fidel Castro es más difícil de juzgar, por el acoso genocida de Estados Unidos, por la influencia de la Unión Soviética, por el momento histórico en que está enclavada la revolución, por haber echado del poder a ese asesino de Batista. El tipo es una alimaña a la que no le importa mostrarse tal cual es, pero al menos tiene cierta clase, cierto estilo. Chávez no. A su lado, Castro parece un guerrero apolíneo, un semidiós cabrón e intocable. El retrasado mental que es Hugo Chávez no obtiene el rango ni de gorila. Los gorilas son más nobles que él. Representa la culminación de lo abyecto, de lo deforme. Lo horrendo. En él, en su existencia, no caben las nobles palabras de Palazón: “Porque el comunismo no es más que dos sencillísimos preceptos: entrega a la sociedad todo lo que tienes, incluso eso que guardas en lo más íntimo de tu corazón, lo mejor de ti mismo, y sólo exige a la sociedad aquello que realmente necesitas.” Él, que no sabe leer, no sabe hablar y no sabe restar o sumar, porque su cerebro está incapacitado para ello, no se merecería siquiera conocer esas palabras. No está hecha la miel para la boca del asno, como no está lo sublime escrito para los fanáticos ni para los mezquinos.

A pocos días de las elecciones, este hijo puta con pintas se dedica a amenazar a todo el mundo, a proclamar subnormalidades como: “el que no es chavista no es venezolano”. Se ha dedicado varias semanas y meses a amenazar a todo aquel que no le apoye con fervor mesiánico, y a dejar claro que si sale del poder habrá una guerra civil y muertos. ¿Por qué este sujeto no está delante de un tribunal, declarando por crímenes contra la humanidad? Por la misma razón por la que no lo está Rajoy: hay intereses detrás de estas marionetas que pretenden que permanezcamos dormidos ante la maraña de herrumbre y de mentiras que se nos presenta ante los ojos. Son lelos, tontos de baba que aprovecharon una oportunidad que les dieron los que manejan los hilos. Son títeres pero son siervos de esos que están en la sombra: contratistas de defensa, dueños del petróleo, banqueros. En su soberana estupidez quieren creer que están ahí porque son listos. Lista es Aguirre, que se larga porque lo ha dejado todo bien atado y puede controlar, a su vez, desde la sombra, la forma de control más poderosa que existe, mientras los periodistas divagan acerca de si es por enfermedad, cansancio o cuestiones familiares. Ellos son políticos hombres, es decir mentecatos.

Chávez no hace otra cosa que enviar amenazas veladas de sangría popular si sale del poder. También advierte que todo está orquestado desde los EEUU y desde mentes ultraderechistas. Un tipo que cierra cualquier medio que le critique, que tiene a los trabajadores que no le son afines ahogados por su burocracia y sus maneras de mafioso solamente puede llegar al poder de un pueblo demasiado inocente y demasiado acobardado. Que se cree una suerte de delfín de Castro y promulgador de sus bases socialistas. Un individuo feo y machista al que no se follaba una cincuentona borracha como una cuba, y que presume de conquistador. Gente como Oliver Stone, en sus buenos años un cineasta complejo y notable, y muy de izquierdas, al que definitivamente se le fue la olla (tanto como al impresentable de Vargas Llosa) le define como un héroe de las libertades. Estos defensores de semejantes engendros, ¿en qué mundo viven? ¿o en qué mundo vivo yo? ¿Es que no me entero de nada y ahora resulta que ese modelo de socialismo tirano, represor y totalitarista es un modo de libertad? ¿Es que la brutal violencia de casi cualquier calle de cualquier ciudad de Venezuela es porque los yanquis la han introducido, o porque la gente está desesperada y acude a esa forma de supervivencia?

¿Cuándo coño vamos a convencernos de que la clave para el futuro y la prosperidad de un pueblo no tiene que ver con único individuo sino con todos, unidos y fuertes y convencidos? El infame Vargas Llosa afirmaba que si la Espe hubiera sido presidenta del gobierno la crisis no habría afectado a España. Algunos ven en Chávez a un tipo incomprendido. Claro, joder.

Dos más dos siguen siendo cuatro. Con hambre, o con represión, o con ideologías (todas detestables) o sin ellas. Para acabar de rematarlo, el tipo tiene un cáncer y, como la Espe, sale tan campante del problema. Mala hierba nunca muere, excelente refrán español.