La Columnata: construyendo un proyecto

A dos meses de parida la criatura, obra y gracia de la terquedad de César Noragueda, un tipo raro, uno de esos que un día tienen una idea, y por mucho tiempo (un par de añitos…) y esfuerzo que cueste terminan consiguiendo sacarla a la luz, el diario digital La Columnata, en el que colaboramos una treintena de compañeros, a cada cual más dispar en sus ideas y en su forma de escribir, la cosa no parece sólo que funcione, sino que empieza a tener su eco, por lo que leo en algunos sitios webs y por los datos de lecturas, visitas y enlaces que nos dedican. Dos meses es nada, un parpadeo, un estornudo, y podemos estar muy contentos de que, en tan breve lapso temporal, el diario está acercándose, conceptualmente, a aquello que hablábamos no me acuerdo ya cuándo en cierto bar de Madrid, emocionados con la idea de dar por saco a todo el mundo y ser capaces de escribir en un medio propio, sin rendir cuentas a nadie, sin línea editorial, sin excesiva publicidad, con una imagen no demasiado llamativa que eclipsara los textos (no hay imágenes ni diseños impactantes que distraigan la atención de lo que realmente importa: el trabajo de los columnistas). Por supuesto que faltan muchas cosas por afilar, mejorar, discutir, ampliar, etc, pero sé de sobra que muchos matarían por tener entre sus filas a gente tan interesante y, sobre todo, capaces de escribir con personalidad. Es decir, muchos de los que no adolecen de cerebro de mosquito, pero capaces de envanecerse de sus lecturas como catetos pagados de sí mismos, y a los que se les da un ardite la calidad de sus contenidos, mientras puedan flirtear con un supuesto éxito mediático.

El que suscribe, yo mismo, he trabajado en algunos medios digitales (ahora que lo pienso, solamente he trabajado en medios digitales, salvo trabajos míos que han sido publicados en algunas revistas, pero que no han gozado de ninguna atención, desgraciadamente), todos ellos, casi sin excepción, fanzines carentes del menor interés, escritos, lamentablemente, por gente con graves carencias de personalidad y de escritura. Pero aquí en España todo el mundo se cree con derecho a opinar hasta de cómo se fabrican los relojes, y lo hacen, lo que es peor, sin saber poner las comas, ni los adjetivos, desconociendo el significado de expresiones básicas que todo escolar debiera saber, y con una pobreza de vocabulario deleznable. Mi fama, o mi infamia, me la he ganado yo mismo escribiendo en esos lugares siempre lo que pienso, sin casarme con ningún aspirante a opinador, ciscándome en las convenciones y aportando mi intransferible (como debiera ser, digo yo) punto de vista. Supongo que por eso el Noragueda dijo: “chacho, vente para acá”. De tal modo que, por fin (y es que algunas cosas sí que llegan) escribo en un medio digital que merece la pena, y escribo, una vez más, sobre cine, aunque en realidad mi columna pertenece a la sección Miscelánea Cultural, y según palabras del dire puedo escribir sobre lo que me dé la real gana. Y merece la pena a pesar de que, por supuesto, Adrián Massanet abre la boca y sube el pan, que es una forma de decir que los trolls y demás fauna agreste de la cavernita de los ignorantes (millones de ejemplares) que exigen el respeto que no pueden dar, que se sienten ofendidos por una idea, o que no tienen nada mejor que hacer que comentar chorradas para vete tú a saber qué necesidad de realización personal, fruto sin duda del aburrimiento y la cutrez mental, harán acto de aparición y creerán que aburrir a los demás está entre sus derechos de nacimiento.

Pero en fin, también hay gente que me dedica en los comentarios elogios sin duda exagerados. Los ánimos siempre vienen bien, sobre todo en un medio tan desagradecido como internet, pero me da un pudor enorme algunas cosas que escriben sobre mí. Mi misión, como escritor o ensayista, llevo un tiempo creyendo que es la de crear nuevas ideas, o al menos ideas poco habituales. Muchos se sentirán estúpidamente desafiados o insultados por ello, y otros encontrarán estímulo y ganas de pensar con nuevas energías. También lo he observado en otros compañeros de La Columnata. El magma de las ideas es algo así como un agua estancada que de vez en cuando hay que remover, enfangar, creando ondas para que se renueve, se llene de vida y de burbujas. Beber del moho ya lo hacen muchos, algunos queremos beber de fuentes más dinámicas, más cristalinas. O dar de beber.

Llevo ocho textos escritos en mi columna, titulada El cañón del revólver (y ya explicaré en su momento por qué se titula así, y lo haré en el diario, aunque tampoco hay mucho misterio). Mañana se publica el noveno. Básicamente desarrollo algunas ideas que ya he expuesto aquí y en otros lugares, y procuro ser fiel a ellas al máximo pero aprendiendo cosas nuevas. Hay mucho tontito que se cree que por ver 670 películas al año sabe algo de cine. A mí el cine no me interesa, me interesan algunas formas dentro de todas las artes. Existe una manía por el exhibicionismo erudito que no hace sino corroborar la falta de ideas, de personalidad, de sensibilidad o de buen gusto. Yo no me he visto todas las películas de la historia, ni puta gana que tengo. Además que es imposible. Lo que intento hacer es desarrollar mi propia concepción del cine, de la literatura o de la música, o de lo que sea. Me gusta a mis 33 años, descubrir grandes obras de autores consagrados. Y espero que con 66, si llego, pueda seguir haciéndolo.

Por eso pienso seguir esforzándome en sorprender y en estimular a los lectores, en darles algo diferente no por el placer del originalismo, sino por la pasión hacia ese diálogo que provoca (palabra maldita) la polémica (palabra aún más maldita, blasfema), y sin el cual la desidia y el tedio soberanos lo pudren todo. Intentaré seguir evolucionando y ganarme el puesto diariamente en el diario (sí, es una reiteración voluntaria…) con textos inesperados y trataré de aprender más cosas de las que no tengo ni zorra idea, a escribir y a expresarme con mayor contundencia. Pienso construir una columna sólida, quizá con grietas de inevitable contradicción, pero ausentes los poros de la desidia o de la cobardía…espero.