Metallica, épica y metal

(Nota previa del autor, el alcohólico y abusador de niñas Adrián Massanet: este post NO está fabricado aprovechando el inmenso tirón de lecturas que le aporta a este humilde blog otro post sobre otro mítico grupo de rock, el que contaba un poco la historia de Guns N’ Roses, con la esperanza de llegar las 1.000 lecturas diarias, aunque no estaría mal alcanzarlas, sino escribir un poco sobre una de mis bandas favoritas)
Metallica es ya una leyenda del rock y del metal (que no es lo mismo), y lo es con relativamente pocos álbumes y con una historia bastante tortuosa, con numerosos cambios en su formación, con algunas gloriosas meteduras de pata (en lo personal y en lo profesional), con algunas tragedias y con un marketing abrumador que ha provocado no pocas adhesiones absurdas y mucho desprecio por parte de los llamados puristas. Pese a quien pese, incluso a los terribles puristas (que para desgracia del ya desgraciado mundo, proliferan como setas), este grupo de cuatro músicos (dos de ellos, los líderes, los únicos que han formado parte de la banda desde sus comienzos) son de los más influyentes de la cultura popular de finales del siglo XX y principios del XXI, y su enorme huella no sólo en su género sino en la industria musical norteamericana es incontestable.
Hace ya bastante años, realizando yo un videoclip para una banda de rock gótico, me encontré con una respuesta suya que me dejó bastante sorprendido. Cuando discutíamos algunas de las imágenes del vídeo ellos rápidamente descartaron cualquier parecido sonoro o estético con la mítica banda de San Francisco, soltando un despectivo “nosotros no somos Metallica”. Mentalmente respondí: “vosotros en realidad no sois ni seréis nadie”, aunque yo ya sabía, por antiguas amistades que habían renegado de Ullrich, Hetfield y compañía (que se habían cortado la melena para el lanzamiento del álbum Load, pecado capital…) que cualquier cosa que fuera comercial enseguida sería rechazada por los que creen en la pureza del metal y chorradas por el estilo (igual de zopencos que los creen en la pureza del “cine clásico”). Metallica siempre ha sido comercial y popular, pero eso no les resta un ápice de fuerza expresiva, de personalidad y de riesgo.
Los cuatro de negro
No sé quién me dijo, hace mucho tiempo, que esta canción (cuyo videoclip es el primero de muchos que grabó Metallica en toda su carrera, y sin duda uno de los mejores) era la banda sonora de Johnny cogió su fusil, la extraordinaria película de Dalton Trumbo basada en su propia y homónima novela y estrenada en 1971. Ya podía yo insistirle en que One estaba escrita y estrenada en 1988, y que 17 años son muchos de diferencia para poder hacer una banda sonora. Pero no le bajé del burro.  Hay gente así.
Me disperso.
La banda comenzó su andadura cuando el danés Lars Ullrich, que había viajado con su padre a California con el objetivo de convertirse en estrella mundial del tenis, y un tal James Hetfield, de ascendencia alemana, inglesa, escocesa e irlandesa,  se encontraron mediante un anuncio para formar una banda de rock, a los que luego se unirían el bajista Cliff Burton y el guitarrista Dave Mustaine. Como Mustaine está como las cabras, pronto acabaron hasta los cojones de él y le mandaron a la mierda, por lo que el divo formó su propia banda, que lo cierto no está nada mal, por nombre Megadeth, y los de Metallica se agenciaron al magnífico Kirk Hammett. Como Cliff Burton se fue al otro barrio cuando salió despedido del autobús en que viajaban de gira, autobús que dando vueltas de campana terminó por aplastarle, le reemplazaron durante unos cuantos años por Jason Newsted, pero está claro que los que cortan el bacalao en el seno de la banda son el vocalista y guitarra James Hetfield y el batería Lars Ullrich, y mucho se ha hablado de que el danés era el verdadero líder y mandamás, absurda polémica zanjada con el no menos absurdo documental Some Kind of Monster, del que no hay quien se crea ni una coma, y es que está claro que estos chicos son unos ases del marketing y les vino genial uno de esos falsos documentales en los que se nos cuentan peleas de famosos, pero que, quizá sin quererlo, dejaba claro que el alma y el corazón de Metallica es Hetfield.
Sus primer álbum está bastante bien, aunque quizá haya quedado un poco desfasado. El mayor mérito de Kill ‘Em All lo constituye en erigirse como una nueva voz después del auge y caida del metal más primario de los años setenta, tomando el relevo con intensidad, aunque todavía falto del carisma y de la profundidad de otros trabajos posteriores. El segundo álbum, Ride the Lightning, era mucho más sinfónico, delicado casi, en comparación, y significaba la apertura del grupo hacia sonidos más envolventes y más vanguardistas. Sin embargo con el tercero, Master of Puppets, lograron una de las cimas de la música metal de los ochenta. Dicen que lo que le falta a este disco superlativo es el One del siguiente álbum, And Justice for All…, mientras que lo que le falta al siguiente es la canción homónima, la genial Master of Puppets. Puede que sea cierto pero tampoco importa. Este díptico fomentó la enorme fama ochentera de este grupo, y no es para menos.

Aún así, es imposible, o muy difícil, negar que la obra maestra de Metallica es, precisamente, Metallica, su quinto álbum de estudio. En él se fusiona todo lo aprendido hasta entonces y cristaliza en algo completamente esférico, sin aristas. También conocido como el Black Album, por su tapa completamente negra, o casi, en la que apenas se vislumbra el logo del grupo en la esquina superior izquierda y una serpiente enroscada en la esquina inferior derecha, algunos seguidores desde los inicios lo repudiaron, incapaces quizá de comprender la belleza de un disco legendario. Brutal pero lírico. Sorprendente pero tradicional, en el que cada jodida nota, cada jodido arpegio y cada golpe de baqueta suena con una nitidez asombrosa. Con la magnífica voz de Hetfield en toda su madurez. Simplemente magistral.
Incapaces de superar esto, seis años después presentan el denostado Load, que a mí me parece que está bastante bien, y con el que esta banda se parece más a Black Sabbath, los más grandes de todos los tiempos. A continuación el Reload, que aún gustó menos, pero que tiene una gran canción, sobre la que confieso que siento gran debilidad, Hero of the Day:
Pero es cierto que ninguno de estos trabajos alcanza la grandeza del Black Album, y otros como el S&M, un capricho más que otra cosa, o el Garage  Inc., son en comparación triviales. Pero volvieron a lo grande con un disco durísimo y negrísimo, el St. Anger, en el que no hay solos de guitarras, ni baladas, ni hostias, solo salvajismo y desesperación. Más anticomercial imposible, pero tremendamente adictivo, y que se hace mejor a cada nueva escucha:
Del último disco he oído poco. Cuenta con un Unforgiven III, cerrando el círculo iniciado precisamente en el Black Album, y dicen que está bastante bien. Poco más tienen que demostrar estos tipos.