Los crímenes del gobierno de España

Lo voy a decir a las claras, aunque suene terrible: prefiero una tiranía a una democracia. Es decir, prefiero las tiranías que conocemos a las democracias que conocemos. Ya sé que la democracia es la manifestación del poder del pueblo, pero dado que el pueblo, los pueblos, son como corderos, y los que eligen para gobernarles son todos una panda de farsantes, la democracia se convierte en el caldo de cultivo ideal para que proliferen las tiranías encubiertas. Es decir, no hay democracias, solo un espejismo de democracia, y para eso mejor que confiesen que nos encontramos en una tiranía, y así quizá la gente haría algo. Voy a decir una cosa más: la tiranía encubierta es una forma de gobierno ideal para controlar a un pueblo tan cutre y perezoso como el español, y la tiranía real es un método perfecto para crear demócratas, sobre todo en un territorio tan lleno de “progres” como es España, en el que sólo nos unimos cuando podemos sacar toda la mala leche que llevamos dentro.

Los crímenes del gobierno de Rajoy son tantos y tan numerosos, tan ignominiosos y tan terribles, que estoy seguro que dentro de quinientos años, cuando alguien estudie la historia de España, se llevará las manos a la cabeza por la desidia de los gobernados y por lo canallesco de quienes dicen gobernarles. No es que haya cogido la ya de por sí adusta y amorfa constitución y la haya tirado al río, es que lo único que “constituye” su forma de actuar y de pensar es despreciar a aquellos para los que no es más que un servidor público (incluso aquellos que le han votado) y hundirles en el pozo más profundo de la desesperación, y de besarles el culo a todos los financieros, a todos los obispos y a todos los privilegiados para los que el sufrimiento ajeno es poco más que una postal turística.

Lo diré una vez más y seguro que muchos están de acuerdo conmigo aunque no les gusten muchas de las cosas de las que escribo: mientras haya un solo ser humano que pase hambre y sufrimiento en la Tierra, la humanidad no puede llamarse humanidad, y la civilización ha fracasado de la forma más absoluta. Extendería semejante axioma a los animales, los más inocentes de todos, en su sufrimiento y su indignidad a la hora de alimentar o proveer de servicios a una raza tan voraz e insensata como la humana. Así las cosas, que un tipo, el tal Mariano Rajoy, quien sin duda se cree una persona muy importante, permita que en los colegios los niños pasen frío o hambre, en un mundo ideal que nunca conoceremos debería estar penado por la ley. Pero no para que vaya a la cárcel, sino siendo expulsado de la sociedad para que se busque las castañas y las ase al fuego de dos piedras y una lumbre. Este hombre, cuando se mira al espejo por las mañanas, si es que tiene espejo en su casa, ¿cómo puede sentirse a gusto? Qué clase de tipo convierte la deuda de amiguetes y de socios, deuda privada, en una deuda pública que han de pagar aquellos a los que sirve, con su complacencia.

¿Qué clase de tipo, cuando esa gente se manifiesta pacíficamente, es decir que lo máximo que hace es insultar a los policías y tirarles latas de cerveza, les muele a palos sirviéndose de matones con pelotas de goma y porras de acetato, y luego se toma el café por las mañanas y piensa que está actuando correctamente? Él y sus compinches, los ministros y demás gentuza, ¿qué clase de personas son cuando lo primero que recortan, lo primero, es la sanidad y la educación, sumiendo en la desesperación a enfermos y ancianos, a valientes que cruzaron la frontera con la esperanza de recibir un poco de ayuda, y en la incultura y la inutilidad a varias generaciones de chavales que ni siquiera saben leer en voz alta? Cuando hay gente a la que todo eso le importa una mierda, capaz también de ofrecer una amnistía fiscal a los que más roban, de alentar el crimen organizado, de crear el caldo de cultivo perfecto para mayor violencia callejera porque cuando uno está desesperado acaba recurriendo a eso, ¿por qué no hay quien les controle, desde fuera del país, y les deje claro que lo que está cometiendo es un crimen de lesa humanidad?

¿Qué clase de gobierno es el que va a ver a un señor vestido de blanco que se dice el vicario de Dios en la Tierra, que cobra sueldos millonarios para todos sus miembros, y mira y habla a la gente que trabaja honradamente como si fueran chusma? ¿Qué clase de gobernantes que acuden a besar a una estatua, en teoría de una virgen, para besarle el sayo? Los mismos que prohíben imágenes de antidisturbios sacudiendo a ancianos y a niñas, incapaces de comprender que cuanto más prohíben más difícil es contener el uso de los medios de comunicación virtuales para propagar documentación visual que les describa como lo que son: fascistas de un estado policial, cuyos matones a sueldo, cuyos obispos, cuyos bancos, son los tentáculos por los que amarra, moral e ideológicamente, su poder.

Así que, aún a riesgo de que algún preboste de la represión lea este blog y decida cerrármelo y multarme por terrorista, creo que la única solución es echarles a patadas. No encarcelarles. Echarles de la sociedad. Y a los que se resistan liquidarles, porque no están liquidando a nosotros. Que triste que en aras de la compasión y la humanidad, no hagamos como los esclavos de la antigüedad con sus amos. Amos que no sienten compasión ni tienen humanidad. No toda la violencia es mala.