Algunos apuntes de la edad de oro del tenis

Aprovechando que este fin de semana tiene lugar la final de la Copa Davis, que va a enfrentar a la actual campeona, España, contra los eternos aspirantes al trono, los checos, que solamente han ganado una vez (en 1980) pero que juegan con el factor campo y sobre una de las pistas más rápidas del planeta, lo que en teoría perjudica a los nuestros, voy a escribir un poco sobre tenis, pues el año 2012 ha sido uno de los más apasionantes que se recuerdan, y creo que es muy difícil que vuelvan a reunirse semejante grupo de talentos, nacionales y extranjeros, compitiendo entre sí por la gloria de un deporte fascinante. Dice JL Palazón, el Cascarrabias a quien tanto quiero, que es una práctica, la del tenis profesional, descaradamente elitista, y estoy de acuerdo. Sin un importante apoyo económico detrás, familiar en los inicios, y comercial después, es muy difícil mantenerse ahí arriba, pero eso, creo, no resta un ápice de grandeza al tenis, un juego en el que a diferencia del fútbol bajas solo a la pista a luchar, y en el que una sola derrota te deja fuera de cualquier torneo (salvo, precisamente, la Davis, aunque el margen de error es también mínimo).
Ha sido este un año en el que ha tenido lugar la final más larga de la historia en un Grand Slam (en Australia, Djokovic contra Nadal, cinco horas y cincuenta y tres minutos de puro infarto en un partido que podría haber ganado cualquiera de los dos), Rafael Nadal ha ganado nada menos que su séptimo Roland Garros (algo que nadie hizo jamás), Roger Federer se ha alzado con su también séptimo Wimbledon (igualando a Pete Sampras), Andy Murray por fin ha empezado a triunfar llevándose el oro de los JJOO y ganando el Grand Slam de Open Usa, David Ferrer ha materializado su sueño de ganar un Master 1000 en el Paris-Bercy, y España puede ganar su sexta ensaladera en el 100 aniversario de Copa Davis. Casi nada. Por contra, el cuadro femenino profesional palidece por carecer de figuras que se mantengan con contundencia, y casi nadie les presta atención. Pero, claro, con el masculino haciendo vibrar a medio mundo, mucho tendría que cambiar la cosa en la WTA.
En otras épocas, la rivalidad entre dos grandes tenistas marcaba la élite. Quizá había un tercer tenista en liza, mientras el resto pugnaba por brillar a su manera. En esta, la alternancia entre grandes genios de la raqueta, el legado colectivo que varios de ellos está dejando para futuras generaciones, es algo fuera de toda duda. Es algo en la misma órbita que los años 80 para la NBA, porque más allá de grandes títulos o grandes gestas en finales, hay partidos apasionantes en casi cualquier ronda de casi cualquier torneo, y cada uno de estos torneos, a lo largo y ancho del mundo, posee sus propias características y sus propios matices, como en una gigantesca partida de ajedrez en la que las fichas y los poderes de cada cual van cambiando según va avanzando el año. Y lo mejor de todo es que hay poco lugar para las dudas.
Hay pocas dudas, o ninguna, de que Roger Federer es el mejor jugador de todos los tiempos. Por sus títulos, por el número de partidos jugados en su vida, por su longevidad en la élite, por su estilo de juego. Hasta es probable que se mantenga hasta 2016, año de los JJOO de Río de Janeiro, en los que planea retirarse quizá ganando el título que le falta, el oro olímpico. Tendrá 35 años. Sin palabras.
El número uno mundial actual, el serbio Novak Djokovic, es un jugador impresionante, aunque no cae bien a todo el mundo. Se ha ganado a pulso, después de su alucinante 2011 (en el que se convirtió en el coco de Nadal: seis finales ganadas de seis jugadas) estar entre los grandes de la historia. Su colección de armas tenísticas (su increíble saque, su poderoso revés, su inteligencia, su fuerza mental, su atlético y espectacular juego) rivaliza con su arrollador carisma y su provocación habitual. Sin duda, figuras como esta animan el circuito ATP y le dan color.
Es inevitable plantearse la duda Rafael Nadal para el 2013. Lleva sin jugar desde su nefasto partido de Wimbledon, pero todavía estaba clasificado, seis meses después, para la final de Maestros de este año, lo que lo dice todo. También continúa siendo el cuarto del mundo, pese a su larga lesión. Podría ya retirarse y seguiría siendo considerado uno de los más grandes tenistas de la historia. Es probable que empiece el año con muchas dudas, pero también que sepa disiparlas antes de intentar levantar su octavo Roland Garros, una gesta que se anticipa irrepetible. Sus maltrechas rodillas pedían un descanso prolongado. Sin duda habrá sabido aprovechar el tiempo. Su regreso va a ser algo apasionante.
Andy Murray es un gran jugador y parece que por fin empieza a demostrarlo. Sin embargo, también adolece todavía de irregularidad en su convicción y en su tenis. David Ferrer, sin embargo, está mejor que nunca a sus treinta años, demostrando siempre una estabilidad y una autoexigencia al límite. Sin Nadal, él es el gran referente en la Copa Davis, y sin duda sabrá estar a la altura. Finalmente, el argentino Juan Martín del Potro, que hace tres años parecía dispuesto a optar a todo, ha vuelto en todo su esplendor y a nadie extrañaría que 2013 fuera el año de su explosión definitiva como jugador. Con estos rasgos, que 2013 se convirtiera en un año de tenis aún más fascinante que el 2012 no es nada difícil.
Creo que ganaremos la Davis. Tenemos equipo suficiente para ello. Los checos también, por supuesto. Son correosos, duros y juegan en casa. Nos tienen ganas. Pase lo que pase, el espectáculo va a ser de primera categoría.