El mejor programa de cine de todos los tiempos

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Como llevo dándole vueltas a mi tesis alrededor de la Sci-Fi (que, como toda tesis o ensayo, pretendo que sea no solamente importante, sino totalmente personal e intransferible y no es mi deseo convencer con él a nadie de mis ideas, ni de que mis argumentos son mejores que los de otros) varias semanas y no acabo de encontrar la forma de hacerla de forma satisfactoria para mí, pues que le den un poco por el culo y me olvido de ella durante una temporada para escribir otras cosas seguramente más placenteras y divertidas, y ya escribiré la dichosa tesis cuando sepa qué es lo que quiero decir exactamente con ella (o simplemente cuando encuentre las palabras correctas, que a veces me da la sensación de que tengo el cerebro reblandecido y que ya no tengo vocabulario o expresión verbal, lo prometo) o quizá termine haciendo una lista de las mejores de las más importantes, de buenas aportaciones, de cosas que en mi opinión no son, o no deberían ser consideradas, Sci-Fi, y un sucinto esquema de por qué pienso así. Pero insisto, de momento que le den. A otra cosa, mariposa.
Muchas veces he fantaseado, original que soy en grado extraordinario, en un programa de cine que fuera la respuesta definitiva a ese rollo macabeo de ‘Qué grande es el cine’, que presentaba el impresentable Jose Luis Garci y que durante muchos años vimos en La 2 de Televisión Española. Rollo que, sin embargo, era el único en el que proyectaba buenas películas y en el que, de cuando en cuando, tenían lugar sustanciosos debates teóricos dentro de una cadena generalista. Y es que pareciera que eso del debate teórico, ya sea en cine o en cualquier otra disciplina artística, esté proscrito. En el programa, con Miguel Marías, Juan Miguel Lamet y, sobre todo, Juan Antonio Porto (que fue profesor mío de guión cinematográfico, por cierto), cuando iban, podíamos acceder a conversaciones muy interesantes. Otras veces, la náusea hacía su aparición. Pero en fin, en este país hay lo que hay, y muchas veces no podemos pedir nada más. 
En mi programa, que no tengo ni pajolera idea de cómo se llamaría (sí, viva el ingenio), sería obligatorio poner las películas en su versión original. Eso de escuchar a un japonés hablar en castellano perfecto a algunos les parecerá normal, pero a mí me parece una aberración y una ridiculez. Por otra parte, los asistentes al debate deberían ser obligatoriamente gente menor de cuarenta años, y a ser posible que pronunciaran el inglés (y otros idiomas) de forma decente. Más cosas: no haría otro programa en el que hablar de cine clásico. Ya hay muchas cadenas que hacen ciclos de Hitchcock, Ford o Kurosawa. Tampoco tendrían preponderancia títulos norteamericanos. Sería un sacrilegio hablar de cosas como “el séptimo arte”, o “la magia del cine”, o “una de las mejores películas de todos los tiempos”. Si se me apura, solamente podría pronunciarse la expresión “obra maestra” una o dos veces por debate. Y debería ser un poco gamberro, bastante políticamente incorrecto. Y nada de fiscales o profesores de escuelas de cine. Cinéfilos inteligentes (alguno que otro hay), escritores, músicos. Se intentaría hablar de cine reciente, que es mucho más difícil de analizar y de juzgar, y por ello es un ejercicio intelectual más valioso, que las vacas sagradas tipo Casablanca, Centauros del desierto, Psicosis, y títulos por estilo. Y buscar cine polémico, con el que polemizar y debatir acaloradamente. Eso sí, sin fanatismos ni lugares comunes.
La estructura sería la siguiente: una entrada elegante y con música de jazz (preferiblemente Chet Baker o algo así), muy diferente de las cutres y pasadas de moda entradas televisivas a las que nos tienen acostumbrados en Televisión Española, una presentación verbal por parte de uno de los dos o tres moderadores de los que dispondríamos (nunca se repetiría, por tanto) delante de una cortina que, como en un cine antiguo, se abriría y daría paso a la proyección (en una buena copia, si es posible), introducción que por cierto se limitaría a contarnos quién es el director y las circunstancias de la producción, y después de la película el debate. Pero no en un plató de televisión. Un día en una bonita cafetería, otro en un elegante bar, quizás en un decadente teatro, en unas ruinas o en el ático de un edificio. Qué sé yo. Y siempre dependiendo del tono y del ambiente de la película. De día o de noche. Habría siempre dos bandos de contertulios, nada de que todo el mundo cante las alabanzas de una película determinada. Y las bromas, los chistes, el tabaco, el alcohol, y las sorpresas deberían ser norma. Una realización eficaz pero también fluida. Nada de anuncios.
Se llevarían a cabo especificaciones técnicas, y aunque haríamos como en el programa de Garci, eso de hablar mientras se ven imágenes de la película, también habría imágenes de otras películas que tuvieran que ver con el tema, ya fueran de ese director o del género o del año. Si el programa estuviera compuesto de unos quince capítulos o sesiones anuales, una lista podría ser la siguiente:
El Padrino, parte III (Francis Ford Coppola, 1990)
Goodfellas (Martin Scorsese, 1990)
Miller’s Crossing (Hermanos Coen, 1990)
Para así hablar de tres películas negras seguidas, muy diferentes entre sí, pero del mismo año.
El viaje de Chihiro(Hayao Miyazaki, 2001)
Aladdin (Musker & Clements, 1992)
Akira (Katsuhiro Otomo, 1988)
Pesadilla antes de Navidad (Henry Selick, 1993)
Por hablar de varias formas muy distintas de animación.
Cyrano de Bergerac (Jean-Paul Rappenau, 1990)
Hoy empieza todo (Bertrand Tavernier, 1999)
El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973)
Nazarín (Luis Buñuel, 1959)
Sacrificio (Andrei Tarkovski, 1986)
Un profeta (Jacques Audiard, 2009)
El camino a casa (Zhang Yimou, 1999)
La pianista (Michael Haneke, 2001)
Por hablar de cine europeo y asiático de ahora y de hace tiempo, valioso e importante.
Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999)
Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005)
21 Gramos (Alejandro González Iñárritu, 2003)
Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004)
Por hablar un poco de la fuerza del cine moderno norteamericano. Y luego ciclos (es decir, seguidas), para valorar las tremendas diferencias, como por ejemplo:
Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998)/La delgada línea roja (Terrence Malick, 1998)
– La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993)/El pianista (Roman Polanski, 2002)/Shoah (Claude Lanzmann, 1985)
– El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991)/Intinto Básico (Paul Verhoeven, 1992)/Seven (David Fincher, 1995)
Que van por bloques temáticos, aunque también cuatro o cinco películas de Sci-Fi, de noir, de western antiguo y moderno.
Habría que poner también documentales, series de televisión, cortos…
Me aburro mucho, es cierto…