Sobre la Semana Santa y el control de armas

UZI 9mm
Después de la masacre en aquella escuela de Estados Unidos, y de muchas otras masacres, propiciadas por una delirante legislación en materia de armas, cuentan que Barack Obama lleva varios meses dándose de hostias con las grandes corporaciones de su país encargadas de facilitar una Uzi 9 mm. a chavales que no han cumplido los 15 años. Y cuentan también, en muchos medios de comunicación, que la cosa no es que sea difícil sino que está imposible, y al final será otro de los muchos fracasos de este presidente, que tiene algunas buenas iniciativas, pero que está ya claro que no se ha dado cuenta, el pobre, que no es más que un títere y que los poderes fácticos son otros, ante los cuales no puede esgrimir más que palabras, porque está atado de pies y manos.
Ahora, los pesaditos de Corea del Norte, que tienen a su pueblo muerto de hambre, pero que poseen un ejército gigantesco, se están poniendo chulos y amenazan con una guerra nuclear y demás historias. Y Estados Unidos, que tiene más bombas nucleares que todos los demás países del mundo juntos, dice que no se va a acojonar y que si hay que defenderse se hará con todas las consecuencias. A mí me parece otra de esas cortinas de humo (la número 1000 millones, más o menos) para meter miedo al hombre común y que en lugar de dedicarse a lo suyo, es decir, a hacer de este mundo un sitio más justo y habitable, esté todo el día amedrentado por una miríada de problemas imaginarios y de amenazas que seguramente nunca se materialicen. Y si se materializan, pues que lo hagan, y a ver si nos todos a tomar por culo ya, porque no podemos seguir haciendo el imbécil como raza de una forma tan lamentable. Pero una vez más al Obama le crecen los enanos y se enfrenta al tema del control de armas en el mundo, que es un tema del que precisamente Estados Unidos no puede decir esta boca es mía.
Humildemente, desde este mismo blog, yo propongo mi propia legalización del control de armas. Pero no de Uzi 9 mm. ni de cabezas nucleares, que aquí en España no gastamos de eso. Con el tiempo que hace en la jodida Semana Santa, aquí lo que se lleva, porque nadie tiene huevos de sacar la puta navaja y abrirle el cuello al banquero de turno, es el paraguas maldito.
¿Cómo no vamos a estar los españoles siempre cabreados si en este país cuando sale el sol, ya sea en enero, hace un calor que parece que estamos en mayo, y cuando se cubre el cielo de nubes, y sopla el viento y cae agua, hace un frío en mayo que parece que estemos en enero? En Londres, por ejemplo, están acostumbrados a que un buen día se transforme de pronto en una lluvia torrencial, pero el cambio de temperatura no es tan drástico. ¿No se ha fijado usted, lector, en las previsiones del tiempo? Son para descojonarse: máximas de 15 grados y mínimas de 0. Así cualquiera se vuelve gilipollas. Entre las muchas razones para volverse loco en esta tierra de imbéciles y mezquinos, la del tiempo (junto con la del ruido) para mí es la más importante. Podemos ver a gente pasear con chaqueta y, en el brazo, un buen abrigo de plumas, la bufanda y el gorro. Todos los días, cuando sale el sol y se vuelve el día más agradable, me cruzo con individuos/as tapados hasta las orejas. Pero eso es cómico. Lo que no es cómico es el tema de los paraguas. Eso es trágico.
Si para conducir es obligatorio un carné, ¿por qué cojones a las señoras y a los señores a los que les cuesta caminar sin tropezar se les entrega un paraguas sin más? En una ciudad masificada como Madrid, que de repente empiecen a caer cuatro gotas y que un tipo delante de mí saque un paraguas largo como un sable de caballería, me produce pavor. Con el poco respeto de la gente por el espacio de los demás, con la escasa conciencia de que alrededor existen las personas y que no son hologramas, el gesto de sacar el paraguas es para echarse a temblar. Yo, como muchos otros, no ando por la calle como si paseara por el bosque. Voy a buen ritmo.  Y espero que el lector me crea si siento que mi integridad física se ve gravemente comprometida. La peña es tan inconsciente que suben las escaleras del metro con el paraguas en posición horizontal, de tal modo que la persona que les sigue debe tener mucho cuidado de que no se lo claven en la cara. Máxime cuando muchos de esos paraguas de gran longitud terminan en una espina de acero. Pero yo he visto a señores que caminan con ellos como si fuera un bastón, levantándolo con aire señorial entre el gentío. Y docenas de veces me han rozado el pecho con ese arma, sin ni siquiera darse cuenta del peligro que tiene ese movimiento.
Sobre la torpeza de las señoras con el paraguas abierto, que no se apartan ni a hostias, ya he escrito muchas veces. ¿A qué espera Obama para tomar cartas en el asunto? Sería una lucha mucho más fructífera que legalizar las armas de fuego en su país o las nucleares en remotos países asiáticos. Aunque en el fondo comprendo que ni le interese. Venir aquí tiene más peligro que visitar Irán o Palestina. Se quedaría patidifuso de ver a un supuesto país del primer mundo en el que sus ciudadanos se echan a llorar porque la virgen no puede salir en procesión, mientras se sacan los ojos unos a otros con los putos paraguas del infierno.