Tokyo 2020 – 2020年东京奥运会

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Ya se ha comentado hasta la saciedad en todos los medios de comunicación. Madrid ha hecho el ridículo en la selección de la anfitriona de los JJOO de 2020, gracias a una gestión nefasta, y todo dios anda riéndose del ridículo espantoso que hizo Ana Botella imitando el acento de su marido hablando en inglés. Una señora que está ahí sin que nadie la haya votado, con el único mérito de follarse, si se lo folla, al ex-presidente más reaccionario y deleznable de la historia de España. Así que, como la Cenicienta era Estambul, que nadie en su sano juicio creía que pudiera llevarse los juegos, se los han adjudicado a Tokio, que era la candidata más robusta y con un proyecto más ambicioso. Y a pesar de las críticas o de los incrédulos, yo creo que Japón va a organizar unos juegos absolutamente increíbles.

Claro que estas finales de organización de eventos de esta enormidad están profundamente politizadas. No sé cuántas veces me han comentado en los últimos días que contra Madrid han votado los alemanes y los franceses presentes en el jurado porque en 2024 van a presentarse Berlín y París (además de Roma), y si se hubiera elegido una ciudad Europea para 2020, por sus propias reglas, ningún otro país europeo podría haber optado en la siguiente edición a organizarlos. Más allá de eso, los que deciden cuál va a ser la sede supongo que estarán controlados, o al menos influenciados, por multitud de poderes fácticos que vrtualmente controlan cómo, dónde y por qué. Pero estaba claro que Madrid no se lo iba a llevar y que se han reído de nosotros de paso, por tres motivos fundamentales (por encima de los cuales yo habría votado que no, solamente por joder al PP, al igual que votaría que sí a que Cataluña dejara de ser española, solamente por no tener que aguantar más los lloriqueos de los fundamentalistas catalanes), el primero de los cuales es que España organizó unos juegos hace dos décadas y que jamás se les pasaría por la cabeza volver a darle este evento a un país como el nuestro.

El segundo no es el paro o la crisis económica, sino el proyecto en sí. Los que decían que en esta ciudad estaban construidas el 90 % (o el 80, según la supermegarecontra alcaldesa de Madrid, que además de increíblemente fea y antimorbo es decididamente retrasada mental) y creían que por eso teníamos los juegos asegurados, no entienden que a los que mandan en este tinglado lo que les mola es que una ciudad se transforme, que crezca, que presente un proyecto espectacular con el que los JJOO sigan siendo el espectáculo deportivo más grande a nivel planetario. Unos juegos austeros como los que pretendían ofertar nuestros amos, no les interesan porque va en contra de esa idílica transformación global en sedes deportivas y de fraternidad inmensas que quiere el COI. Y los de Tokyo, en ese sentido, han ganado por goleada a los capullos que nos desgobiernan, y que cada día dejan más claro que no es que estemos gobernados por una mafia de malvados, sino por una partida de capullos incompetentes.

El tercero y último es que para el COI es muy importante que la nueva sede, como todas las otras, cambie la nercia social y económica, del país que la albergue. Y en ese sentido Japón, con el terrible desastre de Fukushima, del que aún queda por conocer el alcance de sus secuelas, con la recesión de la que están ahora saliendo a pesar de los pesares, y con las graves lacras culturales que todavía adolecen, ha demostrado tener un carácter superior al nuestro y prácticamente al de cualquier otro país industrializado en el siglo XXI.  Los que se ríen con chistes de peces de tres ojos creo que no son conscientes lo que son capaces de conseguir unos individuos asombrosos, que ya en el siglo XX dejaron al mundo estupefacto con sus conquistas tecnológicas, y que en el XXI, precisamente cuando los atletas han llegado al límite de sus capacidades, van a ser capaces de dar el salto a otro universo del deporte. Y si no me creen, den tiempo al tiempo.

Dicen que los gastos derivados de las campañas para que Madrid fuera sede en 2012, 2016 y 2020 exceden los 8.000 millones de euros. Con una crisis terrible y un país al borde absoluto de la quiebra social, esas cifras provocan mareos y ganas de vomitar. Rafael Nadal, probablemente el deportista más grande de la historia de este país, les ha dado una lección (pocos días antes de decir que las entradas para la Davis estaban demasiado caras, y de ahí la escasa afluencia de público) cuando les ha dicho que el jet privado para asistir es una desfachatez estando las cosas como están, pero ellos no tienen vergüenza de nada. Una catástrofe nuclear no ha sido óbice para Tokyo, pero sí es óbice para la dignidad de los habitantes de España tener que sufrir a unos sujetos tan despreciables como los que nos dicen lo que tenemos que hacer mientras se enriquecen con la jugada.

Katsuhiro Otomo, que como todos los japos está pirado, contaba en su manga Akira unos JJOO en Tokyo en 2020…después de la tercera guerra mundial. A ver si llega esa guerra, y con ayuda del diablo nos libramos de tanto imbécil. También hizo una película mítica sobre su propio Manga, de título homónimo, que resulta alucinante hoy día. Viendo las imágnes de Akira, uno se pregunta cómo coño fueron capaces de hacer esto hace más de un cuarto de siglo. La película no es ninguna joya del cine mundial, pero su animación, su técnica, es una cosa indescriptible que hoy día ni Pixar ha logrado superar. Porque estos japos, pirados, machistas quizá, lejanos y exóticos, son algo fuera de serie: