Alimentación

alimentación

Lo sé. Soy un tipo increíblemente vago. Exageradamente, orgullosamente vago. Llevo sin escribir en mi blog desde hace meses. Pero no he dejado de escribir. Lo dejo claro para los pocos lectores que aún esperen, con paciencia, que regrese a una cierta regularidad de publicación de posts que en cualquier momento puede darse, pero que en los últimos tiempos ha lucido por su ausencia. Dejadme ver…joder que no publico nada desde el 15 de diciembre. Sin duda me merezco que mis viejos y pocos fieles seguidores me hayan dejado de lado.

Pero tampoco he permanecido ocioso. Escribo muchas cosas en otros varios sitios, y tengo mis proyectos literarios. Algo es algo. Algunas de mis amistades me siguen advirtiendo, sin embargo, que lo más interesante que puedo yo escribir, y lo que me queda mejor y más profundo, es cuando escribo en mi blog y lo hago sobre mí mismo (otros, no me cabe duda, detestan que escriba sobre mí mismo, no tanto porque lo consideren elitista, sino porque no me soportan). Pero en estos meses de sequía bloguera he llegado a una conclusión que, me parece, es una ramificación de mi vieja idea, mi axioma, de que todo es necesidad. Y la conclusión es que, en realidad, todo es alimentación. Empezando por escribir en un blog. O te alimentas de ideas, vivencias, reflexiones, lecturas, de vida en definitiva, o escribir resulta un ejercicio del todo infructuoso, vacío.

Y, de la misma manera, absolutamente todo en nuestra vida tiene que ver con la alimentación, porque empiezo a pensar que todo en el universo gira en torno a ella. Necesitamos alimentarnos de materia para permanecer vivos. No solamente de comida, sino de prácticamente todo lo que nos rodea. Y todo atraviesa nuestros cuerpos, mentes y corazones y se transforma en otra cosa. Ahí radica, quizá, la gran tragedia del hombre y de los animales. Y ahí, creo, se encuentra el origen de lo que algunos han considerado a llamar el Mal, que probablemente no sea más que una forma destructiva de tratar los alimentos y de empujar a otros al hambre y la desesperación, a la muerte y a la extinción.

Sí, quizá el lector esté pensando “pobre Massanet, hacía años que parecía que se le había ido la olla, pero ya no lo parece, ha ocurrido definitivamente”. Qué va. Pensémoslo bien. Todo este rollo de la crisis y la deriva de un mundo que se hunde también tiene que ver con la alimentación. Desde el principio de los tiempos, dicen, en los que algunas tribus eran incapaces de compartir la comida con otras, y hasta llegaban a exterminar a los animales de su zona para que los cabrones que no les caían bien muriesen de hambre. Desde que vemos cómo los descendientes directos de esos hombres primitivos dedican todos sus esfuerzos y energías intelectuales en asegurarse un bienestar y una alimentación de lujo y continua, sin importarles que por ello la riqueza y el combustible no pueda llegar a otros que no poseen tanta inteligencia práctica y que, seguramente, compartirían la alimentación y la riqueza con los mismos que ahora les destruyen.

Como somos una raza tan mezquina y tan avariciosa, al menos algunos (bastantes) de nosotros, nos importa un carajo que por el hecho de acumular alimentación, otras regiones del mundo carezcan de ella, y que por ello sus necesidades más básicas sean imposibles de cubrir. Por eso me hace mucha gracia eso de que siempre habrá pobres. o eso de que vaya pena lo de África, que siempre está igual. Si vemos un poco más allá es probable que nos demos cuenta de que todo eso no es más que la naturaleza humana: condenar a otros a la desesperación y a la muerte para que unos pocos vivan de puta madre. Y creo que si algún día consideramos la alimentación como el tema central de la humanidad, y la acumulación como una condena a muerte de gran parte de ella, habremos dado un paso para que este mundo deje de ser un mundo de mierda y vivamos todos un poco más tranquilos. Pero supongo que como pertenecemos al reino animal, por mucho que nos pese, seguiremos devorándonos los unos a los otros hasta que ya no quede nada ni nadie.