Estulticia

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Esta es una imagen real. Podría haber sido tomada en 2004, o en 1994, o en 1984, pero es una imagen de 2014. De ahora mismo. Dentro de esas imágenes hay otras imágenes que no se ven: familias descuartizadas, edificios viniéndose abajo y aplastando todo lo que rodea, algún que otro activista de Hamás (a lo mejor), periodistas cercanos que ven cómo se cae el infierno sobre sus cabezas, pobre gente que no ha hecho nada y cuya vida desaparece en un instante de fuego y furia.

Todo esto viene a cuento de que yo, que no sé muy bien por qué a veces me siento un bicho raro pero que también pienso, a menudo, que razono de manera normal y lógica, no entiendo eso de las noticias y la información. No son más que un montón de estupideces construidas para estúpidos. Yo no soy estúpido. Seré muchas cosas, pero eso no. Y creo que la era de la información, más que informarnos, lo que logra es anestesiarnos, de tal forma que una imagen como la que preside estas líneas, no nos produce ni frío ni calor. Eso es lo trágico, lo más terrible de todo.

Pongamos por ejemplo una noticia que describe muy bien la expresión “estulticia”: ‘un edificio, o edificios, se han derrumbado en Gaza tras una serie de bombardeos del ejército israelí’. ¡Claro! A ver. Yo es que.. No sé. Joder. A ver….

No sé…

En efecto: si me cuentas que un ejército bombardea una ciudad, lo más lógico es que haya edificios de civiles que se derrumben. No. Creo que no me estoy explicando bien. Probemos con otra noticia estúpida: ‘varios soldados israelíes mueren acribillados por los activistas de Hamás’. Claro, coño. Lo más normal que podría suceder si un ejército invasor se infiltra en una ciudad, es que algunos de ellos mueran. ¡Eso no es una noticia! La noticia sería, ¿qué sé yo?, que nos contaran que los soldados israelíes hubieran tirado las armas al encontrarse con un montón de chicas guapas palestinas (o chicos guapos palestinos, que tanto da) y que se hubieran puesto a follar con ellas (o ellos) y hubieran declarado que sus jefes están locos de atar, porque eso es lo mejor que se puede hacer en la vida, en lugar de andar puteando a todo aquel que se interponga en tus intereses económicos y políticos.

A ver, es como si yo me asombro de que a un torero le coja un toro. No me digáis que no viene a cuento. Básicamente es la misma cosa. ¿Quién le manda al torero ponerse frente a un morlaco de quinientos kilos? Nadie. Nunca seré un imbécil que se alegre de que el toro le arranque media cara a un torero con un cuerno, pero si ocurre, tampoco voy a sentir pena por él. A fin de cuentas, la mayoría de los toros mueren en la plaza, para servir de espectáculo y entretenimiento, y para dar dinero a los responsables del tinglado, toreros incluidos. Mucho dinero. Bien. ¿Quién le manda a Israel meter a su gente en ese avispero? Nadie. Repetiré lo mismo sin cansarme: las cosas son mucho más sencillas de lo que parecen. Basta con pensar. Si Israel no invade un país, no tendrá bajas. Si no bombardea un barrio, no morirán niños. Si no hubiera ocupado territorios que nunca le pertenecieron, con el beneplácito de la ONU, no estaría cometiendo ahora atrocidades que horrorizan al mundo entero. Si el torero no se pone delante del toro, no le cornea jamás. Si yo, cuando el café está recién hecho, no agarro la cafetera por la base, no me achicharraré los dedos.

2+2=4. Sencillo, ¿verdad?

Claro, me vendrán algunos con que los bestias de Hamás hacen barbaridades. Bien. El hecho en sí, pongamos dos tipos que lanzan cohetes sobre una región civil y causan muertos o heridos, es reprobable. Aislado de un contexto, suscita una reacción unánime: que cojan a ese par de tipos y los metan en la cárcel para que no hagan más barbaridades. Ahora bien, luego está el contexto: el estado palestino, uno de los más pobres del mundo, está siendo aniquilado por uno de los ejércitos más poderosos del mundo, financiado por su socio Estados Unidos, cómplice del genocidio.

Porque una cosa es defenderse, y otra muy diferente llevar a cabo monstruosidades.

Defensa-monstruosidad. Es facilísimo comprender la diferencia. El que no la entienda adolece de una estulticia tremenda, o de algo peor. Incapacidad mental, o algo así. Es como si un tipo al que han dado una paliza un par de moros, decidiera ir con un tanque al barrio de esos moros y demolerlo a base de cañonazos. O como si una mujer violada, en lugar de buscar al culpable, cogiera una katana y decapitara a todo hombre o ser con pene (no es lo mismo), y luego se meara en su calavera. No es lo mismo.

Otro ejemplo de noticia idiota: ‘Jordi Pujol admite que estafó a hacienda millones de euros’. ¡Es no es una noticia, caguen Dios y María Santísima! La noticia sería que devolviese ese dinero, o que él y sus hijos fueran a prisión 40 años. Pero no me quiero desviar que hablo de Gaza.

Lo del genocidio contra los palestinos es una barbarie de magnitudes indescriptibles. Yo no sé qué coño quieren los judíos, mejor dicho los sionistas, de ese pedazo de tierra polvoriento. Cuando se los carguen a todos, hombres mujeres y niños, igual resulta que debajo de los barrios y los cadáveres, hay una montaña de diamantes. Algún sentido tendría. Horrible, pero sentido, joder. ¿Qué esperan los judíos, que los palestinos se larguen sin más? Sí, ya sé, los árabes musulmanes son unos putos pesados, y las mujeres no valen nada, y se pasan el día pegando voces y pegando tiros… Pero con este proyecto de crear el Gran Israel, fantasía promulgada por ese cuento de hadas que llaman La Biblia, lo que están consiguiendo es que las generaciones de palestinos fanáticos crezcan y no desaparezcan jamás. Hamás (worst joke ever).

Asistimos todos los días a la insensatez más dolorosa, más destructiva. Y luego llegan los telediarios y nos entregan estulticia. Así no hay forma de sonreir ni durante cinco minutos.