¿Qué hago?

Fresh beer with froth, isolated on white

Siempre digo lo mismo, así que no lo voy a decir más. Siempre que me paso una eternidad sin escribir en el blog digo a los pocos que me leen: “prometo escribir más a menudo a partir de ahora”, o cosas por el estilo. En lugar de eso voy a decir lo siguiente: quiero escribir más en mi blog, creo que puedo ofrecer cosas interesantes. No sólo suena mucho más positivo y con autoconfianza, sobre todo no me presiono a mí mismo, porque a veces solamente quiero escribir cosas muy importantes, y eso es una estupidez como un piano.

Dicho esto, ¿soy el único al que el tráiler, o teaser, o como cojones se llame, de la nueva entrega de Star Wars, dirigida ahora por el J.J. Abrams ese (quien por cierto ¡es clavado a Steven Spielberg de joven!) le ha parecido un jodido timo? Mi hermano me ha salido con cosas de esas de que es para elevar al Hype, que si imágenes icónicas de la serie… a mí me ha parecido un timo notable, pero en fin. También me ha parecido que el último episodio de la primera parte de la ultima temporada (uff…) de The Walking Dead es bastante bueno. O muy bueno. Ya era puta hora, después de un primer episodio más que notable, y casi media docena de aburrimiento total. Ahora hay que esperar a febrero para la segunda parte de la temporada. Todo lo bueno se acaba. Como las vacaciones, como mi fascinante viaje a Toledo (ciudad mágica, imponente, que me parece increíble no haber conocido antes…pena haber estado tan escaso tiempo…¡pero es que está aquí al lado y no había ido nunca!).

Uno se pone filosófico cuando las vacaciones se terminan y mañana te espera un duro día de trabajo con mil mierdas pendientes, con ansiedades, estrés, inseguridades, dudas…hasta taquicardias de cuando en cuando… Pero hay un tema, más allá de que Star Wars va siendo hora de que nos deje tranquilos, o de que The Walking Dead empiece a matar a personajes importantes, y que hace tiempo me está dando vueltas por la cabeza: ¿qué hacer? ¿cómo seguir? Algo habrá que hacer, digo yo. Y me refiero al tema de la cerveza. Otro día me pongo con otros temas que no me dejan dormir.

Los que me conocen saben que soy un cervecero irredento. Igual me bebo diez jarras seguidas y estoy como si nada. Creo que ya me corre cerveza por las venas en lugar de sangre. El vino no me gusta tanto. Una copa y gracias. O dos y me sobra. Pero la cerveza… la cerveza es mi amiga en los mejores y en los peores momentos. No me pide nada (bueno, un euro la yonki-lata, que es una minucia) y me da justo lo que promete. Sin dobleces, sin fantasías. Simplemente es acercar los labios a una cerveza helada con bastante espuma y sentirme un poco mejor, aunque me sienta una puta mierda. La cerveza viene bien en invierno para animarse, y aún mejor en verano. Casa fenomenal con la carne roja, con la blanca, con el pescado, con un cigarrillo, viendo una película, escuchando música, sentado en el parque, fumando un cigarrillo, charlando con los amigos o en soledad, escribiendo (como ahora mismo), o jugando al Trivial Pursuit. Cuando estoy contento sirve para celebrar el momento, y cuando estoy jodido, sirve para hacerme compañía.

Y, sin embargo…

Ha llegado la hora de tomar una decisión.

Porque estoy hasta los huevos de la Mahou.

¡Pero no hay otra!

Dirá el lector: Adrián, colega, tantos días sin escribir para ponerte a dilucidar sobre gilipolleces. Ah, no, amigo, de gilipolleces nada. Esto es un tema serio. Ya lo he escrito antes: ¡no hay otra!. La Carlsberg me parece trucada, las mexicanas demasiado suaves y sin sabor, las americanas saben a refresco con gas, las alemanas no están mal pero me cansan, la Cruzcampo solo sirve cuando no hay nada mejor a mano, la Estrella Galicia en lata o botellín es una mierda pues solo vale (y mucho) la que tiran en grifo y aquí en Madrid no hay de eso casi en ningún lado… y podriamos seguir así hasta el infinito. Cuando encuentras algo que es buenísimo, casi perfecto, pero llega un momento que no puedes más, por la razón que sea, ¿qué haces? Porque algo habrá que hacer. Tomar una decisión, claro, pero ¿cual?

Hablando con un gran amigo mío, un tipo con la cabeza muy bien puesta y el corazón enorme, nos dio por elucubrar acerca de la experiencia y de los errores. Y de las decisiones. Nadie puede aprender en vida ajena, tienes que aprender en la tuya. No queda otra. El problema es que aprendes después de haberte equivocado, o de creer que te has equivocado, o de temer haberte equivocado, que es lo mismo. No antes. Y hay errores que, una vez cometidos, nunca vas a poder cambiarlos. Otros sí, creo. Decidir sobre la mejor cerveza de todas, la que de verdad te gusta, con la que merece la pena quedarte, no es un tema ligero. A fin de cuentas, te acompaña cuando estás mal y sonríe contigo cuando estás bien.

Mañana a trabajar otra vez. Cagüen Dios y María Santísima.