Que se joda la Esperanza

caspar-friedrich

¿Pero qué esperanza puede haber si todos vamos para la muerte? ¿Esperanza de que nos muramos?

-Fernando Vallejo

Esperanza es el nombre comercial que le hemos dado al autoengaño. Suena tan bonita, tan importante. Esperanza. Esperar. Querer. Que algo cambie. Sobre todo esperar que a un momento de nubes e incertidumbre le suceda la luz, la calma, la plenitud. Pero eso rara vez sucede, que es lo mismo que decir que nunca sucede. Porque nunca sucede. La esperanza la inventaron tarados muy seguros de sí mismos (es decir, muy inseguros) para que mentes primitivas (es decir, que se creen muy importantes, muy desarrolladas) se sintieran mejor. Pero, ¿qué significa sentirse mejor? ¿Por qué hay que sentirse mejor? ¿Por qué no hay que sentirse tal cual uno se siente y ya está, y a tomar por culo todo?

Yo digo que se joda la esperanza. Es como el canto de sirenas que nunca llega, como ese ensueño que te envuelve porque eres tan cobarde que no tienes, o no crees tener, las suficientes fuerzas como para enfrentarte a la cruda, a la jodida, pero directa, honesta, verdad. La verdad… ahora es cuando Adri se pone a escribir, divagando, sobre el tema de la verdad, cuando hablábamos de esperanza. Pero no voy a divagar más de lo necesario, y la verdad, con “v” minúscula, es la de cada cual, y por tanto ostenta su importancia, mientras que la que lleva “v” mayúscula es esa verdad que tampoco existe, porque es la de los que intentan imponerla a los demás. Como desde luego se impone a la mayoría, y nunca existió, ni existe: la Esperanza. Solamente en la mente de los que nunca se miraron al espejo y se dijeron: tío, yo he errado, ahora qué hago, cómo sigo. Qué mueca me invento, qué gesto, qué frase, para que no se note que esta mañana, cuando me desperté, me miré al espejo, y me dio pena lo que veía, porque no es capaz de ser, sin culpa y sin temores, tal cual. Ser.

La esperanza es la que lleva a la locura, mientras que la desesperanza es la que, irónicamente, lleva, según mi experiencia, al autoconocimiento y a mover el culo.

Me explico.

Sólo los perdedores, los machacados, por los demás o por sí mismos, tienen la verdadera llama de la Desesperanza, mientras que todos los demás, los románticos, tienen la ciega Esperanza de que las cosas cambiarán simplemente porque sí. Pero los que no tienen nada que perder, los que han vivido todo, o se han esforzado por ello, y por tanto no se sorprenden por nada, podrán, quizá, ofrecer algo más que un tributo a una idea. Ellos serán la idea, y podrán, a lo mejor, ofrecer lo que a los demás les está vedado: esto es la vida. Y de vida hablamos.

La vida es algo más que currar, dormir, cagar, mear, comer, beber, hablar, follar, respirar, reproducirse, envejecer, quejarse y morir. Quizá ese algo más sea el mundo interior tantas veces menospreciado por la mayoría pero que te permitió seguir existiendo para tí mismo. El mismo mundo interior que te lleva a la Desesperanza al igual que al hombre corriente le atrae tirarse al abismo no porque sea negro, sino porque es más grande y más brutal que uno mismo. Quizá sea el único camino de los que no sueñan despiertos, sino que sueñan con algo más. Con ser, de nuevo.

La Desesperanza es como la Libertad, otra palabra hermosa que significa tantas cosas terribles. Como el Amor, que nada tiene de parentesco con la felicidad, nombre comercial que le pusieron a contentarse, a transigir. La Desesperanza es como respirar al fin, sabiéndose mortal, imbécil, tarado, trágico, inútil, y aún así seguir queriendo levantarse cada mañana a ver qué sentimientos jodidos te puede traer la realidad. Quizá de esos sentimientos puedas extraer jugo de vitalidad, o emociones que ni te imaginabas, pero algo es algo. Porque la Desesperanza no tiene nada que ver con la infelicidad, ni con la tragedia, sino con la íntima sospecha de que tocar fondo no es una pena, sino la constatación inefable de que las cosas suceden por alguna razón, y de que no piensas moverte de allí. La Desesperanza se parece, quizás, a la lucidez.

La lucidez de que el dolor, por muy jodido que sea, es la única cosa real que existe, si es que algo existe. Que aceptar y llorar son lo más honesto que puedes hacer con un ser querido, mucho más que un beso o una promesa. Que después de eso, levantarte y hacerte un café, o hacerle un sandwich con queso a la otra persona para que desayune, es un acto heroico. Es más, que no hay actos heroicos, y que lo hiciste únicamente para sentirte bien contigo mismo. Porque lo necesitabas, y ahora eres tan lúcido que lo sabes. Porque no hay perdón, ni vas a perdonarte a ti mismo, ni hace falta. Que no hay perdón por que no hay culpa, y no hay culpa porque no hay maldad ni hay bondad, sólo hay inconsciencia y lucidez. La lucidez del que sabe que se equivoca, y no le importa reconocerlo. Por primera vez no le importa, porque quiere mirar con los ojos limpios, y que le miren igual.

Y entonces por fin que le miren, que le den la mano, que le abracen, y que le besen, y que le acepten. Tal cual es. Porque por fin es.