El Massanet

MR.-CLEAN

Cuando era peque, lo recuerdo bien, los compañeros de clase, en primaria, e incluso en el instituto, se quedaban algo perplejos al escuchar este apellido, cuando nos llamaban a mi hermano o a mí a la palestra, o pasaban lista o lo que sea. ¿Massanet? ¿Qué es eso? Catalán, ¿a que sí? A mí siempre me ha parecido un apellido algo feo, algo raro, algo extraño. Durante mucho tiempo ni sabía qué coño significaba.

Cuando estuve en la universidad conocí a un lingüista que me dio varias opciones. Era un tipo majo, me parece. Uno de esos profesores aburridos de una universidad pública, que accedió brevemente a razonar el origen del apellido. Dijo que podía provenir de manzana, o manzano, el árbol, e incluso me dio otras opciones. No tenía ni puta idea de catalán/mallorquín, claro está. Algún tiempo más tarde me di cuenta: Massa, de demasiado, Net, de neto, limpio. En resumidas cuentas, Demasiado Limpio. Tiene huevos, me llamo Adrián Demasiado Limpio. Igual que mi padre, Sebastián, y mi hermano, Jorge. Somos los tres “demasiado limpios”.

No tiene nada de bueno ser demasiado limpio. Excede lo necesario o conveniente. Excesivo, sólo es bueno el dinero. Nunca se tiene demasiado. Todo lo demás indica un desequilibrio. Si te desequilibras te caes. Si te caes, te golpeas, te haces daño, a veces definitivamente…

Mi padre es probablemente la persona más justa, inteligente y resistente de su edad que yo haya conocido. Tiene grandes defectos, claro, y algunos de ellos me llevan a veces a la desesperación. Si pudiera, o tuviera la oportunidad sin que me retirase la palabra, le daría un capirotazo en la frente por algunas de sus ideas, por algunas actitudes, o porque jamás saca lo que lleva dentro, al menos conmigo.

Mi hermano Jorge es exactamente igual que él. Físicamente se parece más a los Chacón, la familia de mi madre, pero interiormente es un Massanet de pura cepa. Nunca saca, nunca se muestra. Toneladas y toneladas de subterfugios, máscaras, huidas internas, solapadas réplicas, costra de superficialidad.

Ambos son buena gente. Pero no en el sentido habitual, sino en el real. Incapaces de la menor malicia, salvo quizá por desesperados estallidos de indignación o cansancio. Nobles hasta la extenuación, no desean provocar el menor daño a nadie, y aunque lo desearan, no están capacitados para lograrlo. Sólo sus torpezas, o debilidades, sacan de ellos algo hiriente. Son demasiado limpios, sin duda.

Porque quizá los apellidos signifiquen algo más que varias letras juntas. Quizá señalan nuestra naturaleza, porque hace cien años alguien definió perfectamente lo que somos, y nos quedamos con ese sobrenombre al que ahora llamamos apellido…

Yo también soy demasiado limpio. Limpio. Y demasiado. Limpio es inmaculado, honrado, honesto. Pero demasiado. Es decir, que no es positivo. Demasiado leal, demasiado entregado. Demasiado corazón, y cuando pones demasiado corazón en algo, no te queda nada para tí. Además se da la circunstancia de que en realidad me parezco bastante a mi madre (no tanto a los Chacón, más que nada a mi madre), lo que significa que me atormento, me auto-inculpo. Cada día diversifico mi auto-aversión y mi autodestrucción. Pero mi madre no solamente me ha dado eso, sino que me ha dado un aguante y una vena altruista que, sin exagerar, me hacen o me vuelven indestructible, casi como un ave fénix. Mi madre lo da todo, todo, hasta que no le queda nada. Y cuando no le queda nada, se convierte en Prometeo (castigado por los dioses, ya que entregó el fuego al hombre, y condenado a que un águila se comiera su hígado durante el día, aunque al ser inmortal le volvía a crecer por la noche, en un ciclo eterno), sólo que ella no es inmortal.

Solamente lo parece.

Así que soy un híbrido entre lo demasiado limpio y lo aparentemente indestructible. De modo que no soy ni limpio, ni precisamente fuerte.

Pero eso sí, yo entrego y entrego. Me he dado cuenta. En fin, entrego lo que tengo, que no es mucho. Mi compañía, mi devoción. Durante demasiado tiempo he pensado que soy oscuro, casi tétrico. Quizá no lo sea. Quizá me haya pasado media vida ayudando a todo el mundo, esperando al menos un mínimo. De lealtad, de consideración. A veces lo he obtenido, así que no puedo quejarme.

Sólo soy, creo, y cada vez más, un buen tipo. Loco, enrevesado a veces, bufón, tímido, estrambótico, lúcido, leal, directo, cansado; individuo al que le gusta la tranquilidad, la paz. Al que le gusta beber y fumar. Que no tiene, nunca la tuvo, demasiada fe en sí mismo. Que ha pasado y pasará infiernos de incomprensión y rechazo y pérdida. Y que aguantará, como su padre, y se regenerará, como su madre. Que se siente muy solo, cada vez más. Pero me gusta reír, aunque sea solo, buscando alguna mínima razón para sentirme válido.

Es decir, Massanet. Pero también Chacón. Pero sobre todo Adrián.