Atizando el fuego

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Me levanto de la cama muerto de frío y me digo: ¿quién coño soy yo? ¿Una persona se define por la suma de sus rasgos? ¿O es algo más? Ni puta idea.

Así que hagamos un compendio de mis rasgos o particularidades, a ver si llegamos a alguna parte:

  1. Soy fumador y bebedor, pero tampoco de forma compulsiva. Es decir, me puedo beber ocho cervezas heladas y es como si bebiera agua, pero con los licores es diferente. Un par de whiskeys y me canso. Puedo beberme seis, claro, pero me sienta como el culo, y a la mañana siguiente me quiero morir de la resaca. Así que paso. El vino me gusta, pero poco. Una copa, o dos, y ya me aburre, me seca la boca y me dan ganas de una buena cerveza helada. Así que podríamos considerar que jamás seré alcohólico. Y el tabaco…bueno, puedo fumar bastante a lo largo de una jornada ociosa, pero también me cansa, me da dolor de cabeza y me deprime, así que llega un momento en que paro. Simplemente el cuerpo me dice “basta”. Y paro.
  2. Me gusta comer, pero no me gustan las grandes pitanzas. Es decir, eso de entrantes, primer plato contundente, segundo aún más contundente, postre… rara vez. Sin embargo me gusta picar y dejo que mi cuerpo, una vez más, dicte mis necesidades. Si tengo un plato estupendo delante pero no tengo hambre, no me lo como, así que nunca seré un tipo obeso. Pero hay veces que el cuerpo me pide comer como un descosido, y da igual lo que me pongan delante, que lo devoro. Y sé apreciar buenos alimentos, y me aburre la comida barata, aunque me ha ayudado a veces a tirar cuando no tengo tiempo de cocinar o preocuparme de qué diablos me voy a hacer de cena.
  3. La música es una necesidad más en mi vida. Mucho más que el cine o la literatura. Digamos que el cine, o la literatura, son los entrantes. Pero la música es mi alimento. ¿Mis gustos? Muy variados. Consisten en elegir todo aquello que no es una puta mierda de música. Parece tarea fácil, pero no lo es. Soy ecléctico, y versátil. Me gustan los grandes pianistas, pero algunos de ellos me parecen excesivos y sin interés. Me gusta el rock y algunas formas sinfónicas, pero en grupos reducidos. Me fascina la música electrónica, pero no hay mucha que realmente haga volar mi imaginación y me permita respirar en un día nublado, así que echo poca mano de ella. Soy más de composición que de letras en las canciones, pero aprecio a un buen letrista. Supongo que soy un poco caótico en esto de la música, y demasiado sibarita.
  4. Nunca he caído gravemente enfermo, aunque he tenido mis dolencias, claro. Pero jamás me ha dado una diabetes o una lesión grave, y no me han ingresado en el hospital. No he pasado de un esguince o de ir al dentista con una encía inflamada (odio al puto dentista por cierto…), o de que un loco me suelte una hostia en mitad de la calle, me rompa las gafas y me deje el ojo izquierdo (siempre el maldito ojo izquierdo, un día lo perderé…) echo trizas y sintiendo que un cristal de mis gafas se ha quedado dentro del globo ocular…
  5. Cuando operaron a mi madre, mi hermano y yo tuvimos que ir al centro de donación de sangre por si acaso nuestra madre lo necesitaba. Esto ocurre porque tanto ella, como nosotros dos, poseemos un tipaje de sangre absolutamente único en esta parte del mundo. La hematóloga me dijo, lo prometo, que este tipaje es tan raro que solamente hay una docena de personas que podrían donarnos sangre a nosotros sin crear anticuerpos y quizá morir. Sus palabras exactas fueron: “tienes un tipaje que ni el rey, guapo”. Lo de guapo también lo dijo. Así que ya saben todos los que odian mis entrañas a muerte, bastaría con provocarme una buena hemorragia para joderme bien la vida…siempre que mi hermano no ande cerca para donarme parte de su sangre. Claro que para eso tendría que dejar yo que me hiciesen daño físico, y eso no es posible que suceda.
  6. Porque tengo mucha mala hostia, y aunque parezco normalito y tímido (y soy tímido), se me da bien la violencia. Y la odio. Pero no puedo remediarlo. Será el acervo genético, qué sé yo. Me da miedo mi propia violencia, no la pude controlar en algunas ocasiones, y me sentí horrible por ello aunque yo estuviera moralmente autorizado para emplearla. Pero os diré algo, hay un imbécil por aquí por el barrio, una especie de indigente, que pasea con una perra, una pastor alemán, que cada vez que me ve, la perra claro, se me lanza con ganas de matarme (ma-tar-me…porque ese bicho está loco). Y en esas ocasiones me dan ganas de llamar a la policía y denunciarle, o bien ir a por ellos, porque he descubierto que por muy grandes y feroces que sean yo puedo ser mucho más feroz. Sólo basta una cosa, llevarme hasta el límite.
  7. Pero llevarme hasta el límite no es tan fácil, en realidad es tremendamente difícil. La resistencia y el aguante son clave en mi vida. Es casi como un juego. Aguanta, porque debes, resiste, a ver hasta dónde. Y como una bestia dormida Massanet, el loco de mierda, aguanta y resiste. Pero las pocas veces que algunos han visto mis ojos cuando bordeo ese límite, o bien han probado algunos momentos de esa ferocidad, se han sorprendido. Y luego yo me he sentido tan terriblemente mal, tan despreciable, que me he hundido durante meses en la más terrible de las depresiones…
  8. Con lo majo que soy…Si el lector me viera a veces…soy un tipo muy afable y hasta sorprendo también en mi dedicación. Para mí un amigo es lo más grande que hay, y no soporto las injusticias, y detesto a los que van por ahí abusando de los demás. Soy leal hasta la médula. A mi manera, claro. Pero lo soy. Y no soy rencoroso salvo si me hacen verdadero daño, jodiéndome con saña y con gusto. No, eso no. Eso jamás. Mi escasa dignidad y autoestima harán acto de aparición. Pero mi estado habitual es el de un tipo tranquilo, una especie de animal absurdo al que le gusta la tranquilidad y que no le toquen los huevos. Siempre me esfuerzo porque mis amigos o seres queridos estén lo más a gusto posible en mi casa, y me siento mal si detecto algo que no les agrada. No, mal no. Me siento un fracasado.
  9. Hace seis años tiré mi vida a la basura, y ni las ratas se la comieron. Lo dejé todo por alguien que no merecía la pena en absoluto y lo perdí absolutamente todo. Especialmente, mi dignidad. Tardé mucho tiempo en volver a vivir y en saber quién era yo. No sé cómo salí de eso. Pero salí. De todo se sale. Una buena amistad tuvo mucho que ver en el proceso.
  10. Soy sinestésico ¿sabéis lo que es? Algunos seguro que sí. Consiste en mezclar sentidos. No es por elección, ¿eh? Es así desde siempre. Yo creía que todo el mundo veía colores cuando le hablaban o cuando le decían números. Yo pensaba que cuando la gente escuchaba música le sobrevenían otros mundos y sensaciones, pero no es así. Yo escucho ciertas canciones o temas y me transporto, veo figuras y siento cosas increíbles. Como un túnel que nace de un tercer ojo y me proporciona sensaciones indescriptibles. No, no son drogas… Las drogas de hecho no me afectan. Todo eso que dice la gente que siente con una raya de coca o una pastilla ya lo siento yo escuchando buena música…
  11. Tengo un 154 de Cociente de Inteligencia. Hace poco me enteré de que eso significa que soy un genio intelectual. Ja. ¿Genio yo? ¿Qué me estás contando?. Genio en sentirme mal, en sentirme despreciado, en complicarme la vida. Genio en ponerme en el lugar de los demás, hasta de los animales, y olvidarme que yo mismo tengo tengo sentimientos también. Hasta que me habla una parte de mí, muy pequeña y desamparada, que me dice: “Adrián, capullo, tú también existes”. Y yo le digo: “vale, es verdad, soy un capullo”. Y también existo.
  12. Me he enamorado dos veces. Enamorarse a lo bestia, claro. De C, y de J. Y enamorarse es un rollo porque entonces te pasas el día y la noche pensando en esas personas, y te sientes fuerte y vulnerable al mismo tiempo, y sensual y fracasado al mismo tiempo, y perdido y encontrado al mismo tiempo. Y todo es un lío tan grande que al final lo único que haces es buscar un bar a las tres de la mañana a ver si tienen un buen caldo gallego que te caliente el cuerpo.
  13. Trece… Mi madre nació en un pequeñísimo, realmente diminuto, pueblo de Asturias, en el que se escucha a los corzos gemir y pelear en la noche, y mi padre en un pueblo no mucho más grande de Extremadura, aunque se crió en Mallorca porque sus abuelos eran de allí. Así que podría decirse que tengo un octavo de sangre extremeña, cuatro octavos de sangre asturiana, y tres octavos de sangre mallorquina. De esta mezcla sólo puede salir un loco, pero salí yo, que tampoco estoy mal.
  14. Cuando era un chaval, me estrangularon por la espalda. Claro, porque me dediqué en cuerpo y alma a tocar los huevos a un imbécil que iba de chulito en el cole, y que me sacaba tres años. Me dejó inconsciente en el suelo, y me desperté ahogándome. Luego le ví arrepentido por lo que había hecho. Que se muera. Un tipo, un día, cuando era crío, me cogió y me sacó la polla y me obligó a quedarme muy quieto…no me acuerdo de más. Siento pena por él. Un día vi a un subnormal maltratando a un cachorro de perro, y no hice nada. Siento pena por mí.
  15. No me siento una buena persona. Tampoco mala. Eso sí, tengo una buena colección de cómics. No os dejo ninguno. Son míos.

Bah. todo esto no ayuda, no me ayuda a saber quién soy yo. No voy a rasparme a ver si prendo. Otro día lo intento con más ahínco.